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VUELOS SECRETOS DE LA CIA Y GUANTÁNAMO... Imprimir E-Mail
Enviado por APDHA - Propuesta para la Defensa de los Derechos Humanos   
lunes, 26 de febrero de 2007
{titleflag:us}En la lucha contra el terrorismo no se puede aceptar la vulneración de los derechos humanos.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía exige una investigación y la actuación de la justicia en los vuelos secretos de la CIA sobre España o en la actuación de agentes españoles en Guantánamo.

La aprobación del informe Fava por el Parlamento Europeo ha ratificado lo que era un secreto a voces: la vulneración del Derecho Internacional de forma masiva por parte de EE.UU. con la colaboración y complicidad de los gobiernos Europeos a partir del 11 de septiembre de 2001.

En lo que respecta a España ha quedado clara la escala de vuelos secretos de la CIA en aeropuertos españoles que llevaban a personas detenidas ilegalmente, y cuyo destino eran terceros países donde esas personas fueron sometidas a torturas de todo tipo.

Se ha sabido además el uso para dichos vuelos de las bases militares de Rota y Morón. Poco a poco se va conociendo la implicación de Estados como el español en estas gravísimas vulneraciones del derecho internacional, particularmente de la Convención de Ginebra relativa al trato debido a los prisioneros de guerra (Convenio III).

El conocimiento que se ha tenido en estos días de que el gobierno de Aznar envió a agentes españoles a interrogar ilegalmente en la ilegal base de Guantánamo a prisioneros de otros países, va despejando poco a poco la implicación española en la estrategia de la “guerra contra el terrorismo” que impulsa EE.UU.

Desde el punto de vista de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, estas actuaciones no sólo suponen un grave atentado contra los derechos humanos y el derecho internacional, lo que implica las responsabilidades políticas correspondientes de aquellos que lo autorizaron e impulsaron dentro del Estado. También creemos que deben ser objeto de responsabilidad penal, en la línea de lo señalado por la sentencia del Tribunal Supremo de 22-6-06 que declaraba ilegal el campo de Guantánamo y todas las actuaciones que se derivaran del mismo.

Esta sentencia se realizó en el caso del llamado “talibán español” Ahmed Abderrahamn Ahmed, ciudadano ceutí, al que nuestra Asociación dio su respaldo. Precisamente el Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por Ana Palacio en aquél momento, en una cínica respuesta al Defensor del pueblo ante la queja presentada por la APDHA sobre la situación de los detenidos en Guantánamo y en especial del ciudadano español internado en aquel infierno, afirmaba que “ la presencia constante en dicha base de delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja, garantiza una adecuada salvaguarda de los derechos básicos de los detenidos, que ha podido ser constatada por personal de la Embajada en las tres visitas que ha podido realizar a la base".

Todos estos hechos, ampliamente conocidos y difundidos por la prensa nos llevan a la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía

- a exigir la constitución de una comisión parlamentaria que investigue todas las responsabilidades que pudiera haber lugar y la posible continuación de estas prácticas abominables.

- a pedir la actuación penal de la justicia sobre estas actuaciones, manifestando nuestro apoyo a algunas de las instrucciones abiertas, alguna de ellas a instancias de la Asociación Libre de Abogados.

- a desarrollar todo tipo de iniciativas a todos los niveles para aclarar todos estos hechos y para exigir el cierre inmediato de la base de Guantánamo.

20 de febrero 2007.

De Guantánamo no solo viene la guajira.

Joan J. Queralt. El País 19-2-07

Los secretos que saben más de dos personas son malos de guardar. Si el secreto es multilateral guardarlo es intentar coger agua con un capazo. Pero, si es un secreto a voces, su evidencia nos atonta y no reparamos en él. Y eso es bueno para el secreto mientras dura el atontamiento.

La connivencia con los diversos poderes e infrapoderes públicos norteamericanos de sus homólogos en los Estados atlantistas y muy especialmente en los de los promotores de la ilegal guerra de Irak era una sospecha razonable que, con el paso del tiempo, ha adquirido rango de certeza. No sólo por la aprobación del Informe Fava por parte del Parlamento Europeo en cuanto a los vuelos de la CIA, sino por las propias realidades nacionales. Tal es el caso de España.

En efecto, según la punta del iceberg que va aflorando desde 2002 hasta, según parece, después del 11-M, policías españoles visitaron a internos en Guantánamo. El objetivo era, al parecer, obtener información sobre el terrorismo islamista con destino final o intermedio desconocido, hecho que es en sí mismo irrelevante, dado que no cambia las cosas.

La pregunta que fácilmente surge es si es legítimo que funcionarios españoles (de policía, de exteriores o de agricultura, de la administración central, autonómica o local) puedan poner los pies en un lugar como Guantánamo, entrevistarse con algunos de los allí confinados y utilizar la información obtenida. La respuesta es obvia: no. Eso ya lo ha dicho con claridad la sentencia del Tribunal Supremo de 22-6-2006 (caso del talibán español), que fue absuelto de pertenencia a banda terrorista por la invalidez absoluta y radical de lo que se pretendía hacer pasar por pruebas de cargo, en esencia, las transcripciones de las "entrevistas" (sic) llevadas a cabo en aquel rincón cubano sin la menor garantía ante una persona ilegítimamente detenida.

Siguiendo el hilo de la doctrina de nuestro Alto Tribunal no cabe duda de que la detención en Guantánamo es una detención ilegal, diga lo que diga el Derecho norteamericano, que, como suele, tras dar un periodo de gracia, actúa censurando las desmesuras del poder. Sucede, además, que no es una detención cualquiera, sino la de contendientes -militares regulares o no- o civiles, ambos protegidos especialmente por convenios internacionales y en cada vez más Estados, como ocurre en España, por las leyes penales nacionales. La figura del combatiente extranjero u hostil no existe en Derecho Internacional y no es más que una finta retórica para eludir la debida protección de las personas privadas de libertad sin cobertura legal alguna. O dicho de otro modo: las definiciones que haga el fuerte de los débiles para nada vinculan a la comunidad jurídica; otra cosa es que la comunidad jurídica esté en condiciones de poder hacer valer sus normas ante el fuerte y despiadado.

De este modo, el que agentes españoles hayan viajado a Guantánamo a "entrevistarse" (otra finta retórica que enmascara la realidad) puede convertir a esos agentes y a quienes les han enviado y a quienes hayan conocido inmediatamente a posteriori tal viaje en cómplices de la injusticia caribeña.

No se trata, sin embargo, de un reproche moral. Se trata de algo más: se trata de delitos penales. Por un lado, si la información de tales detenidos ilegales ha sido utilizada en procesos en su contra abiertos en España -o que se vayan a abrir-, estamos ante delitos contra los derechos que protegen la detención de las personas y otros derechos cívicos. Si los datos de esas entrevistas sirven para constituir pruebas de cargo contra terceros, se rozaría, por su falsedad, el falso testimonio y, casi con total seguridad, la falsedad documental, pues el funcionario extendería un documento que no tiene atribución para hacer y pretendería hacer pasar por legítimo lo que no lo es.

Con ser eso importante, aún lo es más algo ya apuntado anteriormente. Los ciudadanos internos en Guantánamo no han perdido ninguno de los derechos que ostentan conforme a su nacionalidad y a los que les atribuye la comunidad internacional. Lo que digan las autoridades civiles o militares norteamericanas carece de valor si contraviene el Derecho Internacional, tal como ha reconocido recientemente el propio Tribunal Supremo de Washington. Sólo los bandidos carecen de protección del Derecho de Guerra, aunque no del humanitario ni, por supuesto, del Derecho de Gentes. Nadie ha demostrado que esos llamados combatientes enemigos sean sujetos ajenos a la protección del Derecho Internacional, por lo que, en consecuencia, son sujetos protegidos como militares, regulares o irregulares, o como civiles.

Ejercer cualquier acto de violencia, desde el genocidio a la deportación pasando por la tortura o la privación de derechos a los integrantes de esos colectivos, más allá de los que imponga una situación bélica, está penado en cualquier caso cuando España sea parte en el conflicto armado.

Recuérdese que España fue parte beligerante en Irak hasta junio de 2004, por lo que, al margen de la ilegalidad de la guerra, el tiempo bélico es el marco que diseña la ley para ampliar el castigo de esas actuaciones ahora descritas como entrevistas e informes.

La jurisdicción española no ofrece la menor duda al figurar en los convenios internacionales la obligación de perseguir y sancionar las infracciones cometidas por nacionales y/o aliados que puedan ser hallados para ser sometidos a juicio.

Por si fuera poco, como no es admisible -por imponerlo expresamente la ley- la obediencia debida de estos hechos, responderían quienes fueron, quienes los enviaron y quienes supieron de estas andanzas, callaron y aprovecharon los frutos de tales andanzas ultramarinas.

Tanto los vuelos de la CIA como los interrogatorios de Guantánamo (¿sólo ahí?) van a seguir dado mucho juego y unos frentes de verborrea y semántica dignos de mejor causa, que van a emplearse como la tinta del calamar. Sin remontarnos a los suevos o a los layetanos, un recordatorio de nuestra propia y nada lejana experiencia: la justicia es lenta pero inexorable. ¡O sea que barbas a remojar!

Joan J. Queralt es catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona.

 
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Enviado por Clara Petrakos

Mi hermana nació entre el 8 y el 13 de abril de 1977 en Banfield, provincia de Buenos Aires.

Fue arrebatada de los brazos de nuestra madre.

Puede tener cualquier nombre, apellido y fecha de nacimiento.

Todos los organismos que corresponde: nacionales, internacionales y la justicia conocen esta búsqueda que ya lleva 31 años. Mi hermana no, por favor reenvía este pedido por mail a todos tus contactos.

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Soy Laura, hija de Nora Susana La Spina y Jorge Nestor Cena. Nuestros padres fueron secuestrados por la dictadura militar entre el 15 y 20 de Noviembre de 1976 en La Plata, en calle 34 entre 13 y 14. Mamá estaba embarazada de vos y esa misma noche naciste en una comisaría. Tres días pasaste con ella, mamá te puso el nombre de Mariana, que es tu verdadero nombre. Luego te llevaron y nunca más supimos nada de tu paradero. Nuestros padres están desaparecidos. Yo te busco desde hace años, sos mi única hermana y mi deseo es que estemos juntas. Quiero que sepas que tenés una familia que te espera y te ama, y a pesar de que nunca te vimos sabemos que estás viva. Ojalá que si alguien sabe algo de vos nos ayude a encontrarte.

 

 

 

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