{titleflag:us}MURIÓ EL AGENTE DE LA CÍA HOWARD HUNT, CONSEJERO DE CHICOTAZO NARDONE Y PLOMERO
DE NIXON
ORGANIZÓ GOLPES DE ESTADO, BAHÍA DE COCHINOS Y WATERGATE.
EN
MONTEVIDEO CONSPIRÓ CON MÁS ÉXITO
Marcelo Gallardo (El País)
Howard Hunt murió el 23 de enero a los 88 años en el hospital de Miami, su última ciudad. Hunt fue jefe de los "plomeros" detenidos en la sede del Partido Demócrata, en el hotel Watergate, en la madrugada del 17 de junio de 1972. Los espías marcharon presos, y dos años después, abrumado por el escándalo, el presidente Nixon renunció.
Hunt ingresó al espionaje tras la Segunda Guerra Mundial y su vida fue de la mano con los casos más resonantes llevados adelante por los sucesivos gobiernos estadounidenses. Participó en el golpe contra Jacobo Arbenz en Guatemala, y de la preparación de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961.
Es muy poco conocida su relación con Uruguay, país que conoció en 1956 cuando fue designado jefe de la CIA en Montevideo, bajo la cobertura del cargo de primer secretario de la embajada. Paradójicamente su casa en Carrasco se encontraba a dos cuadras de la residencia del guatemalteco Arbenz, quien se encontraba exiliado gracias al golpe organizado por su vecino.
Hunt procedió a acentuar el trabajo de los espías de la CIA en Montevideo. "Entretanto, el personal de mi delegación había incorporado dos expertos en asuntos soviéticos, ambos conocedores de ruso y también incorporé a la organización a un experto en el Partido Comunista, que había trabajado a mis ordenes en México. Formamos equipos móviles de vigilancia, controlados por radio, logramos tener a gente infiltrada en el Partido Comunista Uruguayo, y nos familiarizamos con las caras y actividades de la amplia representación que la KGB tenía en la embajada soviética", escribió 20 años después mientras elaboraba en el calabozo su libro de memorias American Spy: My Secret History in the CIA.
Apenas al llegar a Montevideo 50 años atrás, Hunt organizó un operativo que permitió descubrir a un funcionario diplomático uruguayo de apellido Ramírez que reportaba a la KGB. "El FBI había descubierto la existencia de contactos clandestinos entre un miembro de la delegación uruguaya en las Naciones Unidas, llamado Ramírez, y un funcionario de la KGB con la cobertura de miembro de la delegación soviética en la ONU. Cuando Ramírez regresó al Uruguay, su expediente fue enviado a la delegación de la CIA en Montevideo. La delegación vigiló a Ramírez y descubrió que estaba en contacto con una agente de la KGB. Posteriormente, el servicio de vigilancia descubrió que, después del primer encuentro, los dos hombres mantenían un contacto a través de un escondite en el que dejaban mensajes: un orificio en un viejo muro. Para indicar que en el escondite había un mensaje, el hombre que dejaba un mensaje ponía boca arriba una vieja lata vacía", contó Hunt.
OLIGARCAS Y CONTRABANDISTAS
Hunt no demoraría mucho en enterarse que el tal Ramírez era un protegido del presidente Luis Batlle. "La única virtud de Ramírez tenía que le calificara para desempeñar su cargo era su lealtad al Partido Colorado", se lamentó
"Con la idea de apresar a Ramírez en el momento que depositaba un mensaje en el escondrijo, la CIA y la Policía uruguaya montaron un servicio de vigilancia de la zona. En aquella ocasión, el funcionario soviético dejó un mensaje, y la CIA y la policía le dejaron partir en paz. Pero en el instante en que Ramírez apareció en escena y se acercó rápidamente al escondrijo, el jefe de Policía puso en marcha el coche, con las sirenas en pleno funcionamiento, avanzó hacia el escondrijo, y con un chirrido de frenos detuvo el automóvil a pocos metros de Ramírez. Comprensiblemente asustado -y avisado- Ramírez puso pies en polvorosa y desapareció. El jefe de Policía pidió mil excusas y reconoció haber cometido una torpeza que motivó el fracaso del servicio. También tuvo la audacia de lamentar que, no teniendo pruebas adecuadas, no pudiera conseguir que Ramírez fuera expulsado deCancillería. El expediente fue archivado", recordó.
Sin embargo, su historia personal con el tal Ramírez continuaría poco después como consecuencia de reclutar a un entonces joven contrabandista uruguayo que pasaba oro entre Uruguay, Argentina, Paraguay y Brasil. El contrabandista le explicó a la CIA que gracias a sus contactos en el Ministerio de Relaciones Exteriores le era muy fácil conseguir pasaportes uruguayos en blanco. Un amigo suyo había instalado un expendio de pasaportes en el propio ministerio. El vendedor resultó ser Ramírez.
Hunt le tendió otra trampa: "Pocos días después uno de los principales periódicos de Montevideo recibía un paquete conteniendo los pasaportes hurtados y la cinta magnetofónica con la conversación de Ramírez con nuestro agente. Cuando la historia se supo, Ramírez presentó renuncia al cargo, fue detenido bajo una acusación meramente formalista, y fue puesto en libertad poco después".
El cambio de gobierno, en 1959, le deparó a Hunt nuevos amigos en el gobierno. De la mano de su amigo Amílcar Redondo (Hunt modificó el nombre en sus memorias), el jefe de los espías llegó al poder nacionalista. Pronto Hunt, gracias a "Redondo", trabó amistad con el nuevo hombre fuerte, Benito Nardone. Ambos se reunían hasta tres veces por semana, e inclusive motivó que Nardone descartara a una conocida figura colorada para ocupar el cargo de ministro del Interior. "Poco después de tomar posesión, Nardone me dijo que tenía la intención de volver a nombrar ministro del Interior al político colorado que había ostentado este cargo en el anterior gobierno. Por el momento, nada dije, pero al día siguiente le entregué a Nardone fotografías, tomadas por nuestros agentes, del anterior ministro del Interior, en una reunión con un agente de la KGB. Dicho ministro era un empedernido jugador. Nardone y yo coincidimos en que este punto débil era lo que había permitido que los soviéticos le abordaran. Sin embargo, nadie sabía que estaba relacionado con los rusos. Nardone lo eliminó de la lista de candidatos al cargo y nombró ministro del interior al yerno de Amílcar Redondo", aseguró Hunt.
Poco después la agencia lo volvió a llamar en la casa central en Maryland. Sus servicios se necesitaban para otro proyecto especial que los servicios secretos estadounidenses preparaban. Se trataba de la invasión de Bahía de Cochinos, que tuvo a Hunt como uno de sus responsables.
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