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{titleflag:sol} Imaginen que viven en una de las zonas más pobres y remotas de la tierra, en un amplio valle que permanece verde de pastos y cereales sólo durante los tres meses que dura la estación de lluvias. El resto del año es un paraje seco y árido, en el que la vida a más de 40 grados centígrados resulta difícil. Imaginen que unas 10.000 personas habitan este lugar, ganándose la vida con lo mínimo, con lo que cultivan y venden en el mercado, con el ganado y la pequeña artesanía.
{josquote}Las ovejas, las cabras, las vacas y los dromedarios son prácticamente
la única fuente de ingresos de las comunidades vecinas, pero también
para los refugiados en esta tierra hostil. Autor foto : Pablo Tosco/Oxfam{/josquote}
Imaginen que, de buenas a primeras, estalla un conflicto a unas pocas decenas de kilómetros, en el país vecino, y que de repente la población del pueblo aumenta en un 150 por ciento, con 15.000 refugiados de otro país que se ven obligados a instalarse junto a usted, para compartir con usted, que es tan pobre como ellos, los escasos recursos de este valle.
Esto es lo que ha pasado en Goz Beida y en otras muchas localidades del este de Chad, situadas a lo largo de los 600 kilómetros de frontera que tiene este país con la región sudanesa de Darfur. A cierta distancia de seguridad, de norte a sur de esa línea, se han instalado doce campos de refugiados en los que habitan más de 200.000 personas que lo han perdido todo. La mayoría lleva aquí dos años largos, aunque hay varios miles de recién llegados porque la violencia en Darfur se recrudece, y eso está teniendo graves consecuencias a este lado de la frontera. Porque compartir la escasez genera tensiones.
"He encontrado un campo aquí cerca, cedido por el pueblo de al lado, y allí puedo cultivar durante la estación de lluvias gombo y mijo", dice Mujtar Sidin. Este refugiado sudanés, que lleva aquí dos años, tiene dos esposas y once hijos en total, de los que todos menos dos -que se quedaron en Darfur- están en el campo de refugiados. Si no fuera porque la población de Goz Beida también ha sido generosa, Mujtar tendría problemas para alimentarlos a todos porque la ayuda internacional sólo cubre lo más básico. A pesar de la pobreza en la que viven, la población chadiana fue la primera en ayudar a los refugiados cuando llegaron. Pero el conflicto se alarga, la crisis se enquista y los problemas crecen.
A unos 200 kilómetros al norte de Goz Beida, en lugares como el campo de Gaga, con 14.000 refugiados, el desierto avanza con rapidez. Las ovejas, las cabras, las vacas y los dromedarios son prácticamente la única fuente de ingresos de las comunidades vecinas, pero también para los refugiados en esta tierra hostil.
{josquote}"Desde la llegada de los refugiados, tenemos problemas con la salud de
nuestros animales y problemas para alimentarlos", dice Usman Adam,
subjefe del pueblo de Yertacula, cerca del campo de refugiados. Autor foto:
Pablo Tosco/Oxfam{/josquote}
"Desde la llegada de los refugiados, tenemos problemas con la salud de nuestros animales y problemas para alimentarlos", dice Usman Adam, subjefe del pueblo de Yertacula, de 1.500 habitantes, situado a apenas ocho kilómetros del campo de refugiados. "Con sus animales han traído enfermedades que hacen vomitar a los corderos y los matan fulminantemente. Han llegado a morir hasta diez animales en un solo día", se queja. "También llegan a nuestras tierras y se llevan el pasto para alimentar a sus animales en el campo de refugiados. Si nos quitan el pasto, nos tenemos que ir lejos a buscar alimento para nuestros animales y entonces tenemos conflicto con los agricultores. Son los refugiados los que tendrían que desplazarse", dice Usman Adam. Es un simil extraño en estas tierras, pero así va creciendo el conflicto como una bola de nieve.
Por tercera temporada consecutiva, Intermón Oxfam (Oxfam Internacional en España) ha puesto en marcha un programa de vacunación de los animales de las comunidades chadianas que acogen refugiados. En Goz Beida entre abril y mayo se vacunaron 216.000 cabezas de ganado. En la zona de Gaga y Hadjer Hadid, una de las áreas más afectadas por la llegada de refugiados, se han vacunado entre septiembre y octubre de este año unas 240.000 más. De esta forma se intenta paliar en parte el impacto sufrido por estas comunidades, aunque la verdadera salida a esta situación no está en las vacunas.
"El fin de la guerra en Darfur será la solución a nuestros problemas", dice el subjefe. El conflicto está afectando a la supervivencia de decenas de miles de personas en el lado chadiano de la frontera. Por eso, cuando se habla de soluciones, estas comunidades también piden que se acuerden de ellos.
Texto: Carmen Rodríguez, Intermón Oxfam (Oxfam Internacional en España)
Information dated: November 2007
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