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PARÍS.- El
abate Pierre, el sacerdote católico que abandonó la riqueza para
dedicarse al cuidado de los 'sin techo' y se convirtió en una de las
personas más reverenciadas en Francia, murió a los 94 años.
La muerte del religioso fue anunciada por el presidente de Francia,
Jacques Chirac, quien declaró que su país había perdido a "una inmensa
figura, una conciencia, un hombre que personificaba la bondad".
El abate Pierre, cuyo nombre real era Henri-Antoine Groues, fundó los Compañeros de Emmaus, comunidades que ayudan a la inserción de los más desfavorecidos en más de 40 países.
Murió de una afección pulmonar el 22 de enero en un hospital militar
de París al que fue trasladado a comienzos de mes aquejado de una
bronquitis.
Nació en 1912 en Lyon, hijo de un mercader de seda, y empezó a
trabajar por las personas sin hogar en 1949 después de haber colaborado
con la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Fundó la primera comunidad Emmaus en 1949 en los basureros de las
afueras de París. Cinco años después lanzó el famoso llamamiento del
crudo y frío invierno de 1954 en las ondas de Radio Luxemburgo en favor de las personas sin domicilio, en plena posguerra.
"¡Amigos, socorro!", comenzaba en aquel mítico
mensaje, que hoy repiten las radios y televisiones al alterar su
programación para dedicar emisiones especiales a quien muchos no dudan
en calificar de icono y de situarle al mismo nivel que Teresa de
Calcuta.
Un icono nacional
El detonante fue la muerte por frío de una mujer en París expulsada dos días antes de su domicilio y el resultado fue una ola de solidaridad ciudadana y un "plan de urgencia" del gobierno para construir 12.000 alojamientos de primera necesidad.
Cuarenta años después, en la misma radio, un abad Pierre disminuido
por el reumatismo y la vejez, pero con la misma capacidad para
"indignarse", algo que según él nunca había que perder, volvió a pedir
a los franceses que se "despertasen" para luchar contra la nueva
miseria: la de las personas con trabajos precarios.
Su lema "dar de comer antes de evangelizar" le convirtió en la persona más respetada por los franceses y la más popular tras la muerte del oceanógrafo Jacques Cousteau.
Su actividad desinteresada por los pobres le convirtió en un mito,
en el personaje favorito de los franceses durante años. Su sempiterna
indumentaria negra, boina incluida, contribuyó a su transformación en
icono nacional.
EL MUNDO, España, 22 de enero de 2007
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