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{titleflag:mx}Boletín de prensa SC/01
Ciudad de México, D.F. a 18 de enero de 2007
El Centro de Derechos Humanos de la
Montaña "Tlachinollan",
el Frente Cívico
Sinaloense, la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste y el Centro de
Derechos Humanos "Miguel Agustín Pro Juárez", expresamos nuestra profunda preocupación porque la creciente incorporación de militares en tareas
de seguridad interior se da en detrimento del fortalecimiento de la policía
civil. Además, esta respuesta del gobierno federal ante la legítima demanda de
seguridad de los ciudadanos mexicanos ha demostrado su ineficacia en años
recientes.
- Desde la creación de la PFP los gobiernos federales de Zedillo, Fox y Calderón
han insistido en militarizar la seguridad pública. A pesar de ello la situación
no ha mejorado.
- Diversos organismos
internacionales han emitido recomendaciones al gobierno mexicano para
desvincular a los cuerpos militares de los cuerpos de seguridad pública.
- Exigimos al Estado
mexicano una política de seguridad interior basada en el bienestar social de
las mayorías, la profesionalización de los cuerpos de seguridad y el respeto
irrestricto al los derechos humanos y al debido proceso.
Es evidente que el problema de la inseguridad y
violencia generada por los grupos del narcotráfico y la delincuencia organizada
se ha agudizado en los últimos años afectando de manera importante, no sólo a
la sociedad, sino también a la estructura misma de las instituciones del
Estado.
Frente a este problema, desde hace
dos décadas el gobierno mexicano ha señalado al narcotráfico como un problema
de "seguridad nacional", en virtud de lo cual ha construido el entramado
jurídico necesario para combatirlo a través
de legalizar -ya sea de manera directa o discrecional- la presencia de las
fuerzas armadas en actividades de seguridad pública, normalmente destinadas a
las policías civiles del ámbito federal.
Así, tenemos que desde el año de
1999 en que se crean la Policía Federal Preventiva y la
Secretaria de Seguridad Pública, contaron con un alto componente humano
proveniente de las fuerzas armadas, tanto en sus mandos operativos como en los
ámbitos directivos. También se ha intensificado su presencia física en el
territorio nacional, en forma de retenes que afectan a las poblaciones locales
de aquellas ciudades donde se aplican, al impedir el libre tránsito de manera
inconstitucional.
La experiencia nos manifiesta que
existe un riesgo real en el hecho de que las fuerzas armadas se involucren en
actividades de seguridad pública. No son pocos los casos de violaciones graves
de derechos humanos cometidas por elementos militares en contra de poblaciones
vulnerables durante operativos como el implementado actualmente, pues el fuero
militar evita que los miembros de las fuerzas armadas puedan ser presentados
ante la justicia civil, lo cual propicia la impunidad y la falta de rendición
de cuentas.
Por todo lo anteriormente señalado, las
organizaciones firmantes insistimos en que el involucramiento de elementos
militares en tareas de seguridad interior, en un país con una incipiente
democracia electiva y con un incremento acelerado de la pobreza en la
población, representa un riesgo importante para la construcción de un modelo de
seguridad pública que garantice de manera eficaz, y respetando los derechos
humanos, la seguridad de la población. Al respecto queremos insistir que,
en distintas recomendaciones emitidas por
organismos de protección a los derechos humanos -entre ellas el Grupo de
Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU-, se ha solicitado al gobierno
mexicano "la separación de los militares de las tareas policíacas".[1]
Por otra parte, es importante
recordar que en el mes de junio del año 2005, el gobierno federal implementó en
la frontera norte, Michoacán y Guerrero el programa especial "México Seguro".
Se trató de un operativo policíaco-militar (similar al implementado
actualmente) que tenía como objetivo "combatir el narcotráfico, el contrabando,
el tráfico de indocumentados, el robo de vehículos, la portación y trasiego de
armas y hacer frente a los 'brotes de violencia', resultado de disputas entre
las bandas de la delincuencia organizada"[2].
En el marco de dichas acciones, las fuerzas militares y policíacas se
desplegaron en calles, avenidas, plazas y colonias con el fin de "disuadir y
evitar la comisión de ilícitos", así como de realizar acciones preventivas y de
revisión.
No obstante lo anterior, el informe
de la Comisión de Seguridad Pública de la
Cámara
de Diputados, reportó que durante el sexenio que acaba de concluir se
cometieron 9 mil ejecuciones relacionadas con el narcotráfico[3].
Estos datos nos llevan a cuestionar la efectividad de este tipo de operativos,
pues la inseguridad provocada por la delincuencia organizada y la delincuencia
común sigue siendo un problema que afecta a la población de manera cotidiana.
Por lo anterior, consideramos que
los operativos policíacos que se están implementado en diversas ciudades del
país, vuelven a colocar sobre la mesa la urgente necesidad de plantear una
reforma al sistema de seguridad pública, que planteé con claridad las
competencias de cada uno de los órganos de seguridad existentes en el marco
jurídico de nuestro país, mantenga su carácter civil y rebase el falso dilema
entre respeto a los derechos humanos y la efectividad en la prevención y
combate a la inseguridad pública.
Lo anterior, en virtud de que, de
acuerdo con el objeto de la defensa del territorio nacional, la misión de las
fuerzas armadas requiere de un esquema opuesto a las prácticas democráticas
como son la participación, la discusión y la mediación. Su función implica un
fuerte uso de la fuerza, difícil de controlar. En contraste, las instituciones
encargadas de la seguridad pública, son responsables de prevenir y perseguir el
delito, por lo que requieren de una actuación altamente efectiva, pero
respetuosa de los derechos humanos de la población.
[1] Informe
del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU, durante su visita a México en
2002, párr. 72 e.
[2] Conferencia
de prensa del vocero presidencial, Rubén Aguilar, http://www.presidencia.gob.mx, 13 de junio del 2005.
[3] Según nota del Periódico La Jornada del 10 de enero de 2007,
página 8.
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