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La República, Uruguay - 24-10-2006
Denuncia
contra Bordaberry, el Goyo Alvarez, los mandos militares y todos los oficiales
del SID y el OCOA
Seis uruguayos fueron
secuestrados en Argentina, torturados y trasladados a Uruguay en el "vuelo cero"
de 1974. Cinco fueron ejecutados como "represalia" por el homicidio del coronel
Ramón Trabal, cuya propia muerte puede volver a ser investigada. Uno sobrevivió
y 30 años después reveló lo ocurrido en LA REPUBLICA. El niño recuperado en
1985, Amaral García, es hijo de uno de los asesinados. Un capitán de fragata, al
que los mandos de la Armada le pidieron perdón, es hermano de otra de las
víctimas.
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Un grupo de abogados vinculados a las causas sobre violaciones a los derechos
humanos durante la dictadura patrocinará esta semana ante la Justicia Penal de
Pando el caso de los "fusilados de Soca" en 1974, quienes habían sido
trasladados ilegalmente desde Argentina en el "vuelo cero".
La denuncia
penal será presentada por familiares de los matrimonios Floreal García y Mirtha
Hernández, Héctor Brum y María de los Angeles Corbo, y de Graciela Estefanel,
los cinco uruguayos ejecutados por el aparato represivo dictatorial como
"represalia" por la muerte del coronel Ramón Trabal en París.
Entre los
testigos se encuentran Amaral García, hijo de Floreal y Mirtha, quien permaneció
diez años como niño desaparecido; Julio Abreu, único sobreviviente de aquel
secuestro y traslado a Uruguay; y el capitán de fragata Héctor Corbo, ante quien
el régimen se excusó por la muerte de su hermana.
El caso de los
"fusilados de Soca" denuncia a los ex dictadores Juan María Bordaberry y
Gregorio Alvarez, a los mandos civiles, militares y policiales de la época y a
los oficiales que actuaban en el Servicio de información y Defensa (SID) o el
Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA).
Entre las
pruebas solicitadas se incluye el testimonio de LA REPUBLICA en el que se
publicó una investigación periodista con el primer testimonio de Abreu, luego de
30 años de silencio, y datos de informantes propios que confirmaron los lugares
en los que el grupo estuvo detenido en Argentina.
El comunicado de
1974
El 21 de diciembre de 1974 un comunicado oficial de la Jefatura
de Policía de Canelones daba cuenta de la aparición de cinco cadáveres en las
cercanías de la localidad de Soca. La información ocupó las primeras planas de
los diarios La Mañana, El Día y el País.
Dos días antes había sido
asesinado en París el ex director de Inteligencia, coronel Ramón Trabal, cuyos
restos contaba la prensa serían repatriados a Uruguay en esos días. El
homicidio del militar se adjudicaba a una brigada internacional presuntamente
vinculada al MLN-Tupamaros.
"Las primeras observaciones demostraron a
simple vista que los cadáveres presentaban varias heridas de armas de fuego (de
calibre 45 y 9 mm) que les habrían provocado la muerte.
Todos los
cuerpos estaban vestidos con ropas y calzado de procedencia argentina y, entre
ellas, se encontraron cigarrillos y fósforos del mismo origen y también
uruguayos. Todos los cuerpos carecían de documentación que pudiera facilitar su
identificación", decía el comunicado.
Pese a esa "dificultad" para
identificarlos, en el propio comunicado policial se daban los datos filiatorios
de los occisos, como sus antecedentes ideológicos y prontuariales. "Ninguna de
estas personas se encontraba requerida en la actualidad", sugería el parte de la
"efectiva" Policía canaria.
Durante tres décadas aquel homicidio
colectivo quedó cubierto por el "silencio austero". Se dijo que había sido una
represalia por el homicidio de Trabal. Se estableció el mensaje de que diez
subversivos serían ejecutados por cada militar muerto. El régimen nunca
reconoció aquel fusilamiento.
La aparición de Amaral
Diez
años más tarde, en el marco de las movilizaciones de organizaciones de
familiares de las víctimas a la salida de la dictadura, en Argentina se encontró
al niño Amaral García, hijo de Floreal García y Mirtha Hernández, quien,
secuestrado con sus padres, estaba en manos de una familia de
policías.
Amaral García fue uno de los primeros casos de identidad
recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo. El matrimonio que se lo apropió
había fallecido y niño quedó bajo la tutela de un tío y un hermanastro. Una
gestión del entonces senador José Germán Araújo permitió que Amaral volviera a
Uruguay.
Amaral había nacido el 25 de octubre de 1971, cuando su padre
Floreal estaba preso en la cárcel de Punta Carretas tras el golpe de Estado del
dictador Juan María Bordaberry. Con sus padres viajó a Chile y Argentina. Tenía
sólo tres años cuando el secuestro, pero nunca olvidó lo ocurrido.
La
aparición de Amaral García evidenció con mayor dramatismo que sus padres no
habían ingresado ilegalmente a Uruguay antes de ser asesinados, sino que habían
sido secuestrados en Argentina y, de alguna forma, entonces desconocida,
trasladados a Uruguay cuarenta días antes de sus muertes.
Múltiples
investigaciones de prensa señalaron, desde entonces, que el homicidio masivo de
los "fusilados de Soca" más que una represalia por la muerte del coronel Trabal
(cuya ejecución el MLN negó), pudo ser una coartada de la propia dictadura para
cubrir un asesinato de Estado.
El testimonio de
Abreu
Treinta años después de los asesinatos, el único testigo vivo
del episodio, un uruguayo llamado Julio Abreu, quien también fue secuestrado en
Argentina y sobrevivió al calvario de los "fusilados", aceptó romper un silencio
forzado por las amenazas, en una entrevista de LA REPUBLICA el 7 de
noviembre de 2005.
Julio Abreu narró entonces lo ocurrido los días
siguientes a aquel 8 de noviembre de 1974, cuando fue detenido por un grupo
vestido de civil en Buenos Aires junto a Floreal García, su esposa Mirtha
Hernández y su hijo Amaral, durante el cumpleaños de otro uruguayo.
El
sobreviviente contó que fueron conducidos a una base donde había un garaje y lo
encerraron en una pequeña pieza de un metro de lado, desde donde escuchó la
llegada de otros detenidos: Héctor Brum, su esposa, María de los Angeles Corbo,
con cinco meses de embarazo, y Graciela Estefanell.
Abreu (de filiación
blanca y ajeno a la "subversión") escuchó la salvaje tortura a sus compatriotas.
"Le pegué una patada en la panza que casi le saco el chiquilín por la boca", oyó
de uno de los captores. También sintió la presencia de Amaral y a quien decían:
"Quedate tranquilo que papito se está divirtiendo".
Tres o cuatro días
después, todos fueron trasladados a otro lugar, que tenía celdarios con puertas
de metal. Allí escuchó la voz de Floreal a pocas celdas de distancia y la de
Amaral hablando con sus padres. Allí sufrieron falsos fusilamientos, entre otras
torturas físicas y psicológicas.
El viaje del "vuelo
cero"
El relato de Abreu señala que fueron conducidos finalmente a
unas casitas rodantes, en un paraje donde sobrevolaban aviones. Allí pudo hablar
con Floreal, quien le mostró las marcas de la tortura con la que le habían
quemado testículos y pene. Brum también había sido brutalmente
torturado.
En ese sitio, un médico les colocó inyectables para dormirlos.
Llegó a ver a Graciela Estefanell, que parecía la más lastimada de todos. En
aquel lugar ya no escuchó la voz del niño Amaral, quien probablemente ya había
sido entregado a sus padres apropiadores.
Antes de desvanecerse por los
efectos de la droga inyectada, Abreu recuerda que los subieron a una camioneta y
luego a un avión donde quedó sentado solo. Detrás de él sintió la voz de
Floreal. Alguien se sentó a su lado y le dijo "¿Cómo te llamas?". Era la voz de
un uruguayo que le tomó sus datos.
Cuando el avión aterrizó, alguien les
dijo "Bienvenidos a Uruguay". Fueron trasladados a una casa (Abreu está
convencido que estuvo en el centro clandestino de reclusión "300 R", la casona,
de Punta Gorda), donde se oía el ruido del mar y música fuerte de un lugar
cercano.
Permaneció encapuchado. Recuerda la saña con que era torturada
Estefanell y que siempre estaba encendida Radio Colonia. Un día, un custodio de
tez morena le levantó la capucha y le dijo: "Yo sé que vos sabés que estás en
Uruguay y que no tenés nada que ver. Quedate tranquilo que te van a
soltar".
La hora de la ejecución
Abreu recuerda un día una
de las "guardias buenas", que les permitió hablar a los dos matrimonios y dejó
que él hablara con Estefanell. Ella le dice que a él no lo matarían y que solo
le pedía que le avisara a la organización que ellos no habían hablado. "Que no
somos traidores, que echamos para adelante", dijo.
"Una noche había
silencio, mucho, como si fuera una espera. Los guardias iban y venían
tensionados (...) las cosas se empezaron a endurecer, se impuso la disciplina".
Los días de "tensión" coinciden con las horas previas y posteriores al asesinato
de Trabal, del que ellos no tenían información.
"Fue de noche, sentimos
ruido de armas, entraron y dijeron: "¡Levántense los Tupamaros!". Cuando yo me
levanto me dicen: "¡Dije Tupamaros, no tarados!" y me dejaron ahí. A ellos se
los llevan y al otro día de mañana, siento que sube el que manda, el de la voz
fuerte, dura, imperativo, enérgico y dice: "Bueno, ya los matamos, están todos
muertos estos comunistas".
Abreu fue formalmente informado de que sería
trasladado a Uruguay por barco. Seguían fingiendo que se encontraban en
Argentina. Le pusieron algodón y parches en los ojos que cubrieron con lentes
negros, lo llevaron a un lugar cerca del agua, pero lo volvieron a llevar a la
misma base.
Luego le dijeron que lo trasladarían en avión, y hasta lo
subieron en una avioneta. Pudo ver unos hangares amarillos. Le dicen que lo
llevarán hasta la casa de una tía en Neptunia. Lo amenazan de por vida. "Así
como matamos a cinco, si hablás, te matamos a vos y a toda tu familia", le
dijeron al liberarlo.
Los datos confirmados
El testimonio
de Julio Abreu a LA REPUBLICA fue corroborado por el propio Amaral
García, quien presente en aquella entrevista recordó detalles de los lugares
donde habían permanecidos detenidos antes del viaje del "vuelo cero" en el que
sus padres fueron trasladados a Uruguay.
Los lugares descriptos por
Abreu también fueron identificados por el mismo informante argentino que aportó
los datos que permitieron encontrar a Simón Riquelo y que denunció la existencia
del "segundo vuelo" de Orletti con el que en 1976 se trasladó a otra veintena de
uruguayos que también ejecutaron.
La fuente argentina, miembro de la
banda de Aníbal Gordon, considera que Abreu y los fusilados de Soca estuvieron
en el garaje de la Brigada de San Justo, luego en un local de la Policía Federal
donde se coordinaba con el Ejército uruguayo y en las casas rodantes que había
en Campo de Mayo.
Otro testimonio de vital importancia en la causa que se
presenta esta semana es el del capitán de fragata (r) Héctor Corbo, hermano de
María de los Angeles, a quien el entonces comandante en jefe de la Armada, Luis
González Ibargoyen le pidió disculpas porque no pudieron evitar la decisión del
Ejército.
Los entretelones de esa decisión de fusilar a los cinco
tupamaros ha sido narrada por el escritor Carlos Martínez Moreno en el cuento
"La Arboleda" de su libro "El color que el infierno me escondiera", donde se
habla de una votación realizada en el Consejo de Seguridad Nacional
(Cosena)
Testigos e indagados
El caso de los "fusilados de
Soca" fue objeto de una extensa instrucción en el Juzgado de Pando, donde hay
múltiples pruebas y testimonios de lo ocurrido. La causa fue archivada durante
el gobierno de Julio María Sanguinetti poco antes que debiera declarar el ex
dictador Juan María Bordaberry.
También se requerirá al comandante en
jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Enrique Bonelli, una revisión de los
vuelos que en esos días realizó el arma y donde puede constar el "vuelo cero"
que trasladó (a Abreu se le pidió el nombre y demás datos en el avión) a los
seis uruguayos secuestrados.
Como pruebas testimoniales se pide a la
Justicia que cite en calidad de "indagados" a los mandos de la época y a todos
los oficiales que participaron del SID y el OCOA, además de los ex dictadores
Bordaberry y Gregorio Alvarez, quien entonces era el jefe del Estado Mayor
Conjunto (Esmaco).
También se piden la declaración testimonial de Julio
Abreu, Amaral García, familiares de las víctimas y el periodista de LA
REPUBLICA, y que se libren oficios al juzgado de Pando, los ministerios del
Interior y de Defensa y al Colegio de Abogados, y a la Justicia argentina que
trató el caso de Amaral.
"La realización del vuelo clandestino, llamado
"vuelo cero" es en sí mismo un hecho delictivo de suma gravedad y corresponderá
que la Sede actuante proceda a investigar sobre el mismo y el destino final
(Homicidio) de la mayoría de las personas trasladadas, disponiendo las
responsabilidades penales que corresponden", subraya la denuncia penal.
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