PAGINA 12, Martes, 26 de Septiembre de 2006
ESTUDIAN TRASLADOS PARA SEPARAR A REPRESORES
La dispersión de la patota
La cárcel federal de Marcos Paz es especialmente distinta. Allí son
derivados la mayoría de los presos que pertenecieron a alguna fuerza de
seguridad, a las Fuerzas Armadas o los “asimilados”, aquellas personas con un
vínculo de parentesco o laboral con los uniformados. Hasta marzo de 2006 esa
población era alojada en cuatro pabellones del módulo 4 con un total de 164
plazas ocupadas. Entre ellos, están Miguel Etchecolatz y el grupo de hombres que
lo secundó durante la vigencia de su mandato como segundo de la policía de Ramón
Camps en la provincia de Buenos Aires. Los puntos de contacto de los presos
durante el tiempo libre no están prohibidos y esa situación planteó una serie de
interrogantes a partir de la desaparición del testigo del juicio a Etchecolatz.
¿Es bueno que estén presos todos juntos? El gobierno de la provincia de Buenos
Aires empieza a plantear la necesidad de una redistribución de los presos, pero
la Nación lo desestima.
La unidad penal de Marcos Paz es una de las pocas cárceles más democráticas:
allí los detenidos con rango militar o los ex policías pasan sus días sin
privilegios, alojados con las mismas condiciones de los presos comunes.
A comienzos de año y ante un debate sobre las condiciones de alojamiento de
los detenidos por las causas de violación a los derechos humanos, una delegación
del Ministerio de Justicia relevó cuartos, espacios y condiciones de higiene,
seguridad y lugares de encuentros dentro de la cárcel. De ese informe surgió que
está compuesta por 6 módulos. Cada módulo tiene 6 pabellones y cada pabellón, 50
lugares. Así, cada módulo está preparado para alojar a 300 personas.
Los detenidos no tienen ni más ni menos espacios que los otros presos, pero
los espacios comunes no son pocos. Por esos pasillos transitan los detenidos de
la causa Etchecolatz, como su chofer Hugo Guallama. Allí están los detenidos por
la causa de la Unidad 9 del Servicio Penitenciario de La Plata y los procesados
en el marco de la megacausa del Primer Cuerpo de Ejército. No es difícil
imaginarse a Etchecolatz de caminata, por ejemplo, con Roberto Carlos Zeolitti,
el "Sapo", detenido en la causa del Primer Cuerpo.
Durante los últimos días y a partir de la desaparición del testigo Jorge
Julio López, la secretaria de Derechos Humanos bonaerense empezó a plantear
tímidamente la necesidad de un eventual traslado de detenidos. Aunque su cartera
no tendría pruebas sobre la existencia de un complot o de un eventual acuerdo de
los internos, sospechan que podría haber existido. Por esa razón, el Gobierno
ordenó una investigación sobre visitas, llamados y encargos que recibieron los
detenidos del caso Etchecolatz.
María Isabel Chorobick de Mariani sabe que los presos duermen en celdas
separadas. Ella es una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. "Pero
aunque los presos estén separados -dijo ante una consulta de este diario-, están
en comunicación continua y hablan, no sé de qué hablan pero hablan." Para
Mariani, "es necesario que estén en distintos lugares aunque sea en cárceles del
interior: acá no se pueden hacer más contemplaciones". La mujer del chofer de
Etchecolatz un día fue a visitarla y el testimonio sirvió para detener a
Guallama. Durante la visita no sólo dio detalles sobre la participación de
Etchecolatz y de Camps en la muerte de su nuera. Contó además que su marido
quería "reagruparse (con sus compañeros) para pasar al frente". Ayer algunos se
acordaron de esa frase para explicar el posible regreso de los
fantasmas.
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