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Contratapa lunes 25 de setiembre de
2006
Escribe Hugo Cores PVP-567- Frente
Amplio
Sería interesante analizar e intercambiar opiniones
sobre algunos hechos recientes. El primero es una crónica publicada en el
semanario Búsqueda acerca de algunas violaciones a los derechos humanos durante
la dictadura y de los posibles responsables de algunos de los crímenes más
significativos de aquel período.
La crónica aludida ha merecido el rechazo tajante de
algunas personalidades políticas y de familiares de las víctimas, pero la
significación política e institucional del asunto hace necesario otros
pronunciamientos por parte de las autoridades competentes. Por un lado, quienes
vienen trabajando con los problemas de las fuerzas armadas y el proceso por el
cual culminan su demasiado lenta incorporación a las reglas de juego de la
democracia.
Por otro quienes desde el gobierno se vienen ocupando de
las líneas de acción que tienen que ver con los procesos a los militares
indagados por hechos que han sido excluidos de la Ley de Caducidad y, al mismo
tiempo, los que tienen a su cargo resolver las instancias derivadas de los
pedidos de extradición formulados desde Argentina. Cuestiones, como se ve, todas
ellas muy interrelacionadas.
Calláte que se te
entiende todo
La crónica de Búsqueda dice ser el resultado de “una
investigación realizada durante los últimos meses por periodistas” del
semanario. En realidad su contenido consta, básicamente, de transcripciones del
propio periódico, en algunos casos alterando de manera sustancial datos sobre
los que luego se construyen las hipótesis que en materia penal sustenta el
artículo.
El propósito es claro. Se trata de desvincular de toda
responsabilidad al grupo de oficiales del SID, liderado por Gavazzo, con el
asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez
Ruiz.
En el episodio -cuyo contenido emblemático forma parte
de una fuerte tradición de lucha por los derechos humanos en nuestro país- no
existiría ninguna responsabilidad de militares ni de gobernantes uruguayos.
Para llegar a esa conclusión hay que forzar mucho los
hechos, eliminar buena parte de los que se sabe y suponer que una gran parte de
la población ha perdido la memoria y la facultad de
razonar.
Un intento de “disolver la realidad”
y degradarla
La labor del periódico de las derechas apunta a
entreverar las cartas y sembrar la confusión acerca de cómo han venido actuando
los organismos de derechos humanos y la prensa que se ha hecho eco de las
denuncias.
Al mismo tiempo busca enturbiar el pensamiento y la
acción del gobierno en la materia.
Al hacerlo, el periódico reitera su compromiso con el
establishment de la dictadura y con los dirigentes políticos que en democracia
han trabajado, con una dedicación digna de mejor causa, a favor de la
impunidad.
Es claro que ese sector de operadores políticos juega
con fuego. Sus escritos son funcionales a los intereses y al discurso actual de
los sectores más recalcitrantes del colectivo
militar.
Es un relato que apunta, irresponsablemente, a colocar a
los militares que actuaron en las tareas más sangrientas de la represión como
víctimas de una conspiración de la izquierda, esta vez con el concurso de jueces
y fiscales.
En este terreno en las últimas semanas se han ido
acumulando hechos y circunstancias que no debieran pasar inadvertidas. Las
amenazas formuladas por uno de los acusados, Ernesto Ramas, a la fiscal actuante
en el proceso que se sustancia en el Juzgado Penal de 19 º Turno, Dra. Mirtha
Guianze, es un acto inadmisible.
Supone que el militar retirado, sobre el que pesan
acusaciones gravísimas, dispone de información acerca de la vida personal de
funcionarios del ministerio público y que usa esa información para ejercer
presión sobre los mismos.
Las actuaciones de los magistrados, Luis Charles y
Mirtha Guianze, han demostrado su solidez y su apego a la ley. En todo caso el
sistema judicial habilita las instancias de apelación que los defensores
entiendan conveniente sustanciar y que tendrán el tratamiento que dispongan los
tribunales.
Dado que es la primera vez, en más de veinte años, que
el Poder Judicial asume el tratamiento de casos relevantes en el terreno de las
violaciones a los derechos humanos debiera respetarse la competencia que la
Constitución de la República le asigna.
Lo otro son presiones ilegítimas. Apuntan al
quebrantamiento del principio republicano de igualdad de todos los ciudadanos
ante la ley. Y para esa recidiva autoritaria hay cada vez menos lugar en la
sociedad uruguaya de hoy.
Otras actitudes
preocupantes
El otro hecho, que no llegó a sustanciarse, ha sido
informado por el diario El País. Según da cuenta en su edición de ayer, en el
Ejército se habría iniciado, en el curso de la semana pasada, un movimiento
destinado a realizar el día sábado 23 una asistencia masiva de oficiales en
actividad a la Cárcel Central en una visita a los oficiales procesados (Gavazzo,
Gilberto Vázquez y Jorge Silveira).
La organización del evento – en caso de confirmarse la
iniciativa- se procesó con arreglo a métodos de comunicación que evitaran el
conocimiento público de la acción propuesta. No obstante, la noticia llegó a las
autoridades y el Comandante del Ejército habría desactivado la iniciativa
anunciando que la actividad no estaba autorizada.
No es un hecho carente de importancia. Sin exageraciones
ni estridencias debe quedar claro que son inamisibles las presiones realizadas
por funcionarios dependientes del Ministerio de Defensa Nacional. Presiones que
además aparecen ligadas a la defensa de lo actuado en indefendibles tareas de
represión política como los asesinatos, el robo de niños, los secuestros y las
ejecuciones masivas.
¿Cómo se puede llegar a transformar a estos individuos
en objeto de una acción solidaria de jóvenes
oficiales?
Es toda una zona de temas a examinar. ¿Qué versión de
los hechos históricos se enseña en los institutos de formación de
oficiales?
¿Se recurre, por ejemplo, a los libros editados por la
Junta de Comandantes en Jefe durante la dictadura?
Se trata, efectivamente, de textos que tienen una
significación. Tienen el sentido de expresar de manera descarnada una ideología
militarista y antidemocrática extrema. Una literatura llena de ataques a “los
políticos” no solo a los de izquierda sino también a los blancos y colorados.
Ataques permanentes al Parlamento, a la prensa y a los sindicatos. A Wilson
Ferreira, a Líber Seregni, a Juan Pablo Terra. Ataques a sectores de la Iglesia,
como Monseñor Partelli, entre otros.
Intoxicado con esa prosa histórica, muy poco apegada al
laicismo por cierto, resulta comprensible que alguien piense de tal manera que
lo impulse a hacer una demostración colectiva de solidaridad con Gavazzo. Pero
ese pensamiento, impregnado de la doctrina de la seguridad nacional, no es el
que se sustancia en la Constitución y las leyes que regulan a la sociedad
uruguaya.
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