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Entrevista de Gerardo Tagliaferro (Crónicas)
"La guerra no es contra los niños", dijo el entonces mayor Nino Gavazzo a Sara Méndez cuando un comando a sus órdenes la secuestró en Buenos Aires y se llevó a su hijo Simón, de pocas semanas. Gavazzo mentía, o en el mejor de los casos se equivocaba. Todas las guerras son, también, contra los niños. No es necesario ir a las imágenes del Líbano para saberlo, el propio Simón fue finalmente una víctima, porque pasó toda su niñez y su adolescencia y se hizo hombre sin conocer su identidad.
Si lo que existió a mediados de la década del setenta en el país fue una guerra es harto discutible, desde que a partir de 1972 las bajas fueron de un solo "bando" y no se conoce ninguna operación militar importante en territorio uruguayo de otro ejército que no fuera el de la dictadura. Lo que hubo se pareció más a una cacería. Y esa cacería también arrojó víctimas entre los niños. ¿Daños colaterales le llamarán? Uno de los niños-víctimas tiene hoy treinta y ocho años y se llama Sandro Alberto Soba Laguna. Con ocho años fue trasladado a Orletti junto a su madre y sus dos hermanos menores y allí vio a su padre por última vez: casi no conseguía hablar, pedía agua y no podía abrir los ojos hinchados a causa de la picana.
Sandro estuvo allí diez días y luego fue traído a Montevideo junto con su madre y hermanos por el propio Gavazzo y Ricardo Arab. Nunca más supo de su padre, al que durante años esperó ver llegar, fugado de aquel cementerio de seres vivos. Adalberto Soba es uno de los uruguayos desaparecidos en Argentina, que por estos días se supo podría haber integrado el segundo "vuelo de la muerte", nombre dado a la repatriación clandestina de prisioneros que habrían sido finalmente ejecutados. El caso Soba ha dado lugar esta semana al procesamiento de ocho represores de la dictadura. Sandro no pudo hablar, desde que salió de Buenos Aires y hasta hace muy poco, de su drama. Toda la procesión fue por dentro y hoy, al finalizar la entrevista, pregunta: "más allá de mi padre, ¿quién borra esos días en Orletti y todo lo que sufrí después?"
- ¿Su padre se exilió en Buenos Aires después del golpe de Estado?
- Se fue en el 73 (duda)... se fue antes del golpe, me parece. No recuerdo bien.
- ¿Estaba requerido en Uruguay?
- Él se había escapado de Cárcel Central. Había caído en la Aduana, con cuatro compañeros más y cuando los llevaron a Cárcel Central se escapó. Iban subiendo en ascensor y él mandó el ascensor para abajo y se escapó. Ahí, obviamente, pasó a ser buscado. (N. de R.: la fuga de Adalberto Soba está relatada en el libro de Samuel Blixen, "Fugas").
- Una huida casi cinematográfica.
- Sí, mi padre era una persona que pasaba bastante desapercibida. Era muy callado y no se hacía notar mucho.
- Era militante de la OPR 33 (Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales).
- Se inició en la FAU (Federación Anarquista Uruguaya) y después se hizo de la OPR y lo que no sé totalmente es qué pasó después, con la formación del PVP (Partido por la Victoria del Pueblo). Pero cuando lo detuvieron y se fugó estaba como OPR.
- Luego de esa fuga, ¿ustedes, su familia, lo siguieron viendo?
- Sí, lo seguimos viendo. Él estaba mucho en casa, a pesar de que no se quedaba continuamente. Muchas veces llegaba a las tres o cuatro de la mañana, por razones de seguridad.
- Usted tendría entonces cuatro o cinco años, ¿estaba al tanto de que a su padre lo buscaba la policía?
- No. Yo era demasiado chico.
- Su madre ¿qué sabía de su actividad?
- Mi madre sabía que militaba pero tampoco estaba al tanto de toda su situación. Cuando nos fuimos a Buenos Aires, a Haedo, ya estaba instalada la imprenta donde él trabajaba y mi madre no sabía quiénes eran las dos personas que estaban adentro de la imprenta.
- ¿En Buenos Aires la familia desarrolló una vida normal?
-Sí. Mi padre vivía con nosotros. Nosotros estudiábamos... era una familia normal. Él tenía sus reuniones como puede tenerlas cualquier persona.
- ¿A esa altura usted sabía de su militancia política?
- No, porque mi casa era una casa normal. No había reuniones y no había absolutamente nada que pudiera hacer pensar eso, pese a que la imprenta mandaba información a Europa de todo lo que estaba sucediendo.
- ¿Que recuerdos tiene de él como padre?
- Como padre, de lo mejor. Yo estuve en Orletti con él y a pesar de que estaba totalmente torturado, apenas podía hablar y pedía agua, nos daba consejos como si estuviésemos en casa. Nosotros no vimos en él ningún tipo de ánimo de venganza y nos daba moral con respecto a lo que teníamos que hacer.
- ¿Qué les decía?
- Mi vieja era bastante nerviosa y él veía que iba a quedar bastante mal con las cosas que estaba viendo, así que nos decía cómo la teníamos que ayudar. En ningún momento habló de lo que estaba pasando él en ese momento. Lloraba y llorábamos todos.
- ¿En su casa se hablaba de política?
- No, en casa no se hablaba mucho de política, casi nada. Mi madre no estaba en nada, no tiene vinculación política con nadie.
- ¿Recuerda qué pensó y sintió usted, con ocho años, cuando a su padre lo detuvieron y luego los llevaron a ustedes a Orletti?
- Sentí mucho miedo y quería saber qué era lo que estaba pasando. Trataba de ver qué era lo que estaba sucediendo. Con ocho años no me daba cuenta obviamente de qué pasaba.
- ¿Qué imágenes tiene de Orletti?
- En mi recuerdo queda principalmente la imagen de mi viejo, el estado en que estaba. No recuerdo otras caras, a pesar de que había cantidad de gente. Yo necesitaba saber qué estaba pasando.
- ¿Tenía respuesta a esa pregunta?
- No, por mucho tiempo no la tuve.
- Usted ha contado que en Orletti una vez subió una escalera, abrió una puerta, y vio personas sentadas contra una pared. Se supone que eran otros prisioneros, ¿estaban encapuchados?
- No recuerdo. Se abrió la puerta y miré, y ahí se termina la imagen. Son fotografías. Cuando se abre la puerta y alguien sale, ahí se termina el recuerdo. No recuerdo quién me bajó. Mi mente queda como instalada ahí, la fotografía es esa y después hay como un apagón.
- ¿Su madre les explicaba por qué estaban ahí o qué pasaba con su padre?
- No. Fue muy difícil. Como niño yo tampoco preguntaba. Trataba de acostarme y acordarme de las imágenes que me habían quedado en la mente, para no olvidar, pero tampoco lo hablaba con mi madre. Tuve mis bajones. En la escuela, en cuarto año, después de volver de Buenos Aires, entraba del recreo y me sentaba y me dormía. Perdí el año.
- ¿Le quedó en algún momento la idea de que su padre había hecho algo malo y por eso era castigado?
- No. Jamás me pasó eso. Yo estuve con él y me crié con la imagen de mi padre dándonos enseñanzas de vida en ese momento. Lo demás me pasó muy por el costado.
- Cuando salieron de Orletti y volvieron a Montevideo, ¿su madre pensaba que iban a matar a su padre?
- No. Ella siempre tuvo la esperanza de que se hubiera escapado. Mientras estuviese vivo, siempre existía la posibilidad de que se salvara.
- ¿Quién y cómo los trajo a Montevideo?
- Gavazzo y Arab. Nos sacaron de Orletti y nos llevaron al aeropuerto, donde encontramos a la familia de Mechoso (N. de R.: otro desaparecido). Ellos pasaron a ser nuestros padres en el avión.
- ¿Qué recuerdos tiene de ese viaje?
- Me acuerdo del avión, pero casi nada más. Sé, por cosas que me contaron después, que mi hermano jodia mucho en el vuelo, porque estaba muy nervioso, y Gavazzo me mandó a que lo agarrara y que no se moviera.
- ¿Su madre estaba amenazada? ¿Qué pasaba si ella decidía hacer algo en el avión para que se supiera lo que estaba sucediendo?
- No, nosotros pensábamos que mi padre iba a ser trasladado también a Montevideo. No imaginábamos el final.
- ¿Intentaron averiguar algo de él una vez que estuvieron aquí?
- No, muy poco porque a mi madre la vigilaban permanentemente. Muchas veces la paraban en la calle, tratando de seguir metiéndole temor y ella no trató de averiguar. En mi casa se produjo un silencio por varios años. Lo que siento es un poco que empezamos a romper una impunidad de mucho tiempo"
- ¿Qué pensaba usted que había pasado con su padre?
- Que podía estar en una cárcel en algún otro lado. También me imaginaba que se podía haber escapado y como en las películas, había perdido la memoria. Tal vez no recordaba. Siempre uno busca en su interior una esperanza y yo la busqué en eso: que se pudo escapar y, por como estaba, había perdido la memoria pero un día la recuperaría y yo lo volvería a ver. Gavazzo y Arab nos trajeron a Montevideo. Ellos pasaron a ser nuestros padres en el avión"
- ¿Cuándo empezó a manejar la idea de que podía estar muerto?
- Cuando ya tuve un poco más de conciencia y se empezó a hablar un poco del tema". Ahí empecé a hacer preguntas. Ahí mi madre me comentó que Gavazzo le había dicho que él no había corrido ¿a misma suerte que nosotros. Entonces, uno empieza a asociar y a perder la esperanza que tenía. Cuando salieron los presos del Penal de Libertad... (se emociona). Nunca tuve totalmente la seguridad de que no iba a salir él también.
- Por años, usted sufrió un bloqueo: no podía hablar con nadie sobre el tema.
- No, no hablaba con nadie. En el liceo nunca lo hablé. Ahora mucha gente me llama y me dice que no conocía mi historia. Hace poco perdí a mi hermana y ahora me doy cuenta todo lo que ella no vivió. Ella no creía en nada y no llegó a sentir lo que yo estoy sintiendo hoy. Es una parte nada más, pero es el principio, y ella no lo pudo vivir. Cuando fui a la Comisión Para la Paz y ella recibió el informe tenía mucha expectativa, y cuando le vi la cara al leer el informe donde sólo decía el nombre de mi padre y la fecha de su muerte, que ya la sabíamos, fue impresionante. No decía nada más, sabíamos mucho más nosotros que lo que decía ese pequeño informe.
- Dijo que su hermana no llegó a sentir lo que usted está sintiendo. ¿Qué es lo que está sintiendo?
- Lo que siento es un poco que empezamos a romper una impunidad de mucho tiempo. Empezamos a dar pasos, y siento que preferiría que yo hubiese sido el último hijo de desaparecido en saber algo. Que se supiera todo lo demás y mi viejo fuera el último desaparecido por el que se hace justicia. Pero no me puedo alegrar porque es apenas el primero.
- ¿En algún momento se termina el dolor de un familiar de desaparecido?
- No, el dolor no se termina nunca.
- ¿En algún momento va a poder decir que llegó hasta donde quería llegar y a partir de allí sentirse tranquilo?
- No. Si fuese así, seríamos un mundo muy chato. En toda vida se sigue construyendo y buscando. Nosotros seguimos buscando verdad y justicia como todas las personas siguen siempre buscando algo.
- ¿Siente que tiene que perdonar a alguien y que puede hacerlo?
- Perdonar... en mi caso no sabría decirlo. En el caso de mi viejo, él no está y es él único que podría perdonar.
- Cuando el ex Presidente Batlle creó la Comisión para la Paz habló de buscar un "estado del alma" que reconciliara a los uruguayos. Para usted ¿qué significado tiene la palabra reconciliación?
- La reconciliación la tiene que hacer la sociedad. Con toda persona que haya asesinado, torturado o mandado torturar, no puede haber reconciliación. Es muy difícil hablar de reconciliación con personas que ni siquiera fueron juzgadas por delitos que cometieron.
- ¿Se ha cruzado con alguna de las personas que usted sabe que torturaron a su padre o que probablemente lo asesinaron?
- No. Dudé mucho cuando se hizo el escrache a Gavazzo, se me pasaron muchas cosas por la cabeza y decidí no ir.
- ¿Por qué?
- No por temor. Estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo y me parece importantísimo porque la sociedad tiene que saber lo que era y denunciar a esa persona, pero no fui.
- ¿Le preocupaba lo que iba a sentir o la posibilidad de no contenerse y hacer algo que no debía?
- Uno trata de contenerse, pero las reacciones pueden ser inesperadas. Uno quizás no sabe cómo va a reaccionar hasta que le pegan.
- ¿Qué pensó cuando se mató el Coronel Rodríguez Buratti?
Nada. No tengo opinión sobre eso.
- ¿Tiene militancia política?
- No, no tengo. Me acerqué a Hijos (N. de R.: organización que agrupa a hijos de desaparecidos) y nada más. Nunca tuve militancia política y creo que ese es un debe mío, porque en algún momento sentí la necesidad de militar y no lo hice.
- ¿Qué piensa hoy de la militancia de su padre?
- Pienso que se estaba construyendo una alternativa y se discutía qué país se quería: si ese país que se estaba viviendo en ese momento u otro diferente.
- Muchos hijos de desaparecidos, muertos o presos políticos durante la dictadura sintieron en algún momento que sus padres les habían fallado como tales, porque estuvieron ausentes en su niñez. ¿No le sucedió eso a usted?
- No, a mí no. A mi hermana sí. En algún momento ella se cuestionó muchas cosas. Se cuestionaba que no se iba a averiguar nada, como también eso que me estás planteando sobre mi padre.
- ¿Le pasó alguna vez creer ver a su padre en la calle u otros lugares?
- No. Me pasó querer verlo y creer, como dije antes, que podía estar en alguna cárcel. Estaba deseando encontrarme con él, pero que haya sentido que lo vi., no.
- Durante años usted no pudo hablar sobre su padre. ¿Le hace bien hacerlo hoy?
- Me hace bien. Y creo que le hace bien a toda la sociedad empezar a saber todo lo que pasó.
- Creo que falta mucho para llegar a toda la verdad y toda la sociedad es la que debe hablar de esto. Somos todos los que debemos involucrarnos en la discusión sobre qué sociedad queremos para nuestros hijos. Esto me pasó a mí, pero le tocó también a toda la sociedad de distinta manera.
MONTEVIDEO/URUGUAY/16.09.06/COMCOSUR AL DÍA
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