El pasado secreto de Juan José Alvarez:
El ex ministro de Duhalde y
actual diputado estrella del grupo El General trabajó en la SIDE desde 1981
hasta el fin de la dictadura bajo el nombre de guerra de Javier Alzaga. Su
ingreso al organismo represivo fue por expresa recomendación del general Albano
Harguindeguy, el ministro del Interior de Videla.
“Un excelente elemento que no defraudará la confianza”
Así definió a Juan José Alvarez el ministro de Interior de la dictadura
Albano Harguindeguy al recomendarlo en la SIDE. El diputado aseguró, en 1981,
que quería entrar a la Secretaría de Inteligencia para “servir a la patria”.
Hizo cursos de subversión y contrasubversión. El legajo.
Por Victoria Ginzberg
”Conozco desde hace más de cinco años al candidato y lo considero un
excelente elemento que no defraudará la confianza que en él se deposite. Un
fuerte abrazo.” La carta, fechada en mayo de 1981 y firmada de puño y letra por
el general Albano Harguindeguy, entonces ministro del Interior, estaba dirigida
al general de división Carlos Alberto Martínez, secretario de Inteligencia del
Estado. No sería difícil conseguir el puesto con semejante recomendación. Fue
así como el ex ministro de Justicia y por entonces estudiante de Derecho Juan
José Alvarez –ahora diputado del grupo “El General”– se convirtió en agente de
la SIDE. Allí revistaba bajo el alias de Javier Alzaga.
En 1981 había pasado la etapa más dura de la dictadura. Los secuestros,
asesinatos y torturas ya no eran tan frecuentes –aunque no inexistentes–, pero
las denuncias sobre los crímenes cometidos por los militares que se empezaban a
difundir en el país y, sobre todo, en el exterior, amenazaban la continuidad del
gobierno militar. En mayo de ese año, Alvarez se presentó como postulante a
agente de Inteligencia. Según se desprende de la carta que él mismo escribió a
sus “futuros superiores”, uno de sus objetivos era “servir mejor a nuestra
patria”. Entre los “datos aportados por el postulante” figura en su legajo que
“el Sr. Alvarez desea ingresar a este organismo por sentirse identificado con el
proceso militar actual”.
El 25 de agosto pasado Alvarez fue una de las primeras voces que acompañaron
al ex ministro de Economía Roberto Lavagna al entonar la marcha peronista en el
bar El General, del que tomaron el nombre para su grupo los peronistas no
kirchneristas Eduardo Camaño, Francisco De Narváez, Jorge Sarghini y el mismo
Alvarez. Pero para el ex ministro de Justicia, en 1981 ésa era una melodía
lejana y desconocida. En ese entonces el diputado se definía como “apolítico” y
trabajaba como gerente de ventas en la empresa de su papá, que se dedicaba a la
exportación e importación. Se consideraba un buen lector y deportista y quería
terminar su carrera de abogacía en la UCA, que había abandonado unos años
antes.
El “contrato de locación” entre la Secretaría de Inteligencia y Alvarez se
firmó el 1º de julio de ese año. Un año después pasó al plantel básico, donde
estuvo hasta que presentó su renuncia el 17 de julio de 1984.
Quien primero presentó a Alvarez ante la SIDE fue su suegro, el coronel (R)
del Comando de Remonta y Veterinaria Pedro Mercado, representante olímpico del
país en saltos hípicos.
Mercado –involucrado por el policía Rodolfo Peregrino Fernández en el
secuestro de la trabajadora social Lucía Cullen (ver aparte)– se esforzó por
dejar bien parado a su yerno en el momento de presentar su informe ante la SIDE:
aseguró que su porte o postura era “destacada y correcta”, que su pulcritud era
“esmerada” y su vestimenta “sobria y correcta”. Describió sus modales como
“finos y correctos” y calificó su nivel cultural como “superior”, su
temperamento como “aplomado” y a Alvarez mismo como “franco y leal”.
Pero un buen espaldarazo se lo dio el entonces ministro de Interior, Albano
Harguindeguy. La semana pasada, el juez federal Norberto Oyarbide anuló el
indulto que, junto al ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, le
había evitado a Harguindeguy ser investigado por los secuestros del empresario
Federico Gutheim y de su hijo Miguel Ernesto. Por su cargo en el ministerio,
Harguindeguy fue responsable de todos los campos clandestinos de detención que
funcionaron en las delegaciones de la Policía Federal en el interior y Capital
Federal.
El policía Peregrino Fernández –que fue asistente del represor– aseguró que
el ministro del Interior había formado una brigada operativa que se dedicaba a
secuestrar personas y que “manejaba personalmente los hechos referentes a la
Iglesia”. Harguindeguy está procesado en la causa en la que se investiga el Plan
Cóndor. Estuvo preso, pero actualmente espera el juicio en libertad porque fue
beneficiado con la excarcelación. En su recomendación para Alvarez, Harguindeguy
atestiguó que el estudiante de abogacía, a quien conocía desde hacía más de
cinco años, era “un excelente elemento que no defraudará la confianza que en él
se deposite”.
Las gestiones de Mercado y Harguindeguy dieron resultado y el diputado juró
“por su honor” que se comprometía a “guardar fidelidad y lealtad para con la
patria, el organismo que revista y en el desempeño de sus funciones y tareas”.
El siguiente paso fue conocer la Ley “S” (secreta) 20.195 que establecía que
“todas las actividades que desarrolle la Secretaría de Inteligencia del Estado,
como asimismo su organización, funciones y documentación, son calificadas en
interés de la Seguridad Nacional de ‘estrictamente secreto y confidencial’”.
Autobiografía
La burocracia que hay que tolerar para convertirse en agente no es menor. Es
así que Alvarez debió llenar una extensa declaración jurada de historia personal
confidencial, aunque pudo saltearse los casilleros destinados a los miembros de
las Fuerzas Armadas. En esa planilla informó que cursó la escuela primaria y
secundaria hasta cuarto año en Emaus y que terminó el último año en el Instituto
Anglo Argentino. Se preocupó en destacar que tenía “contactos en el extranjero
porque durante los dos últimos años había trabajado con su padre en
exportaciones e importaciones y trató con comerciantes de Japón, Hong Kong,
Taiwan y Estados Unidos”.
Contestó que no había sido miembro del PC u otras organizaciones comunistas
ni de alguna organización totalitaria. También respondió “no” a una pregunta que
parecía estar fuera de lugar. “¿Es usted o ha sido miembro en nuestro país o en
el extranjero de alguna organización, asociación, movimiento o grupo o
combinación de personas que propugnan el derrocamiento del gobierno o que ha
adoptado la política de propugnar o aprobar la comunión de actos de fuerza o
violencia para denegar a otras personas los derechos que tienen según la
Constitución, o que tratan de alterar la forma de gobierno por medios
inconstitucionales?”, cuestionaba la SIDE, ella misma integrante de una
“combinación de personas” que había adoptado “la política de propugnar o aprobar
la comunión de actos de fuerza o violencia para denegar a otras personas los
derechos que tienen según la Constitución”. Alvarez dijo que no y, al parecer,
era la respuesta correcta.
Otros datos de interés para la Secretaría fueron la religión: “católica
apostólica romana”, el estado civil: “casado” (estar separado o divorciado
implicaba dar muchas explicaciones), los idiomas que hablaba o entendía
correctamente: “ninguno” y los deportes que practicaba. En este último punto
Alvarez se esmeró. Marcó natación, tenis, tiro de pistola, rugby y fútbol y se
describió como aficionado al polo y la equitación. En las últimas elecciones,
seguramente influyó el suegro, polista y amante de las artes ecuestres.
Su declaración patrimonial incluía sólo la casa en la que vivía en Hurlingham
y una hipoteca en el Banco Provincia. No tenía depósitos bancarios ni en caja de
ahorro y seguro y, en relación al dinero en efectivo, respondió “lo normal”.
En la carta a sus “futuros superiores” Alvarez expuso sus “temores” e
“incertidumbres” respecto de la decisión que estaba tomando al solicitar, a sus
25 años, convertirse en agente de Inteligencia en plena dictadura. “Temores de,
primero, no entrar e incertidumbres de una vez en mi lugar de trabajo, cuál será
éste y si estaré realmente capacitado para no defraudar”, escribió el diputado
(ver aparte).
Carrera
El alias que como espía tenía que usar para ocultar su identidad seguía la
vieja costumbre de coincidir con las iniciales del nombre verdadero. Una vez
convertido en Javier Alzaga, a Alvarez no le fue mal.
Sus superiores lo consideraban un “excelente analista” que se destacaba por
su “criterio, iniciativa y conocimientos específicos y generales”. En tres
evaluaciones lo calificaron con diez en todas las variables: rendimiento,
iniciativa, cooperación, disciplina, cultura general y criterio. En 1983 tuvo
que repartir sus estudios de abogacía con algunos cursos. “Encuadramiento legal
SIDE, Teoría de la Subversión y Contrasubversión, Documentación, Evolución
Histórica de Occidente, Introducción a la Contrainteligencia, Introducción a la
Inteligencia, Representación Argentina Geográfica y Técnicas de Trabajo.” En
todos tuvo buenas notas, pero se destacó en Introducción a la
Contrainteligencia.
En 1984, con su diploma de abogado en la mano y su experiencia acumulada,
presentó la renuncia por “razones de índole particular”. Casualmente, o no
tanto, ese mismo año se convirtió en asesor del bloque de diputados del PJ. La
biografía que figura en su página de Internet indica que “su trayectoria pública
se inicia con la democracia”. Efectivamente, la trayectoria anterior, hasta hoy,
se había mantenido en secreto.
DUHALDISTA, BONAERENSE Y EXPERTO EN SEGURIDAD
Un “general” de alto perfil
Ahora es uno de los “generales” que impulsa la candidatura del ex
ministro de Economía Roberto Lavagna. Pero en algún momento creyó que podía ser
vicepresidente de Néstor Kirchner como representante de Eduardo Duhalde. En
cambio, fue relegado al octavo lugar en la lista de diputados y desde allí se
convirtió en el jefe de campaña de Chiche Duhalde. Conocido como especialista en
seguridad, ocupó la secretaría de esa área en la provincia de Buenos Aires, el
ministerio nacional y fue llamado en la ciudad de Buenos aires después de la
tragedia de República Cromañón.
Juan José Alvarez se inició en la política “pública” como asesora del bloque
de Diputados justicialistas. En 1989 fue elegido por la provincia de Buenos
Aires como miembro del Colegio Electoral que consagró la fórmula Carlos
Menem-Eduardo Duhalde, quienes lo designaron como Superintendente Nacional de
fronteras en el Ministerio de Defensa. Pero el primer gran salto de su carrera
fue su consagración en 1995 como intendente de su ciudad, Hurlingham.
Después de un paso breve por la Secretaría e Seguridad provincial durante la
gestión de León Arslanian, Alvarez fue reelecto como intendente en 1999, pero
antes de terminar su gestión fue convocado por Carlos Ruckauf, ahora para
hacerse él mismo cargo de la Secretaría de Seguridad de la provincia de Buenos
Aires. Era fin de octubre de 2001 y a Alvarez le tocó lidiar con los saqueos de
la crisis de diciembre de 2001, aunque fue señalado por tener buenos vínculos
con las organizaciones que participaron en ellos.
Luego de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, el fugaz presidente
Adolfo Rodríguez Saá lo nombró en la Secretaría de Seguridad Interior y fue
confirmado en ese puesto por Eduardo Duhalde. Desde esa función fue el
coordinador del operativo montado alrededor del Puente Pueyrredón por la marcha
piquetera del 26 de junio de 2002 que juntó, por primera vez ante una protesta
social, a la Policía Federal y la Bonaerense, la Prefectura y la Gendarmería.
Durante esa manifestación fueron asesinados por miembros de la bonaerense los
militantes del MTD Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Alvarez fue denunciado
por las organizaciones piqueteras, pero nunca fue citado por la Justicia.
Después de ese hecho, Duhalde lo ascendió a ministro de Justicia y Seguridad.
Fueron días de alta exposición. Pero con el fin del mandato de Duhalde también
terminó, por un tiempo, el alto perfil de Alvarez.
Después de su elección como diputado no se mezcló como un legislador más.
Volvió a figurar en las primeras planas, aunque no por su labor parlamentaria:
ocupó interinamente el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires y
llegó a la ciudad de Buenos Aires –un territorio ajeno– en la misma área después
de la tragedia de Cromañón.
Desde ese puesto se ganó la antipatía de los ibarristas y volvió a generarla
en Kirchner. Actualmente es el prinicpal operador de los peronistas no
kircheristas, que buscan una estructura que contenga a Lavagna para hacer frente
al oficialismo. Para eso, cultiva sus relaciones con el macrismo y es el
encargado de reclutar a los “coroneles” en las segundas líneas del
peronismo.
Los Mercado
El coronel Pedro Mercado, ex jefe del comando de Remonta, fue quien junto al
represor Albano Harguindeguy introdujo a su yerno en la SIDE. Mercado fue
involucrado por el ex policía Rodolfo Peregrino Fernández en el secuestro de la
trabajadora social Lucía Cullen, desaparecida el 22 de junio de 1976. El ex
policía, que trabajó en el Ministerio de Interior y declaró ante la Conadep,
aseguró que Harguindeguy le había ordenado que le dijera al jefe de Remonta que
el día de la detención de Cullen retirase los guardias de la puerta del
organismo, que quedaba al lado de la casa de la trabajadora social. El propio
Fernández fue quien gestionó el “área liberada” y luego vio cómo se torturó a la
secuestrada con picana eléctrica en el centro clandestino Omega, cerca de Camino
de Cintura. En el sótano “había una cama sin colchón a la que estaba atada de
pies y manos, totalmente desnuda, Lucía Cullen, con los ojos sin vendar”,
relató. Luego de que se conociera este testimonio, Mercado aseguró que el día
del secuestro estaba en Caracas presidiendo el jurado del Concurso Ecuestre
Militar Latinoamericanos. El suegro de Alvarez, que falleció en abril de 2001,
fue, según la elogiosa necrológica publicada en La Nación, un destacado polista
y ferviente amante de las artes ecuestres. Intervino durante casi treinta años
en competencias de saltos hípicos y fue representante del país en esa disciplina
en dos Juegos Panamericanos y en las Olimpíadas de Helsinki. Su hijo Pedro
Edgardo Mercado también siguió la carrera militar. Pero no llegó tan lejos como
el padre. Fue detenido y condenado por participar en el alzamiento carapintada
liderado por Mohamed Alí Seineldín en diciembre de 1990. Mercado hijo estaba al
mando de la columna rebelde que fue acusada de asesinar a quemarropa al soldado
Javier Gómez. La Cámara Federal no pudo definir de dónde llegaron los disparos y
lo absolvió. Pero siguió preso por su rol en la rebelión. No quedó libre de todo
cargo hasta que, antes de dejar la Presidencia, Eduardo Duhalde indultó al líder
del MTP Enrique Gorriarán Merlo y a Seineldín y los suyos. El decreto que
incluía el beneficio para Mercado hijo fue firmado por Alvarez, su cuñado y en
ese entonces ministro de Justicia.
Composición, Tema: ¿Porqué quiero ser un agente de inteligencia?
¿La carta que escribió Alvarez al solicitar su ingreso a la central de los
espías.)
Apellido y nombres: Juan José Alvarez
Lugar y fecha: Febrero de 1981 en Buenos Aires
Tema: Carta a mis futuros superiores
Me dirijo a uds. a quienes no conozco con la idea de que a través de esta
carta por lo menos me conozcan a mí.
Ya habrán uds. tenido, cuando tuvieron que tomar una elección tan importante
como la que estoy tomando al entrar (o pretender entrar) a la secretaría,
ciertos temores e incertidumbres como los míos; temores de, primero, no entrar e
incertidumbres de una vez en mi lugar de trabajo, cuál será éste y si estaré
realmente capacitado para no defraudar. La respuesta, es obvio, no la encontraré
hasta llegar el momento, pero puedo decirles qué es lo que me decidió.
Trabajaba con mi padre y eventualmente con mi hermano desde los 15 años
aproximadamente, cursé el colegio secundario en cinco años y entré a la
Universidad Católica, facultad de Derecho. Al cabo de tres años y por motivos de
salud de mi padre abandoné los estudios, actitud que quizá no fue correcta vista
desde hoy, pero que en su momento se me presentó como única.
En el año 79 en el mes de marzo me casé con Graciela y en los últimos días
del mismo año nació nuestro hijo. Con la responsabilidad de una familia fui
madurando lo que quizá no maduré antes (en cuanto a intensidad) y a partir de
aquí volví a soñar con terminar mis estudios y poder servir mejor a nuestra
Patria.
Ahora bien ¿cómo? Un trabajo por mi falta de horarios era una gran
dificultad; evidentemente no era posible había que buscar un trabajo con un
orden horario.
Entonces aparece el segundo interrogante, ¿dónde?
Mi convencimiento de que un joven debe servir a su país unido a la
posibilidad que me brinda (espero) la secretaría para hacerlo me decidieron a
postularme. Creo tener ciertas condiciones que pueden ser aprovechadas por
uds.
Soy un buen lector, trato de estar informado y considero que mi carácter
amistoso pero enérgico es favorable para una actividad de una responsabilidad
como tienen uds. y busco yo.
Quiero remarcar que de uds. espero me enseñen todo lo necesario para cumplir
mi trabajo correctamente así con el tiempo dejaré de ser “deudor” con sus
enseñanzas. Mi propia experiencia laboral más un título de abogado, el cual
espero conseguir en no más de 3 1/2 años, me permitirán transmitirlo a otros
aspirantes que como yo hoy, estén cargados de una gran ilusión unido a la idea
clara de tratar de servir.
Sin más y esperando una respuesta que quizá nos sirva para conocernos
mutuamente.
Saludos muy atentamente
Febrero de 1981.
El Álvarez Montonero
Alvarez no es un apellido poco común. Y no es difícil que el diputado tenga
más de un homónimo. Pero uno en particular le trajo problemas cuando era
“aspirante” a agente de Inteligencia de la SIDE. Es que los miembros de ese
organismo descubrieron que una persona con el mismo nombre que militaba en la
agrupación Montoneros había sido secuestrada por el Ejército y puesta a
disposición del Poder Ejecutivo Nacional en diciembre de 1976 (según datos que
proporcionó el mismo Ejército). Este hallazgo motivó que Alvarez fuera sometido
a un examen más minucioso que el resto de sus colegas. La SIDE ordenó un informe
especial “para determinar si el detenido en la oportunidad es el causante,
veracidad en cuanto a la militancia en dicha organización e ideología del
postulante y otras posibles vinculaciones ideológicas del causante”.
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