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Guambia, Uruguay 20-05-2006 "Al juzgado traté de ir arreglada, fui a la peluquería, me pinté... Quise presentarme de una manera distinta a la que ellos quisieron para mí"Guillermo Memo Reimann La semana pasada, el jueves 11 de mayo, por primera vez una expresa política de la dictadura mantuvo un careo en un juzgado con quienes están acusados, además de torturarla, de matar a su hermana y desaparecer a su cuñado en 1974. Estela Reyes (52) inauguró un nuevo ciclo para la justicia uruguaya.
-¿Cómo viviste los momentos previos al careo? -Tenía como un nudo en la espalda, una contractura que me mataba. Traté de distenderme pero era difícil. Pero por otro lado estuve mucho con compañeras y compañeros que me apoyaron en todo momento, eso me hizo mucho bien. -Habrás tenido que hablarle a tus hijos. -Sí, sí, dio para hablar bastante; las preguntas de ellos fueron constantes. Muchas cosas ya estaban habladas, ellos ya sabían que sus tíos, Washington Barrios y Silvia Reyes, están muertos. Tienen 13 años, están en esa edad que preguntan todo. -¿Tuviste en cuenta con qué imagen presentarte en el juzgado? -Traté de ir arreglada, fui a la peluquería, me pinté, quise presentarme ante ellos de una manera: "bueno, acá estoy"... (se ríe). Ellos me habían dicho que nunca iba a rehacer mi vida, que no iba a poder tener hijos... Y como nada de eso ocurrió, traté de presentarme con una imagen distinta a la que ellos quisieron para mí: yo rehice mi vida, estudié, me recibí, tengo trabajos, tuve pareja, tengo hijos, estoy bien. ¡Además fui con ropa de colores rojo y negro!... (risas). -¿Tenías miedo? -No, antes de ir no sentí ningún miedo. Me sentí muy apoyada por mis compañeros, por la gente que me conoce, acá en el barrio, la gente común digo. Recibí cientos de llamadas telefónicas, mails, de acá, de Suecia, de Francia, de España... No así del gobierno que yo voté, de gente que está en el gobierno no recibí ninguna llamada de apoyo, que me hubiera venido muy bien, además. -¿Cómo fue el careo? -Fue muy largo y estresante, estuvimos más de ocho horas ahí adentro. Primero fue con Gavazzo, que nunca me miró a la cara, siempre estuvo mirando para abajo. Estaba su hija que es su abogada. Qué rara situación ¿no? Cuando yo hablé de la tortura, ahí la hija se volvió para otro lado, como que me dio la espalda. Fue muy fuerte. -¿Con quién más tuviste que enfrentarte? -Con Jorge Silveira y con Armando Méndez. El careo con Silveira fue el más difícil... Recién preguntaste si había sentido miedo: no fue miedo exactamente pero sí sentí que la actitud de Silveira era exactamente la misma que tenía en la tortura. Me miraba a los ojos en forma agresiva, provocaba situaciones como para que yo reaccionara. También negó todo y decía que no se acordaba de nada, pero siempre en un tono amenazante. Es muy fuerte encontrarse con las mismas personas que te torturaron, uno recuerda todo lo vivido en aquellos momentos. ¿Y con Méndez cómo fue el careo? -Es otro estilo el de Armando Méndez, cada uno tenía su estilo, igual que antes. Silveira y Gavazzo estaban en situación de detenidos, Méndez no. A mí me hacía gracia sentir que hablaban de "detenidos": estaban de traje, corbata... Yo me acordaba de nosotros, de mamelucos, con números, todos a la miseria, y estos de lo más elegantes, con anillos, relojes, hasta perfumados estaban... ( risas). Méndez con una actitud muy arrogante dijo que no me conocía, dijo que estuvo en la Ocoa (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas) hasta el 15 de setiembre del 74 y mi cuñado cayó preso el 17 de setiembre, dos días después, entonces él no tuvo ada que ver... Hay pruebas y testigos más que suficientes para demostrar que tuvieron mucho que ver con la muerte y la desaparición de mi cuñado. -¿A vos te habían interrogado ellos por tu cuñado? -Sí, yo caí en abril del 74 en el cuartel de Artillería 1 y cuando Washington Barrios cae en setiembre, en Córdoba, a mí me llevaron al cuartel del quilómetro 14, en Camino Maldonado, y me volvieron a torturar y me amenazaron con sacarme para la Argentina, con hacerme desaparecer y cosas así. El 20 de diciembre de ese mismo año, cuando matan a Trabal en Francia y acá aparecen cinco cuerpos en Soca, yo tuve el temor de que uno de esos cuerpos fuera el de mi cuñado. Después me llevaron al penal de Punta de Rieles donde estuve presa hasta 1982. -¿Qué supiste después tu cuñado? -Los familiares de Washington al principio no pudieron hacer mucho, estaban bastante atemorizados por todo lo que había pasado en abril, cuando fueron a buscarlo y no lo encontraron pero mataron a su compañera, que era mi hermana y estaba embarazada, y a otras dos gurisas también muy jóvenes. Estos militares que ahora están declarando por este caso estuvieron en esos operativos y fueron varias veces a la casa de los padres de Washington a interrogarlos, por eso es que los recuerdan muy bien. -¿Se resistieron con armas de fuego las tres gurisas, como han dicho los militares? -Cuando llegaron de noche el padre les dijo que Washington no estaba pero igual entraron a los balazos. Según los vecinos hubo mucha confusión y en determinado momento escucharon los gritos de las chiquilinas que decían "¡por favor no nos maten!". Después otra balacera y luego un silencio total. El cuerpo de mi hermana tenía, no sé, más de 30 impactos de bala, le faltaba una oreja, parte de la cabeza, y una pierna estaba totalmente ametrallada, de arriba abajo. -¿Qué edad tenían las gurisas? -Silvia, mi hermana, y Laura Ragio tenían 19; Diana Maidanik tenía 21, la misma edad que yo. Y mi cuñado también 21. Éramos todos muy jóvenes... (sonríe) -¿Ustedes piensan que Barrios fue traído al Uruguay? -Hubo un comunicado el 20 de febrero de 1975 que decía que mi cuñado se había escapado del lugar donde estaba detenido. Ahí los familiares entraron a moverse y hoy, visto a la distancia, uniendo todos los elementos recogidos, Washington Barrios bien pudo ser traído al Uruguay del mismo modo que trajeron en aquellos mismos días a los uruguayos que aparecieron muertos en Soca. El Cóndor ya operaba en ese momento. -¿Por qué tenían tanto interés en tu cuñado? -Ellos dicen que no les interesaba pero mi cuñado trabajaba en una agencia de viajes y todos los días subía al Vapor de la Carrera, o sea que trabajaba en un lugar muy particular en aquellos tiempos donde salía muchísima gente perseguida del país. Del 72 al 74 él estuvo en contacto con un montón de gente, por eso les interesaba tanto detenerlo. -¿A vos te detienen la misma noche en que matan a tu hermana? -Sí, el 21 abril del 74. Primero fueron a la casa de ella, en Brazo Oriental, en la calle Mariano Soler. Ahí matan a las tres chiquilinas y después vienen para el Buceo, a esta misma casa donde estamos ahora. Yo estaba con mi marido y otra pareja con una bebé de nueve meses y cuando sentimos ruido intentamos escaparnos por el fondo, si no creo que nos matan porque entraron a los tiros, la puerta la abrieron con ráfagas de metralleta. A la bebé se la dejamos a mi abuela que vivía en el fondo y cuando quisimos salir hacia otra calle vimos que ahí también habían milicos apostados. Después nos enteramos que el tiroteo que hubo era entre ellos que se tiraban desde las azoteas, porque nosotros no teníamos armas... -Los vecinos deben recordar bien esa noche, ¿no? -Sí, claro, tanto en la casa de mi hermana como cuando vinieron a mi casa los vecinos quedaron aterrorizados. A nosotros nos agarraron, nos ataron y nos sacaron de a rastros a la calle, ahí nos pegaron bastante en el suelo. Eso me lo cuentan los vecinos que vieron todo: yo perdía el conocimiento y cuando lo recobraba les gritaba "asesinos" y me pegaban de nuevo. Christi y Rapella también estaban presentes en el operativo, mi padre llegó a hablar con ellos. En el cuartel ni bien me metieron en la sala de la tortura me mostraron la foto de mi hermana: "mirá, la matamos" me dijeron, pero yo no les creí. -¿Cuándo supiste lo que le había pasado? -Unos días después me crucé por casualidad con un compañero que llevaban y traían para la tortura y él me dijo que sí, que habían matado a mi hermana y a las otras dos gurisas. Eso fue un golpe terrible pero yo necesitaba que me lo dijera un compañero porque a ellos no les creía. Y después, en los ocho años que estuve presa cada 21 de abril, que fue el día que mataron a mi hermana, me ponían en el calabozo. Y debo haber sido la única detenida que soltaron el mismo día de cumplir la pena, y además me lo dijeron claramente: "te soltamos este día para que nunca puedas festejar tu libertad". Porque, claro, era el mismo día de la muerte de mi hermana. Y fue así nomás. -Parece mentira haber vivido todo eso ¿no? -En La Paloma, que es Artillería 1, vivimos situaciones terribles, además de la tortura. Ahí nos tocó presenciar la agonía y la muerte lenta del Gordo Marcos, un compañero que se fue muriendo de a poco, lo dejaban morir y llevaban a compañeros, supuestamente a curarle las heridas, para que vieran en qué estado estaba. Recuerdo hasta el olor que el cuerpo despedía, era parte de la tortura psicológica... Le habían tiraron una granada adentro del calabozo y siempre se supo que fue Jorge Silveira el que tiró esa granada... -¿Qué expectativas tenés ahora? -Es imprescindible la justicia... Si después de todo esto ellos quedan libres mi situación es muy difícil. No porque tenga miedo, pero yo tengo hijos, no sé... es imprescindible la justicia. ESTELA LILIÁN REYES SEDARRINació el 19 de noviembre de 1952. Vivió siempre en la casa que vive ahora, en el Buceo. Fue a la escuela Paraguay de Rivera y Julio César y a los liceos 12 y Dámaso. A su hermana Silvia, dos años menor, la asesinaron el 21 de abril de 1974 junto a otras dos jóvenes en el barrio Brazo Oriental. Esa misma noche fue detenida y estuvo presa ocho años. Una vez en libertad siguió profesorado de geografía y actualmente da clases en los liceos Cervantes, San Cayetano y el 29. Tiene hijos trillizos: Maite, Mauricio y Emiliano de 13 años. Es testigo en el caso de desaparición de su cuñado Washington Barrios y ha comparecido frente a quienes la torturaron en el 74. |