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www.granvalparaiso.cl Sus familiares creyeron haberlos encontrado por fin y realizaron sus funerales para que descansaran en paz, pero ahora descubren que se trataba de cadáveres ajenos Malú Ferrés (21/04/06) NO ME CAUSA sorpresa enterarme de que el Servicio Médico Legal cometió errores al entregar las osamentas de las personas asesinadas en dictadura y enterradas en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago a los familiares de las víctimas, quienes organizaron en cada caso afectuosas ceremonias de sepultación y visitaban con frecuencia sus tumbas para rezarles o rendirles tributo.
Se ha señalado que la noticia parece cruel, pero que es cierta. Dejémonos de eufemismos. No es que parezca cruel, sino que es en realidad tremenda, espantosamente cruel que después de 15 años de haber sido descubiertas estas 107 tumbas, que albergaban las osamentas de 126 detenidos desaparecidos tras el golpe militar de 1973, el Servicio Médico Legal haya reconocido a la Justicia que cometió errores en el proceso de identificación de quienes fueron brutalmente asesinados. Los rostros optimistas con que los deudos llegaron al Palacio de Tribunales volvieron a reflejar el pesar y angustia con que han debido soportar esta incansable, inagotable y a la vez desesperada búsqueda, al enterarse de que había errores en la identificación de algunas osamentas. La revelación vino a echar por tierra más de 14 años de trabajo y de una lucha que esos familiares vienen dando desde la desaparición de las víctimas, hace más de 30 años. El ministro instructor de los procesos se limitó a señalar que se habían detectado “errores” y que ellos serían explicados detalladamente a los familiares por los propios especialistas. Lo que no dijo fue quién era el responsable de las equivocaciones y quién ha demorado este proceso más de lo legal y reglamentario. Esto es un gran drama humano, porque significa para los familiares el horrendo sufrimiento de aceptar que las víctimas han desaparecido de nuevo. Recuerdo que cuando se encontraron los supuestos restos de Diego Portales, a los pocos días todo quedó aclarado pues científicos de la Universidad de Chile acreditaron con certeza que pertenecían al personaje histórico. ¿Por qué existen los medios para identificar las osamentas de Diego Portales y no las de las personas detenidas, asesinadas y desaparecidas durante la dictadura de Pinochet? La respuesta la encuentro bien simple: porque los asesinos de Diego Portales están todos muertos. En cambio, los asesinos de estas personas enterradas en 107 tumbas que contenían 126 osamentas, están –muchos de ellos– vivos y se pasean tranquilamente por una plaza de algún pueblito o por las autopistas de la capital, rodeados y protegidos por personal armado y una ambulancia que está presta a brindarles auxilio en caso de un problema de salud. |