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El Presidente de la Nación, Néstor Carlos Kirchner declaró: “Hoy estamos haciendo una reforma que obviamente todas las corporaciones vetustas y viejas, como el Colegio de Abogados, están en contra, porque tenían ahí su quintita”. Se refería a la oposición que – entre otras organizaciones no gubernamentales – FACA y otras instituciones representativas de la abogacía expresaron ante el proyecto, ya sancionado a estas alturas, de reforma del Consejo de la Magistratura. No fue la única voz que, desde la llamada clase política, se alzó en contra de nuestro gremio. Debiera tratarse de un dato curioso si tenemos en cuenta que muchos políticos son abogados. Pero, la realidad demuestra que una cosa bien distinta son el título y el ejercicio profesional. Sin quererlo, durante el debate, desudó estas diferencias el Diputado Nacional Luís Cigogna.- Ningún otro “estamento”, de los que integran el Consejo fue denostado como el de los abogados. Sin embargo ningún otro sector social aportó más. Acierta el señor Presidente cuando dice que perdimos; pero, lo que perdimos no fue la quintita, ya que nunca la tuvimos. ¿En qué puede beneficiarnos o perjudicarnos, como sector, nuestra pertenencia al Consejo de la Magistratura?. ¿Qué ventaje puede reportarle a los abogados contar con dos, tres, cuatro o cinco representantes en la institución?. Yo, personalmente, no la veo. Los abogados que vivimos de nuestra profesión y que desinteresadamente trabajamos en las instituciones de la colegiación, no tenemos otro interés que el mejoramiento de la justicia ya que en ella se encuentra nuestra forma de vida y nuestra subsistencia.- Nadie como nosotros conoce la problemática de la justicia y de la corporación judicial. Nadie las padece más. Nosotros somos los intermediarios entre la justicia y la sociedad. Nadie más lo es.- Cuando se estaba reformando la Constitución en Santa Fe, en 1.994, tuve la suerte de estar – como asesor – presente en los debates de la Comisión de Núcleo de Coincidencias Básicas. Allí se discutió el Consejo de la Magistratura. Fue, por momentos, grotesco el desfile de jueces tratando de influir en su diseño constitucional porque eran concientes que se estaba poniendo en riesgo la espada y la bolsa. Esa estructura horizontal; que Raúl Eugenio Zaffaroni describía antes como una corporación que lesionaba la independencia de los jueces más que las presiones externas, tensó sus fuerzas y salió a operar. De otro lado, surgía el Encuentro de Jueces, como un ala democrática, con aspiraciones distintas. El Encuentro luego desapareció, aunque existe una agrupación de jueces para la democracia. Ante ellos, en una conferencia en nuestra Facultad de Derecho de la UBA un renovado Zaffaroni se mostró sorprendido ante lo que se vislumbraba por algunos como el riesgo de la dictadura de los jueces, aclarando que era el único caso del temor ante una dictadura que nunca existió. Poco quedaba así de sus afirmaciones en Estructuras Judiciales. También hicieron escuchar sus voces la federación Argentina de Colegios de Abogados y la Asociación de Abogados de Buenos Aires, entre otras representaciones gremiales de la abogacía argentina.- Cuando finalmente el Consejo entró a la Constitución, nos llenamos de esperanzas en sanear a la desprestigiada – con razón – justicia argentina. Hubo que esperar cuatro años para que se sancionara la ley poniéndolo en funciones. Su historia fue zigzagueante. Las presiones de la corporación judicial por el manejo de la disciplina y el presupuesto; otra vez la espada y la bolsa, fueron feroces. Los acuerdos de la corporación con la clase política, obscenos. Y ahora, con cinismo, desde la misma clase política se critican las maniobras por ella impulsadas, con intereses espurios. La representación de los abogados; sobre todo en voz de Beinusz Szmukler, denunció permanentemente este entrecruzar de intereses lesivos de las instituciones de la democracia y de la justicia.- Los abogados no entraron en componendas ni tuvieron fuerza para imponer sus posiciones. Entre los sectores de la política, la justicia y la abogacía; esta perdió, por mucho, la pulseada. ¿Qué se nos puede reprochar si intentamos poco o mucho sin ser oídos?. Eso sí, con sentido autocrítico debemos admitir que no fuimos capaces de movilizar a la sociedad. La gran ausente en el debate fue esa sociedad. Curiosamente es a ella a quien más debe interesar el tema de la justicia, porque es su destinataria y quien sufre a los malos jueces y los malos fallos. No supimos como hacer conocer nuestras posturas. Perdimos sí; pero perdimos un poco más de prestigio y la oportunidad de influir en una mejora de verdad del Consejo. No supimos hacer llegar nuestro mensaje. Fuimos destinatarios de las más groseras agresiones. Desde la afirmación genérica de haber colaborado con la dictadura, hasta la de pretender la defensa de intereses corporativos. Es cierto que las instituciones que nos debían representar no estuvieron, durante el terrorismo de estado, a la altura de las circunstancias; pero, ¿quién lo estuvo?. ¿Los jueces? Casi ninguno. ¿Los políticos?. Bastante pocos. Nuestros casi ciento cincuenta compañeros detenidos desaparecidos, nuestros presos, exiliados, torturados, no merecen entrar en la bolsa a que fueron echados antes y durante los debates parlamentarios. La FACA de hoy no es la del periodo 1976/1983. El Poder Ejecutivo, tampoco. Los políticos tampoco y los jueces tampoco, a pesar de los residuos que sobreviven, a pesar del Consejo de la Magistratura y no precisamente por maniobras con la representación de los abogados.- Somos el sector que más ha perdido. De cuatro representantes, tendremos dos. Los jueces, de cinco, pasan a dos; pero, recuperan la espada y la bolsa y de paso, un viejo anhelo, las causas prescribirán a los tres años. Sumado a este dato el hecho de que hemos sido desalojados de la Comisión de Selección, habrá que ver si no quedamos relegados al papel de meros legitimadores de un instituto manejado por el ejecutivo en connivencia con la corporación judicial. Habrá que estudiar profundamente la propuesta del Colegio de Abogados de Córdoba que quiere retirar nuestra representación del Consejo.- El sector político incrementa su representación. De nueve entre veinte pasa a tener siete entre trece. Volvemos a lo que en 1.994 se quiso desterrar. En aquella época la función de contralor de la conducta de los jueces lo ejercía la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados, de muy mal recuerdo, para los que tenemos recuerdo. El Pacto de Olivos llevó una bandera: la reelección. Del otro lado, para balancear y evitar un poco el desprestigio, se enarboló, como moneda de cambio, al Consejo de la Magistratura, entre otros puntos logrados en el toma y daca. Junto con la incorporación de los instrumentos del derecho internacional de los derechos humanos, el Consejo fue un logro plausible. Acabamos de retroceder.- De esta amarga experiencia los abogados argentinos debiéramos extraer una enseñanza. Tenemos el derecho y el deber de hacer oír nuestras voces y ser respetados en materia de justicia, de defensa de las instituciones de la democracia y de los derechos humanos; entre otros, del acceso a la jurisdicción. ¿Cómo hacerlo?. Primero, en un gran debate nacional. Al mismo tiempo y apuntando a ello, fortaleciendo nuestras instituciones. Nuestros Colegios han ido perdiendo representatividad y legitimación a medida que más y más colegas se han alejado o directamente no se han acercado jamás. Y esto es imperdonable. Los Colegios son nuestros, debemos fortalecerlos, apoyarlos, renovarlos. En el caso concreto del Colegio de Morón, existe una vieja tradición de defensa de la profesión y de los derechos humanos. Ha sido sede de Jornadas Nacionales de Defensa de la Defensa y de dos Congresos Nacionales de Derecho Constitucional y Humanos. Ha salido a defender a los matriculados en un duro enfrentamiento con un sector de la judicatura. Sus directivos sufrieron querellas y demandas patrimoniales. Merecen; en suma, que los acompañemos. Esa al menos es mi impresión, a escasas horas de que el Poder Ejecutivo nos pasara por arriba con su proyecto, esgrimiendo argumentos cínicos como el peso de los votos – siendo que el proyecto no fue puesto en plataforma alguna – y en la escasa presencia de personas para rodear el Congreso, que según expresión de Luís Cigogna, no alcanzaron PARA rodear una cabina telefónica.- |