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Palabras del subdelegado zero en el mitin de Xalapa Buenas tardes Xalapa, hombres, mujeres, niños y ancianos de aquí de Xalapa y de los alrededores.
Lo que estamos viendo hoy es precisamente de lo que se trata la Otra Campaña. Están los que están arriba a la derecha y están los que están abajo a la izquierda. Y allá arriba a mi derecha nos están pidiendo que miremos para allá, que dejemos sola nuestra mirada, nuestra pregunta, nuestro grito, nuestra indignación, porque allá arriba tal vez nosotros no sepamos dónde está Miguel Alemán, pero sí sabemos dónde debe de estar: en la cárcel. Y la propuesta que están haciendo que miremos hacia allá arriba a la derecha, donde están viendo cómo se reparten los dineros que nos sacan a nosotros, los puestos, las prebendas y las decisiones que toman allá arriba, es para que individualicemos nuestra mirada, nuestra palabra y nuestro oído. Cuando uno mira para arriba está solo, cuando habla hacia arriba su grito se pierde, cuando escucha solo escucha órdenes. Y nosotros no queremos mirar para allá arriba. Eso es lo que venimos a proponerle a Xalapa: que no mire ya más hacia arriba a la derecha, no vale la pena. Si alguien quiere que distingamos entre los diferentes partidos políticos, haría bien en pedirles a ellos que se diferencien unos de otros, porque son los mismos que están brincando de un color a otro, según cada sexenio o cada cambio de presidencia municipal. Porque lo sabemos bien que los que antes eran del PRI ahora tienen otro color, o si eran del PAN también de otro color. Entonces, tal vez, mirando hacia arriba a la derecha nos olvidamos y perdemos la memoria y olvidamos que esta ciudad, Xalapa, fue conocida como la Atenas del Golfo; que florecía aquí la cultura, el arte, el trabajo; que pocas ciudades y pocos lugares en este país podían preciarse del nivel cultural que aquí florecía. Y entonces podemos preguntar: ¿quién convirtió esto en lo que es ahora?, donde el principal beneficiado es el ciudadano automóvil, donde se están construyendo centros comerciales. Y le hacen perder a Xalapa la vergüenza y la memoria, donde los jóvenes estudiantes no sólo tenían la oportunidad de un estudio y un futuro con trabajo, también una vida cultural que los hacia mejores seres humanos y les permitía ir por la vida con verdadera dignidad. ¿Qué fue lo que hizo a Xalapa lo que es ahora?, donde los jóvenes son enseñados a obedecer y si no obedecen son expulsados de sus escuelas. ¿Qué hizo a Xalapa lo que es ahora?, donde las mujeres son hostigadas sexualmente, perseguidas, agredidas no sólo personalmente por los hombres, también por los anuncios publicitarios, por la actitud de una sociedad que le asigna el papel de cosa, de objeto, de adorno más o menos bonito. ¿Qué hizo de esta ciudad de Xalapa, rodeada por los Totonacos y su gran cultura, qué la hizo que se avergonzara de su raíz indígena?, y cada vez que pudiera se convertía otra vez su corazón en blanco, en el blanco del que en el norte domina y manda. ¿Qué hizo de Xalapa que se avergonzara de sus trabajadores?, y viera cómo los persiguen, los golpean y los meten a la cárcel aquéllos, precisamente aquéllos que son los que deberían estar adentro de esa cárcel. ¿Quién hizo esto de Xalapa y quién puede salvarla? El que lo hizo está arriba a mi derecha, puede cambiar su color, puede cambiar su nombre pero allá arriba no hay más que la desesperanza que continúe y que continúe la destrucción de Xalapa, de lo que fue y de lo que no será si no hacemos nada más. Y entonces, nosotros lo que venimos a decir es que no miremos individualmente, en nuestra soledad, lo que está pasando allá arriba. Que miremos hacia abajo y hacia abajo miremos también la explotación y el racismo que hay sobre los indígenas totonacos, nahuas, popolucas, que hay en nuestro estado de Veracruz. Que miremos también su rebelión, su forma de organizarse. Que miremos a los campesinos despojados de sus tierras, aferrados a ellas como lo último que queda y acosados por los bancos, por el Procede, por la Secretaría de la Reforma Agraria, por los gobiernos que han convertido el trabajo en el campo en un delito. Miremos a sus jóvenes estudiantes, hombres y mujeres tratando de recuperar la dignidad y rebeldía que caracterizó a la juventud en Veracruz; que la hizo que fuera mirada con asombro por los jóvenes de otras partes del país, y que son perseguidos, expulsados de las escuelas, estigmatizados, producto de la extorsión de policías de diverso tipo. Encontremos en ellos, allá abajo, también esa dignidad y esa rebeldía, ese ánimo de buscarse y encontrarse, de crear y hacer florecer esas artes que ahora están perdidas, porque no son producto del presupuesto que allá arriba se están robando, sino que tienen que buscar sus propios lugares para crear, producir y decir sin pena, y poder decir sin pena: soy joven. Miremos hacia abajo y miremos a las mujeres, las amas de casa en las colonias populares, en la clase media; miremos su dolor y su indignación a la hora de recibir la cuenta de la luz eléctrica, a la hora de recibir la cuenta del agua, del teléfono, del predial y ver cómo todo lo que fue producto del trabajo —la poca paga que se consiguió— se va para aquellos que no tienen más trabajo que ver la forma de humillarnos y de explotarnos. A lo mejor si miramos hacia arriba a la derecha, a mi derecha podemos preguntarnos: ¿qué trabajo tiene ese que está allá arriba?, ¿por qué gana tanto dinero?, ¿quién se lo paga?, ¿de dónde lo saca?, ¿por qué entra con una cantidad de dinero y cuando sale, sale más rico y más poderoso?, ¿por qué cuando acaban ahí son carne de presidio que está comprando año tras año su impunidad hasta que termina huyendo al extranjero? Y si miramos otra vez abajo, a la izquierda, encontramos a otro como nosotros; con el mismo dolor, con la misma indignación. Encontramos a los trabajadores petroleros expulsados, despedidos, obligados a ser empleados de la destrucción que está haciendo PEMEX en el campo veracruzano. Miremos a los trabajadores del Seguro Social también criminalizados; miremos a los trabajadores de las empresas también, una y otra vez extorsionados. Miremos hacia abajo y a la izquierda y vamos a encontrar un dolor como el nuestro, una rabia como la nuestra y una indignación como la nuestra. Y, tal vez, empecemos a conocer esa otra historia: la historia que está abajo y a la izquierda, que a lo mejor tiene que ver con eso que floreció alguna vez en Xalapa: aquello que se llama dignidad, que se llama memoria, que se llama rebeldía, que se llama ganas de ser mejores de la única forma en que se puede ser mejores, o sea, con todos. Miremos hacia abajo y encontremos esas historias, esas historias de rebeldía, de organización, de lucha cotidiana para conseguir un pedazo de pan, el reconocimiento de un pedazo de tierra, el reconocimiento de un estudio, un pequeño aumento salarial, un derecho laboral que ahora está siendo estigmatizado. Miremos hacia abajo y encontremos ahí, abajo y a la izquierda, al otro que es como nosotros, a la otra que es como nosotros. La Otra Campaña sólo viene a decirles que cambiemos la dirección de nuestra mirada y que, en ese momento que cambiemos la mirada, la vamos a hacer colectiva, y nuestra rabia y nuestra indignación va a dejar de ser entonces algo individual, estéril, solitario. Volteemos, en lugar de hacia arriba a la derecha, abajo a la izquierda y encontrémonos con otros sin dejar de ser lo que somos, con nuestras organizaciones, con nuestra lucha, con nuestra individualidad o nuestra colectividad. Levantemos junto con nosotros, junto con todas las organizaciones políticas, sociales, no gubernamentales, culturales, religiosas, de derechos humanos, ecologistas, personas individuales, familias, que están ya levantando un movimiento nacional de rebeldía, no para que cambie el color que nos domina, sino para que cambie todo lo que allá arriba a la derecha nos pudre, nos humilla y nos avergüenza. Es nuestro pensar que estas cosas sólo se pueden cambiar, que solo se pueden rescatar, desde abajo a la izquierda; justo aquí, como en Xalapa se presentan las cosas. Cualquier otra propuesta que reciban —tenemos que decirlo— es una mentira. Y ahora ya no se trata de que si vamos a sobrevivir un día más; ahora de lo que se trata es de si vamos a seguir siendo mexicanos en este país. De la única forma que podemos, es transformándolo desde abajo, radicalmente; que no quede nada de ese edificio de enfrente, de lo que representa; de esos grandes centros comerciales, de lo que representan. Que valga lo que tiene que valer el trabajo de la gente que trabaja, su dignidad, su ser humano, como dijeron acá. De eso se trata la Otra Campaña, no de llegar a un cargo público, no de elevar a un nuevo dirigente o a un líder: no queremos a Marcos, ni a Felipe, ni a Andrés Manuel, ni a Roberto, dirigiendo nuestras vidas. Nos queremos a nosotros mismos como lo que ha demostrado nuestra historia, la historia de Veracruz, la historia de cada uno de ustedes. Porque entre las memorias que estamos perdiendo está lo que este pueblo, el pueblo de Veracruz, ha aportado a la historia de este país. Y no son las vergüenzas que están arriba a mi derecha; son las historias de lucha, de heroísmo y sacrificio que pintan ya las páginas de la historia de México, ante las invasiones extranjeras. Eso es lo que estamos sufriendo ahora, pero el extranjero que nos está dominando y conquistando tiene acta de nacimiento de México y, sin embargo, es más extranjero que el verde dólar que lo alimenta. A lo que los estamos invitando nosotros, compañeros y compañeras, es a que junto con nosotros tomen en sus propias manos su destino, y que se unan a este movimiento y lo hagan suyo; no al movimiento de los zapatistas, no al movimiento de los que están en la Otra Campaña, sino su movimiento. Que ahí creen su espacio, luchen por él y lo defiendan como jóvenes, como artistas, como estudiantes, como mujeres, como trabajadores, como campesinos, como pueblos indios. Porque así como arriba a la derecha están unos cuantos decidiendo los destinos, abajo a mi izquierda esta el único que puede cambiarlo: esto que somos ahorita, esto que nadie escucha, esto que nadie ve. Porque hay, abajo a mi izquierda, rostros descubiertos, nombres, credenciales y, sin embargo, nadie nos ve, nadie nos toma en cuenta. Y lo único que vale es lo que traemos en el bolsillo —si es que lo traen—, que es una credencial de elector, que es simplemente la tarjeta de crédito con la que endosamos cada seis años, o cada tres años, nuestro destino a otro. Hagan su cuenta xalapeños, xalapeñas. Vean si esta ciudad que floreció alguna vez, en arte, cultura y trabajo, es la misma. Busquen al responsable. ¿Quién es el culpable de esto? Está arriba a mi derecha y detrás de él está el poder que ya no tiene nombre. Es el mismo que está uniformando todas las ciudades de México. El mismo que está comprando el patrimonio cultural; que ha convertido nuestra historia en un espectáculo de luz y sonido en Tajín. El mismo que se avergüenza de nuestras raíces indígenas. El mismo que está robando la tierra a los campesinos, exactamente como cuando la conquista de México. Es el mismo que está obligando a nuestra gente a buscar trabajo en otro lado. El mismo que está obligando a que México se parta y se convierta en un migrante de sí mismo; que desaparezca como nación: sin tierra, sin cultura, sin historia, sin gente. Nosotros lo que les venimos a decir es que nosotros no vamos a permitir eso. Y que nosotros no podemos solos. No venimos a darle clases a nadie, ni a hacer un ejercicio pedagógico de lo que deben ser las cosas. Si la Otra Campaña se convierte en una gran escuela, en ésa, ustedes son los maestros y nosotros los alumnos. Porque nadie va a venir a decirles a ustedes su historia y su lucha. Ustedes mismos nos van a enseñar a nosotros, y a otros como nosotros, lo que es la lucha acá. Y esto que llamamos la Otra Campaña se trata de esto que ya estamos haciendo: otra forma de hacer política donde escuchemos a la gente, sus necesidades, sus dolores, sus rebeldías, sus demandas. Y que de esa escucha vayamos construyendo un Programa Nacional de Lucha, donde quede claro qué es lo que quiere Xalapa, qué es lo que quieren los estudiantes, las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los trabajadores. No que venga alguien de afuera, de arriba a la derecha, a decirnos qué es lo que necesitamos, sino que nosotros mismos lo digamos. Y se trata de que transformemos el país; que lo hagamos otra vez de vuelta, como debe estar: parejo. Donde el que trabaja, sea el que gane y viva mejor; y el que holgazanea y haraganea —como el que está arriba a mi derecha— no tenga nada, ni siquiera el salario mínimo. Lo que nosotros estamos proponiendo es que a la hora que resulte este país que estamos proponiendo, una nueva realidad; cuando sea bueno y nuevo el México que queremos, es necesario que hagamos un nuevo acuerdo de cómo vamos a vivir en él. Ese nuevo acuerdo es la nueva Constitución. La que está ahora sólo sirve para humillarnos, para despojarnos y para robarnos. Por eso, cada seis años —como ahora con Miguel Alemán— vemos que las leyes protegen al que sale huyendo con los bolsillos llenos de dinero que nos robo. Mientras el que queda se encarga de protegerlo, para que después hagan lo mismo con él. Si así sigue, compañeros y compañeras, no va a haber Xalapa; no va a haber Veracruz; no va a haber país. Tenemos que hacerlo ya. No los estamos llamando a que se alcen en armas, ni a que se tapen el rostro, ni a que dejen su tierra. Los estamos llamando a que sigan luchando en sus organizaciones, en sus tierras, en sus barrios, en sus escuelas, en sus centros culturales, pero ya no más solos. Ya vimos todo este tiempo lo que significa estar solos y solos enfrentar al de arriba a la derecha. Lo que estamos pidiendo es que unan esa lucha, que exijan el respeto para su autonomía y su independencia como organización o como individuo. Y que en este gran movimiento se unan a otros y juntos respondamos si nos atacan. Y juntos empecemos a avanzar. A hacer andar este país como lo hacemos andar de por sí cuando la hacemos a la tierra que va a parir frutos, como cuando hacemos que las máquinas caminen, cuando hacemos que los conocimientos produzcan. Y que en el arte y en la cultura florezca el ser humano que nuestros antepasados nos heredaron, y que no nos lo heredaron con vergüenza, sino que lo heredaron con dignidad. Compañeros y compañeras de Xalapa: es la hora de escoger si seguimos solos en nuestra individualidad, mirando hacia arriba a la derecha, o nos hacemos mirada colectiva, dirigiendo nuestro oído, nuestra palabra y nuestro corazón abajo a la izquierda. Gracias Xalapa |