Escándalo en el Ejército boliviano Por Inés Barboza | Enviada Especial (www.prensamercosur.com) a La Paz, Bolivia. El comandante en Jefe del ejército habló de un boicot de Estados Unidos al gobierno de Evo Morales y de un autogolpe planeado por el ex presidente Mesa. Después se desdijo.
Había una vez un Comandante en Jefe del Ejército de una República latinoamericana llamada Bolivia. El señor Comandante había sido el mayor implicado en las acusaciones respecto a la entrega irregular de 28 misiles chinos HN-5 a manos estadounidenses en octubre del año pasado. Un líder que entonces solo era candidato por el Movimiento al Socialismo (MAS) y que luego sería electo presidente con el 54 por ciento de los votos, lo acusó de la entrega a él, junto al Ministro de Defensa, Gonzalo Méndez y hasta al mismo presidente provisional de ese país, Eduardo Rodríguez Veltzé. Después de las acusaciones de Evo Morales, el caso llegó a un juicio de responsabilidades que aún hoy sigue llevando adelante la legislatura de ese país. En un nuevo capitulo digno de Macondo, Marcelo Antenaza, protagonista de esta historia, salió la semana pasada por el canal de televisión red ATB intentando una nueva explicación del caso. En su quinta versión, resulta que Estados Unidos sabía que Evo Morales ganaría las elecciones y quiso desarmar a Bolivia. “La Embajada de Estados Unidos y el Gobierno sabían que el presidente electo Evo Morales iba primero en las encuestas y que iba a ganar. Y, en ese problema de la seguridad global de la lucha contra el terrorismo se preguntaron, ¿misiles en manos de gobiernos socialistas?... Ahora ustedes saben de que hay presiones de carácter internacional y hay intereses que se juegan, hay que estar en la clase política gobernante para entenderlas”, aseguró Antezana. Además aseguró que “el Ejército norteamericano es nuestro amigo, pero en esta situación de los misiles, creo que se pasaron”. Este mismo hombre había dicho en octubre del año pasado que “el Estado Mayor evaluó la situación de los misiles chinos y yo, en mi condición de Comandante, tomé la decisión final de desactivarlos y demolerlos por el estado obsoleto en que se encontraban. Asumo plenamente la responsabilidad. Lo hicimos en cumplimiento de una recomendación de la Organización de Estados Americanos (OEA), y en la demolición cooperó personal extranjero”. Luego, el 2 de diciembre la explicación fue “recibí asesoramiento técnico para tomar la decisión y, entonces, asumo la responsabilidad como Comandante General del Ejército. El señor Presidente, Eduardo Rodríguez, no puede estar en los detalles”. Pasaron solo 13 días cuando Antenaza cambió radicalmente de parecer y ya olvidó toda su responsabilidad para delegarla en el gobierno nacional. En ese entonces dijo que “el material bélico salió del país sin mi autorización, cuando yo me encontraba fuera del país, entre el 26 de septiembre y el 1 de octubre. El convenio inicial sólo establecía la custodia y posible desactivación de los mismos luego de la inspección técnica en los depósitos de la Embajada Americana, ubicados en El Alto. ¿Quién lo autorizó?, pregunten al Ministro de Defensa”. Llegamos a la actualidad un poco desorientados en esta historia de dimes y diretes. Pero para completar el panorama de confusión en un solo día Antenaza no solo aseguró que Estados Unidos, conjuntamente con el gobierno de Bolivia, fue el promotor del desarme sino que agregó que el ex presidente Carlos Mesa, planeaba un autogolpe con parte de los altos mandos del ejército y que él no fue convocado en esa ocasión. Carlos Mesa había sido presidente desde que una revuelta popular sacó, en octubre del 2003, al presidente neoliberal Gonzalo Sánchez de Losada hasta que otra serie de levantamientos provocaron su propia salida en junio de 2005. La versión de Antenaza es que Mesa quería “provocar el caos, retirar a la Iglesia Católica, cerrar el Congreso, declararse un país con un gobierno cívico-militar dirigido por él y Luis Aranda (ex comandante de las FFAA)". El autogolpe habría fallado por no tener el consentimiento de la totalidad de las Fuerzas Armadas y por la falta de apoyo de Argentina y Brasil. Enseguida después de estas declaraciones televisivas, los altos mandos de las Fuerzas Armadas y el ex ministro Saúl Lara desmintieron los dichos de Antezana. El presidente Rodríguez Veltzé lo citó urgente y después de 3 horas de reunión sucedió el último papelón de nuestro hombre de armas: desmintió todo lo que había dicho más temprano. “Como caballero, debo reconocer que de repente me he extralimitado esta mañana. Y debo dejar sentado de que tengo la absoluta seguridad de que no existe ningún sometimiento de nuestro gobierno a ninguna fuerza o potencia extranjera, referente a los misiles y a cualquier otra situación que competa al presidente Rodríguez, y peor, a Estados Unidos”, dijo el uniformado sin rastros de rubor bajo sus bigotes. El escándalo está atenuado por la coyuntura boliviana: la semana próxima será el paso de mando a manos de Evo Morales y ya ninguno de estos personajes serán parte del gobierno. Sin embargo, el ventilador que prendió Antezana en el intento por salvar su pellejo, llama a atender las intensiones estadounidenses respecto al futuro presidente. Sobre todo si se lo suma a dudas con respecto al apoyo que las Fuerzas Armadas Bolivianas brindarán al gobierno de Evo que expresó la semana pasada el presidente venezolano Hugo Chávez. "Estoy seguro de que si el imperialismo y sus lacayos por estas tierras quisieran derrocar mañana o pasado mañana al gobierno de Evo Morales, se van a arrepentir, porque ocurriría exactamente lo que aquí ocurrió", aseguró Chávez. |