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ARGENTINA: Una condena por "un vínculo cruel y perverso" Imprimir E-Mail
Enviado por Diario Página 12, Buenos Aires - Argentina   
sábado, 05 de abril de 2008
La Justicia sentencio a ocho y siete años de carcel a los apropiadores de Maria Eugenia Sampallo

Fue el primer juicio que una hija de desaparecidos hizo contra sus apropiadores. El Tribunal Federal Oral Número 5 condenó con 8 y 7 años de prisión a los apropiadores y con 10 años al militar que la entregó. Hubo críticas por la levedad de las penas.

Por Laura Vales 

Osvaldo Rivas y María Cristina Gómez Pinto, los apropiadores de María Eugenia Sampallo Barragán, condenados por la Justicia. El Tribunal Federal Oral Nº 5 condenó con 8 y 7 años de prisión a Osvaldo Rivas y María Cristina Gómez Pinto, los apropiadores de María Eugenia Sampallo Barragán. Los jueces le dieron además 10 años al capitán retirado Enrique Berthier, el militar que la entregó. El juicio fue el primero que una hija de desaparecidos hace contra quienes la inscribieron y criaron como si fuera propia. María Eugenia había pedido que se aplicara a sus apropiadores el máximo de la pena prevista, por haberla privado de su identidad y del vínculo con su familia, de quien estuvo separada durante 24 años. Ayer, tras escuchar la sentencia, su abogado y las Abuelas de Plaza de Mayo criticaron la levedad de las penas: "Los jueces no entienden la gravedad de estos delitos".

Tras oír el fallo, la joven salió de la sala de audiencias sin hacer declaraciones. En el pasillo la esperaba para saludarla el público de a la audiencia: amigos, familiares y militantes de Hijos y de Abuelas. El abogado Tomás Ojea Quintana fue quien habló en su nombre:

-Lo importante es que los tres acusados fueron condenados; en ese sentido, el balance es positivo. Que hayan sido condenados es muy importante, y María Eugenia está conforme con haber llegado a esto después de llevar adelante un proceso de siete años; pero obviamente para nosotros estos delitos necesitan de penas mayores.

También el fiscal Félix Crous habló en esos términos: satisfacción por la condena, inconformidad con sus montos (ver aparte).

Durante el juicio, los testigos habían relatado la historia de María Eugenia, que cumplió hace poco treinta años. Sus padres fueron secuestrados en 1977. Su madre, Mirta Mabel Barragán, trabajaba en la fábrica SIAP (Sociedad Industrial de Aparatos de Precisión), donde era delegada. Su padre, Leonardo Rubén Sampallo, trabajaba en el Astillero Río Santiago y era también delegado. Ambos militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista. Mirta tenía un hijo de tres años -Gustavo- y estaba embarazada de seis meses cuando la secuestraron junto con Leonardo. Los represores dejaron al niño en una comisaría, de donde lo pudo rescatar su familia. A Mirta y Leonardo los llevaron al centro clandestino de detención El Atlético y después al Banco. En febrero del '78 a Mirta la sacaron de allí para que diera a luz. María Eugenia nació entre marzo y abril, posiblemente en el Hospital Militar.

Osvaldo Rivas y María Cristina Gómez Pinto recibieron a la beba cuando tenía entre dos y tres meses de vida. Se las "consiguió" el capitán Berthier, que era amigo de la mujer. El matrimonio dio sus datos personales para que el médico militar Julio César Cáceres Monié les hiciera un certificado de parto falso, en el que consignó a la beba como si fuera hija de ellos. Rivas inscribió a María Eugenia como propia usando este certificado falso. Tenía entonces 35 y su mujer 30; él era empleado de Terrabussi y ella ama de casa.

María Eugenia vivió con el matrimonio toda su infancia y la adolescencia; al declarar, contó que fueron años de maltratos y que apenas pudo se fue a vivir con una amiga. Ella supo a los siete años que no era hija de Rivas y Gómez Pinto, lo que la pareja le hizo saber a través de una psicóloga, pero le ocultaron su origen dándole diferentes versiones de su filiación. Le dijeron que era hija de un matrimonio que había muerto en un accidente de tránsito, luego que su madre había sido una empleada doméstica que la había regalado o de una azafata que no la quiso tener. Ella insistía en preguntar por sus padres; en todos los relatos, Rivas y Gómez Pinto la describían como una beba que había sido abandonada. Un día, una allegada a la familia le reveló que el capitán Berthier era la persona que la llevó a la casa de los Rivas. Otro, en una discusión, su apropiadora admitió que fue el militar el que se las había dado.

En esa infancia que la propia María Eugenia describió como de desamor, ella estuvo a punto de reencontrarse con su familia, porque las abuelas recibieron una denuncia, la encontraron y pidieron un adn. Sin embargo, en esa época su familia paterna no estaba en el banco de datos y la tecnología disponible no permitió llegar a un resultado. Ella recuperó su identidad recién en el 2001, luego de presentarse voluntariamente para un segundo análisis. Así se enteró de que su abuela Azucena, su hermano Gustavo y sus tías la estaban buscando hacía 24 años.

Ayer por la mañana, el tribunal abrió la jornada preguntando a los acusados si querían hacer uso del derecho a decir unas últimas palabras antes de pasar a deliberar. Los tres lo rehusaron. Berthier había sido llevado al recinto esposado (es el único de los tres que está preso). Cecilia Pando y su grupo de lobbistas castrenses estuvieron en la puerta de los Tribunales para apoyarlos, pero no pudieron ingresar al recinto. La semana pasada habían aplaudido al militar en su alegato de defensa y habían sido desalojados de la sala; Pando ayer tuvo que quedarse en las escalinatas de la entrada.

Tras la condena, los apropiadores Rivas y Gómez Pinto seguirán en libertad hasta que haya una sentencia firme, es decir hasta que el juicio pase por Casación y eventualmente por la Corte Suprema. Berthier podrá pedir la libertad cuando cumpla dos tercios de la condena. Como está preso desde hace más de cinco años, eso podría suceder en breve. Durante el juicio, ambos apropiadores se declararon inocentes.

¿Cuál sería una pena justa para quien se apropió del hijo de un desaparecido? ¿Cómo medir el daño que provocaron los que, sin haber sido parte directa en la represión, sin haber matado o torturado, se adueñaron de lo más valioso de la vida? ¿Fueron esas apropiaciones igual que una adopción, en todo caso que una adopción ilegal, o se trata de algo más grave aún? Esas son algunas de las preguntas que circularon en estas audiencias. Rosa Rosimblit, vicepresidenta de Abuelas, aseguró que la Justicia encuentra atenuantes cuando juzga a los apropiadores, una tendencia que no se modifica pese a los años. "Lo mismo le dieron al secuestrador de mi nieto y al de Carla" (Rutilo Artés, una hija de desaparecidos que fue restituida en 1985). Victoria Donda, nieta recuperada y legisladora, hizo una comparación: "A un pibe que sale a robar le dan más pena que al que robó una vida durante mas de 20 años". María Eugenia, que habló muy poco con los medios (sólo dio una entrevista a Página/12 y ofreció una conferencia de prensa), pidió que no se confunda a sus apropiadores con padres adoptivos. "La pregunta es si una persona que robó a un recién nacido, que le ocultó que fue robado, que tal vez secuestró o torturó a sus padres, que lo separó de ellos y de su familia, que le mintió siempre respecto de sus orígenes, que -más frecuentemente de lo que cada uno quiere pensar- lo maltrató, humilló, engañó, si una persona que hizo todo o algo de todo esto puede saber y sentir qué es el amor filial. Yo respondo que no, que el vínculo con este tipo de personas queda determinado por la crueldad y la perversión".

La condena de ocho años contra Rivas le fue dictada por los delitos de retención y ocultamiento de una menor de diez años, más falsedad ideológica de documento público; los siete años a Gómez Pinto fueron por el delito de retención (la diferencia es porque no firmó el acta de nacimiento falsa); los 10 años a Berthier, por ser considerado coautor del ocultamiento de la niña. El tribunal integrado por Guillermo Gordo, Héctor Farías y Daniel Obligado dará a conocer los fundamentos de la sentencia el próximo viernes.


Historial con pocas penas

Anticipándose a la penas, el fiscal Félix Crous había pedido que la Justicia "cambie el rumbo" y se condene a los apropiadores de bebés a la pena máxima de 25 años de prisión. "La Justicia ha sido muy piadosa", había dicho el fiscal recordando fallos anteriores.

El caso más emblemático por apropiación de menor es el de Claudia Victoria Poblete, en el que Ceferino Landa fue condenado a 9 años y medio de prisión, mientras que su esposa, Mercedes Moreira, a 5 años y medio. El primer juicio por apropiación de menor, el caso de Martín D'Elía, corresponde al fallo de la Justicia federal de San Isidro, en 1998, que condenó a Marta Elvira Leira a tres años en suspenso.

En el caso del ex subcomisario Samuel Miara, por la apropiación de los mellizos Matías y Gonzalo Reggiardo Tolosa, tuvo una condena de 12 años, aun cuando el represor se había fugado a Paraguay.

El ex agente de Side Eduardo Ruffo recibió 6 años y medio de condena y su esposa fue eximida por la apropiación de Carla Rutilo Artés.

Rodolfo Silva, ex policía bonaerense, fue condenado a 4 años y 3 meses en primera instancia y luego a 3 años de prisión, en tanto el ex agente de la Side Miguel Angel Furci recibió 7 años de pena y en otro caso, el ex subcomisario Rubén Lavallén, tres. Lavallén fue acusado de apropiación de Paula Eva Logares, la primera niña recuperada en democracia por Abuelas de Plaza de Mayo.


Estela de Carlotto, Abuela de Plaza de Mayo

"Esto desalienta"

La titular de Abuelas advirtió que los jueces parecen "no tener un concepto claro sobre los crímenes cometidos por la dictadura". Destacó la valentía de "una mujer victimizada".

Por Diego Martínez

"Esta condena desalienta. La Justicia parece no tener un concepto claro sobre los crímenes cometidos, la indefensión de las víctimas y el agravante de matar a una persona después de torturas salvajes como contexto del robo de niños", reflexionó Estela Carlotto luego de conocer el fallo del Tribunal Oral Federal 5. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo fue por la mañana a tribunales a escuchar la sentencia, pero ante la postergación volvió a La Plata a organizar su viaje a París, donde se inaugurará el lunes una plaza en homenaje a Madres y Abuelas.

"Los jueces parecen no entender que la falta de un castigo ejemplar es una sanción para toda la sociedad, ya que a corto plazo y con el dos por uno nos obligarán a convivir con los asesinos. Pienso en especial en María Eugenia, qué sentirá ante una condena tan irrisoria", agregó.

-¿Pudo hablar con ella?

-No pude, estoy preparando el viaje. Ella seguramente está con su abuela, su hermano, los otros nietos. Ya veremos cómo cuestionar esta condena.

-Es la primera víctima que querella a sus apropiadores, ¿lo vive como un triunfo de Abuelas?

-Lo vivo como el resultado de la valentía de una mujer victimizada por la dictadura. Valentía para desafiar a los represores, al matrimonio que la crió, al militar que la sacó de los brazos de su mamá. La criaron con maltratos, desamparo, desatención, y sin embargo es una mujer libre, valiente, con autodeterminación. No es un triunfo de Abuelas. Es un triunfo de ella y de todos los argentinos.

-¿Piensa que quedará como un caso aislado o será el disparador para que otros hombres y mujeres robados denuncien a sus apropiadores?

-En la historia de reconstrucción y reparación de identidades hemos visto chicas que cuando supieron que su padre era represor se cambiaron el apellido. Los nietos que recuperaron su identidad, salvo uno o dos, dejaron de tener contacto con los apropiadores. Y tenemos el caso de una joven que tras recuperar su identidad en La Plata le inició juicio a su apropiador, lo despojó de sus bienes y lo mandó a la cárcel.

-¿Entonces no es el primer caso?

-Es la primera vez que la víctima se presenta como querellante, pero ha habido otras que accionaron de maneras diferentes.

-¿Cómo ve el rol de la Justicia de instrucción? Pienso en el juez Suares Araujo, que citó a un apropiador condenado por su papel en treinta robos de bebés como si fuera un delincuente menor, sin pedir su captura.

-Acabamos de denunciar al juez de San Martín. Cuando volvió la democracia los jueces creían estar ante casos de divorcios, pensaban cómo armar un régimen de visitas. Costó mucho hacerles entender que se trataba de delitos gravísimos y seguimos en lo mismo, nos sigue costando.

-Pasaron treinta años y los militares mantienen intacto el pacto de silencio. ¿Es optimista en que el avance de la Justicia rompa ese pacto?

-Febres le había comentado a su abogado que iba a dar nombres, incluso de superiores. Así le fue: lo mataron. No sé el militar de Córdoba, presunto suicidado, si pensaba confesar algo. Pero no hay casos de represores que salgan del silencio corporativo. Tal vez con el paso del tiempo suceda, pero mientras tanto se nos van muriendo.

-¿Desde el Estado se puede hacer más?

-Sí, sobre todo con el tema archivos. Hay que buscar lo que dicen haber destruido. Puede estar digitalizado o microfilmado en guarniciones militares. Hay que buscar incluso en las casas de estos facinerosos.

-¿Cuántos años más de juicios imagina?

-No puedo dar ese diagnóstico. Seguramente no estaré y los juicios seguirán. Esto va para largo. Esta semana la Presidenta presentó proyectos para agilizar los procesos. La celeridad es clave. Los proyectos les van a fijar plazos estrictos para que las causas no duerman durante años.

-Usted ha contado que su militancia comenzó en 1977...

-La militancia fue con los años -interrumpe-. Cuando empezamos no teníamos idea de que la búsqueda iba a durar toda la vida. Pensábamos que nuestros hijos iban a volver e íbamos a recuperar a los bebés. Eramos ingenuas. La militancia en derechos humanos vino después.

-Le decía que usted ha hecho autocríticas por la indiferencia de la sociedad de la que formaba parte. ¿Dónde se imagina militando hoy si tuviera veinte años?

-Seguramente sería mucho más lúcida y esclarecida políticamente de lo que fui a mis veinte años, en 1950. Vivíamos cada violación a la Constitución, cada golpe de Estado sin mover un dedo. Si tuviera veinte años sería activa, cuestionadora de toda violación a los derechos humanos.

-¿Cómo vive la búsqueda de su nieto en medio de casos que se esclarecen?

-La vivo junto a mis compañeras, las Abuelas, y rodeada de gente joven que trabaja abriendo caminos. Hacemos y hemos hecho muchas cosas significativas, pero queremos hacer más. Ya van a surgir nuevas ideas desde Abuelas para facilitar el encuentro con nuestros nietos.

 
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Clara Busca a Victoria

Enviado por Clara Petrakos

Mi hermana nació entre el 8 y el 13 de abril de 1977 en Banfield, provincia de Buenos Aires.

Fue arrebatada de los brazos de nuestra madre.

Puede tener cualquier nombre, apellido y fecha de nacimiento.

Todos los organismos que corresponde: nacionales, internacionales y la justicia conocen esta búsqueda que ya lleva 31 años. Mi hermana no, por favor reenvía este pedido por mail a todos tus contactos.

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Clara busca a Victoria ...

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Laura Busca a Mariana

Por favor reenviá este e-mail para que Laura pueda encontrarse con su hermana. Ayudanos a buscar a Mariana!

Querida Hermana:

Soy Laura, hija de Nora Susana La Spina y Jorge Nestor Cena. Nuestros padres fueron secuestrados por la dictadura militar entre el 15 y 20 de Noviembre de 1976 en La Plata, en calle 34 entre 13 y 14. Mamá estaba embarazada de vos y esa misma noche naciste en una comisaría. Tres días pasaste con ella, mamá te puso el nombre de Mariana, que es tu verdadero nombre. Luego te llevaron y nunca más supimos nada de tu paradero. Nuestros padres están desaparecidos. Yo te busco desde hace años, sos mi única hermana y mi deseo es que estemos juntas. Quiero que sepas que tenés una familia que te espera y te ama, y a pesar de que nunca te vimos sabemos que estás viva. Ojalá que si alguien sabe algo de vos nos ayude a encontrarte.

 

 

 

 Laura Busca a Mariana

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