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La octava jornada del debate oral de la "Causa RI9" se inició con el testimonio de un matrimonio. Primero la esposa, quien involucró directamente al oficial chaqueño de apellido Hornos del Ejército, a De Marchi, a través de lo que le manifestaron sus familiares mucho tiempo después, en el sentido de que era el que encabezaba el allanamiento efectuado en su vivienda, al gendarme Infrán (a) "el Loco" quien no está imputado en la Causa RI9 al igual que Hornos, y a Reynoso, de quien refiere que entraba de civil cuando a ella la trasladaron a la Gendarmería y a cualquier horario, y que, a diferencia de los demás gendarmes que hablaban con los prisioneros y no tenían malos tratos con los detenidos, Reynoso no les dirigía la palabra y tenía siempre un gesto despectivo con ellos. Nunca lo vio además hacer guardia, lo que sugiere su pertenencia a Inteligencia (los que colaboraban con el Ejército).
Cuando le preguntan si había en el RI9 personal femenino de alguna fuerza de seguridad, señala que no, coincidiendo con la testigo de la primer jornada.
Los nombra además a Pietronave y a Nicolaides, y al Comandante Arrúa de Gendarmería, aunque respecto de éste último le adjudica un trato correcto, de tal manera que sería luego quien gestione la posibilidad de casarlos, a ella y Jorge su actual esposo, en ese momento detenido en la Alcaidía. El casamiento se realizó luego en el único lugar "digno" que podía realizarse en tales circunstancias, la capilla del RI9. Trajeron a Jorge en medio de un exagerado operativo de seguridad, esposado y rodeado de gendarmes y luego de finalizada la "ceremonia" se lo llevaron de igual manera, humillándolo innecesariamente.
Abogada, de modos correctos y denotando educación, no dudó en calificar de vejamen el trato recibido al momento de su detención en la alcaidía. Sabe que la picana eléctrica no es el único método de tortura y que el hecho de no haberla padecido como otros prisioneros, no significa que no haya sufrido torturas y vejámenes físicos y psíquicos. No hay confusiones semánticas ni duda alguna en Martha.
El turno de Jorge
Con menos capacidad de síntesis y un enorme esfuerzo para escuchar (la tortura le dejó secuelas permanentes en la audición), Jorge narró su historia por el espacio de tres largas horas. Profesor universitario de historia, Master en Comunicación y Técnico en Comunicación Social entre otros títulos, también señaló inequívocamente a De Marchi como el jefe del operativo de allanamiento en la casa de su novia, quien es hoy su esposa, cuándo ésta no estaba y el sí, junto a una tía de ella y una chica que cuidaba la casa y hacía los quehaceres.
Entraron numeroso personal de civil, comandados por De Marchi, otros con uniforme del Ejército y de la Policía y el Alférez Reynoso. Revisaron la casa céntrica de calle San Juan, en busca de un dinero que según ellos sería de "Montoneros". Lo trasladan a la Jefatura de Policía donde lo golpean ferozmente para que les diga que sabía él sobre el dinero de "Montoneros" que había en la casa de su novia y que fue hallado en el cuarto de la dueña de casa.
El desconocía de la existencia del dinero, que en rigor de verdad se trataba de dinero legítimo que los padres le Martha le dieron para que compre Fondos de Inversión, tal cual lo comprueban más adelante, de tal manera que mucho tiempo después se lo devuelven a sus padres.
Jorge creía que la acreditación del origen del dinero conllevaría a su inmediata liberación, lo que no solo no sucedió, sino que allí se iniciaría recién un largo derrotero que incluyó tres destinos: Alcaidía, Ejército y Gendarmería, siendo los dos primeros los lugares donde el horror sufrido fue mayor, sobre todo en el RI9.
En la Alcaidía vio al Padre Diego Orlandini de la diócesis de Goya, un hombre "muy contenedor y con un concepto del cristianismo que yo compartía" dijo. Vio también a otros detenidos, entre los que estaba "Tatín", un hombre muy torturado con heridas sangrantes, tal cual lo describiera Arnaldo, un testigo de anteriores jornadas.
A Jorge lo detuvieron tres veces, y fue golpeado en el RI9 por el propio De Marchi, por un Sargento Cárdenas, vejado además en forma aberrante y por cuanto oficial o suboficial pasara por su lado todos los días de su detención en ese lugar, excepto uno que configuró una asombrosa excepción.
En su segundo traslado al RI9 lo ve a Rómulo Artieda. Flaco, con una remera o polera blanca, un pulóver negro y un pantalón bordó de corderoy, como se usaba en esa época. Rómulo le dijo: vos sos Trainer? Yo soy Rómulo Artieda. No te hagas torturar inútilmente Jorge, ustedes van a salir...yo estoy tratando de que me pasen a la U7, pero no sé. Si la ves a mi mamá, decile que la quiero mucho. Eso fue lo último que se supo de Rómulo, ya que días después en proximidad al desfile del 9 de julio, no se lo vio mas.
Cuatro cuerpos aparecieron flotando en las aguas del Paraná, uno de ellos un 8 de julio del 77, y fueron enterrados como NN en el cementerio de Empedrado, uno de ellos justamente fue identificado en agosto de 2007 de la única manera que la ciencia puede hacerlo indubitablemente: por medio del análisis del ADN. Se trataba precisamente de Rómulo, que "había vuelto" para contar su historia, no sin antes, burlando a sus verdugos, despedirse de la persona que más lo buscó hasta que sus fuerzas desfallecieron; su mamá, Nidia Esther Galarza de Artieda, fundadora de la Comisión de Derechos Humanos de Corrientes, organismo que hoy querella a sus victimarios.
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