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Antonio V. Pecci Como en una jugada de ajedrez friamente calculada, el ex dictador ha hecho una nueva movida con el objetivo de concretar su anunciado retorno al menor costo posible. Mientras dicta sus memorias a una grabadora en su cómoda residencia del lujoso barrio Lago do Sul de Brasilia, Goli dixit, el longevo general, que viene de padres longevos, ensaya uno de sus métodos preferidos en su larga carrera política: poner nerviosos a sus adversarios. Como buen artillero le gusta enviar tiros por elevación que caigan detrás de las líneas del enemigo y causen desorientación. La nueva movida ha consistido en que su hijo, el coronel de la fuerza aérea Gustavo, pida desde Brasilia ser favorecido con medidas sustitutivas para no ir a prisión.
Aparentemente el juez que atiende la causa ha accedido a conceder dicha medida, lo que ha causado pésimo impacto en sectores de la opinión pública y de la prensa. Quizá sea legal el trámite, pero no es justo. Un reo prófugo debería presentarse ante la Justicia y entonces solicitar las medidas que crea convenientes para que el juez decida. Es lo que indica el sentido común. Pareciera, sin embargo, que la vara de la justicia, una vez más, se inclina hacia una figura poderosa, reforzando esa imagen tan criticada por los organismos de derechos humanos. Es decir una Justicia fuerte con el débil y débil ante el fuerte. La siguiente movida es obvia, solicitar desde el dorado exilio una medida similar que beneficie al ex dictador. En un verano ya de si por sí caluroso, esto ha calentado más aún las internas del coloradismo, donde un sector importante encabezado por el propio Duarte Frutos se opone a que se le dé un trato de favor a Stroessner padre e hijo. Pero otro sector, el de la influyente fórmula neostronista, plantea que se les den todos los beneficios legales. Y mañana pedir la amnistía inclusive. El otoñal dictador sonríe. Siempre despreció a los políticos y supo mantenerlos entretenidos con prebendas a los sumisos y con latigazos a los disconformes como Waldino Ramón Lovera, Epifanio Méndez Fleitas o Benigno Perrotta. Fue un maestro del doble discurso. Mientras se declaraba nacionalista, traficaba las riquezas del país al mejor postor, como ocurrió con las tierras de la reforma agraria y el tratado de Itaipú. Se declaraba defensor de la democracia occidental y cristiana, pero hacía perseguir, exiliar y ejecutar a sus opositores como Antonio Maidana, Agustin Goiburú o Mario Schaerer Prono. Iba a los tedéum, para al día siguiente atacar sin piedad a la Iglesia Católica y a sus valientes pastores como Ismael Rolón, Ramón Bogarín y Aníbal Maricevich. Predicaba el valor del campesino y la tierra, pero reprimía sin que le temblara la mano a las Ligas Agrarias Cristianas y sus líderes. Se proclamaba amante de la cultura y el arte, para nombrar como "moderador" de la Universidad Católica al garrotero Ramón Aquino, y expulsar sin miramientos a la más ilustre figura literaria que ha dado el país, Augusto Roa Bastos, en 1982. Merece que venga sin duda. Pero para ser detenido y puesto a disposición de la Justicia, con todas las garantías del debido proceso. Esas que él les negó a sus opositores. Para que responda por los cargos de robo y los crímenes de lesa humanidad cometidos a lo largo de 35 años de gobierno. Como sucede con Pinochet y Videla, sus socios del Operativo Cóndor. Últimas Noticias, Paraguay 09-01-2006 |