viernes, 10 de octubre de 2008

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A 79 años del Nacimiento de Rodolfo Walsh Imprimir E-Mail
Temas en REDH - DDHH / Argentina
Enviado por Lilia Ferreyra   
lunes, 09 de enero de 2006

DOS LECTORES

Por Lilia Ferreyra *

En el año ’82 viajé a España desde México, donde estaba exiliada. En Madrid conocí a Martín Grass, sobreviviente de la ESMA, con quien hablamos durante una larga noche sobre la historia del horror en ese centro clandestino. Mi primera pregunta fue ¿qué pasó con Rodolfo? Escuché la descripción pausada, casi cuidadosa, de la imagen brutal de la muerte que vio en el sótano de la ESMA: el cuerpo acribillado de Rodolfo, con el pecho cortado por una diagonal de impactos, tirado en el cemento frío. Martín lo reconoció y se estremeció. Había visto otros muertos por las balas, pero nunca un cuerpo al que le hubieran disparado con tanto odio, quizá porque querían agarrarlo con vida y Rodolfo se resistió para impedirlo. ¿Y qué hicieron con él?, pregunté. No sabía; suponía que quizá lo hubiesen quemado, porque difícilmente preparaban un vuelo para tirar sólo un cuerpo al río. En estos casos, en la ESMA solían desaparecerlos con lo que ellos llamaban un “asadito”.

© PÁGINA 12 (Rodolfo WALSH)–¿Y con todos los escritos de Rodolfo que estaban en la casa de San Vicente?

–Llevaron todo a la ESMA. Allí pude leer los documentos críticos sobre la política de Montoneros que escribió como aportes internos de la organización.

Sentí que después de casi cinco años desde su desaparición, aquella imagen de Rodolfo tecleando de noche o de día, escribiendo las historias, corrigiendo los textos que sólo yo había leído, porque eran los escritos inéditos que había ido acumulando en los años de clandestinidad, esa imagen tan nítida en mi memoria comenzaba otra vez a corporizarse. No habían destruido esos papeles. Con ansiedad, intenté que Martín recordara qué otros textos había leído. Estaba la carpeta con sus memorias, los borradores de los cuentos El 27, El Aviador y la bomba, Ñancahuazú. Veía el esfuerzo en su cara y su mirada pedía disculpas.

–¿Y el cuento terminado, pasado en limpio, Juan se iba por el río? Empezaba así: “Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa.” Es su último cuento, el que escribió desglosando el material de la novela que ya había decidido no escribir. Es la historia del argentino derrotado del siglo XIX; del último argentino antes de la grandes inmigraciones. Del hombre del pueblo que había sido llevado de guerra en guerra, de tropa en tropa; que sobrevive a su tiempo y ya viejo, recorre la memoria de su vida y de la época en que vivió. Que luchó junto con su amigo el negro Ansina en batallas que no eran las suyas, como la noche antes de Cepeda, cuando los hicieron formarse para escuchar la arenga del general Mitre, quien los exhortó a combatir por la Patria y entonces el negro lo mira a Juan y le dice: “En la patria de ellos, yo me cago”.

Martín se sonrió y dijo: Yo leí ese cuento; lo leí allí en la ESMA.

Una alegría extraña, una excitación indecible me sacudió. Había empezado a contarle el cuento y Martín me interrumpió para continuar el relato. No era la única depositaria de esa memoria. Había otro lector y con ese lector recordamos escenas del cuento: Juan mirando pasar la cureña con el féretro de San Martín cuando sus restos fueron repatriados, entre batallones de antiguas tropas; Juan sentado en un banquito a la orilla del río, entre el recuerdo de su pasado y el deseo de poder llegar alguna vez al otro lado del Plata, donde en la lejanía había podido ver en días claros las casitas blancas de la colonia; la gran bajante del Río de la Plata, la mortandad de los peces, y el final, Juan montado en su caballo, cruzando el lecho seco hacia ese horizonte que se esfumaba...

Le conté a Martín que cuando Rodolfo me leyó el último párrafo le había preguntado si Juan llegaba al otro lado del río. “No sabemos” dijo. Hasta allí acompañó a su personaje; no quiso definir su destino. Por eso Juan no “se fue”; el verbo no cerraba la acción, Juan “se iba”. En esa la larga noche, supe que el final abierto del cuento también había sido para mí una metáfora de esos meses del ’77 en que creí que Rodolfo podía estar vivo; una esperanza, el deseo de ganarle a la muerte, al destino; una esperanza a su vez aterradora por la tortura sin límite en el tiempo con que vejaban a los prisioneros para quebrarles “la dignidad que ustedes mismos han perdido”, como acusó Rodolfo a la junta militar.

Afuera amanecía sobre Madrid, la ciudad donde dos sobrevivientes, uno de la ESMA y otro en el exilio, estuvimos hilvanando una memoria que pudo haberse perdido. Ya era de día cuando los dos únicos lectores de Juan se iba por el río nos despedimos con un abrazo.

¿Los dos únicos lectores?

* Mujer y compañera de Rodolfo Walsh.

© PÁGINA 12, Buenos Aires - Argentina

 
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Clara Busca a Victoria

Enviado por Clara Petrakos

Mi hermana nació entre el 8 y el 13 de abril de 1977 en Banfield, provincia de Buenos Aires.

Fue arrebatada de los brazos de nuestra madre.

Puede tener cualquier nombre, apellido y fecha de nacimiento.

Todos los organismos que corresponde: nacionales, internacionales y la justicia conocen esta búsqueda que ya lleva 31 años. Mi hermana no, por favor reenvía este pedido por mail a todos tus contactos.

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Clara busca a Victoria ...

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Laura Busca a Mariana

Por favor reenviá este e-mail para que Laura pueda encontrarse con su hermana. Ayudanos a buscar a Mariana!

Querida Hermana:

Soy Laura, hija de Nora Susana La Spina y Jorge Nestor Cena. Nuestros padres fueron secuestrados por la dictadura militar entre el 15 y 20 de Noviembre de 1976 en La Plata, en calle 34 entre 13 y 14. Mamá estaba embarazada de vos y esa misma noche naciste en una comisaría. Tres días pasaste con ella, mamá te puso el nombre de Mariana, que es tu verdadero nombre. Luego te llevaron y nunca más supimos nada de tu paradero. Nuestros padres están desaparecidos. Yo te busco desde hace años, sos mi única hermana y mi deseo es que estemos juntas. Quiero que sepas que tenés una familia que te espera y te ama, y a pesar de que nunca te vimos sabemos que estás viva. Ojalá que si alguien sabe algo de vos nos ayude a encontrarte.

 

 

 

 Laura Busca a Mariana

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