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Semanario Brecha, Uruguay 05-01-2006 De Raúl Daguerre A la Armada Nacional, de otro ex-Gau Posiblemente pocos ciudadanos conozcan el papel represivo que cumplió el cuerpo de Fusileros Navales (Fusna) durante los años de dictadura. En 1972 el Ejército definía prácticamente el control militar en perjuicio de la guerrilla urbana. A partir de allí y más concretamente del golpe de Estado del 73, la resistencia contra la dictadura se organizó desde los ámbitos políticos, sindicales, estudiantiles y sociales.
Decididamente en el año 75 no quedaban ni vestigios de lucha o resistencia armada más allá de la necesidad política de un gobierno que para legitimarse necesitaba inventar lo que no existía. Es precisamente a partir de dicho año que la Armada y el Fusna en coordinación con sus pares argentinos y conectados con la tristemente célebre ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), ubicada en Buenos Aires, comienza su trabajo de inteligencia que llegaría por lo menos hasta finales de la dictadura. Durante esos años fuimos centenares los militantes de los más diversos grupos políticos y sectores sociales que fuimos detenidos, desaparecidos, interrogados y torturados en la Unidad de Fusileros Navales. Ubicada en el puerto de Montevideo, en lo que antiguamente era un hangar, en el mismo edificio habitaba y se formaba la tropa, el personal del Servicio de Mantenimiento, el personal de salud, las salas de tortura, el patio de visitas, los calabozos, las oficinas, en fin todo en un espacio bastante reducido, al extremo que en cualquier lugar de la unidad que uno estuviese podía escuchar los gritos y aullidos de los torturados. Durante el tiempo en que se permanecía en el Fusna, para muchos fueron años, se debía estar con una venda puesta para evitar ver la cara de los responsables de todos estos “malos tratos”. Y en general así fue, con la excepción, pues toda regla que se precie la tiene, de un marino en su uniforme panameño o camuflado, que se presentaba a sí mismo como “Juez sumariante”, eufemismo que designaba al responsable administrativo de la tortura. En su despacho, no muy lejos de la sala de torturas, después de semanas o meses de “malos tratos” los detenidos escuchaban la orden inquietante: ¡quítese la venda! Y uno quedaba frente a ese Juez sumariante que con ayuda de un auxiliar iba mecanografiando un acta, entre sutiles amenazas a los familiares o volver a los interrogatorios. Ni hablar de que se tomara en cuenta el mal trato recibido o cualquier réplica a los cargos imputados, no era la idea. En mi experiencia y por ella hablo, ese “Juez sumariante” tuvo la cara y es la del actual Comandante Tabaré Daners. Tuvo muchos colegas, como Trócoli, Larcebeau, Menéndez, Zapata, que participaron activamente en la represión, tanto aquí como en Buenos Aires, tal vez alguno todavía esté en actividad, pero de todos modos ellos saben, Daners también. Porque en el año 78 desaparecieron 22 compañeros de los gau y también compañeros del AMS, PCR y MLN. La coordinación represiva funcionó muy bien y probaron que no eran maricones, todos torturaron y de esa manera comprometieron a toda la Armada, actuaron en su nombre y hasta el día de hoy están apoyados con su silencio. No quiero ser Juez y parte, seguiré siendo parte, pero la verdad la quiero completa. No es posible dar vuelta la página, no necesito que me pidan perdón, tampoco siento que tenga que pedirlo, fui un resistente convencido contra la dictadura, nunca he aspirado a más que eso y no tengo de qué arrepentirme. Hoy hablo sólo en mi nombre, pero con el derecho a exigir la verdad sobre el destino de las compañeras y compañeros desaparecidos. La verdad no se puede negociar, sólo conociendo la verdadera historia transitaremos hacia la justicia y la paz. Que nadie se sienta autorizado a decidir por todos los que de una forma u otra hicieron posible la vuelta a la democracia, porque las cárceles se abrieron por la lucha de muchos uruguayos que modestamente, denunciando y resistiendo a la dictadura, hicieron que, por ejemplo, los rehenes dejaran de serlo. Sería buena cosa que la Armada abriera las puertas de las instalaciones y archivos de lo que quede del Fusna y permitiera a la prensa hacer su trabajo de investigación en el lugar concreto donde ocurrieron los hechos. Pero sobre todo, que aportara la información que posee, escrita o no, que ayude a encontrarnos con la verdad de dónde están, qué les pasó a las compañeras y compañeros desaparecidos. En la Armada hay gente que sabe. Es de honestidad individual y como arma que lo digan. |