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{titleflag:etnias}Publicado en Piensa Chile
por Myriam Carmen Pinto (Análisis, Chile)
Durante dictadura la periodista Myriam Pinto trabajó en ANALISIS donde escribía asuntos de los pueblos indígenas y la vida rural. Hoy vuelve con un artículo en que muestra a la sociedad chilena aspectos de temas del Pueblo Mapuche y variables ambientales.
Para Todos, TODO, piden los representantes de los pueblos originarios que participaron en la reunión paralela a la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, que tuvo lugar en Santiago. Dicen que no son parte del folklore de las democracias y condenan a los gobiernos que criminalizan los esfuerzos para recuperar sus derechos.
Bajo sospecha o acusados como responsables de incendiar
plantaciones, maquinarias y vehículos de las operaciones forestales,
así como las viviendas deempresarios, al menos 400 mapuches han pasado
por las cárceles del Bío Bío y La Araucanía. Hoy, los presos políticos
mapuches suman diez y otro tanto se encuentra en la clandestinidad, lo
que ha generado amplios operativos, allanamientos y hostigamientos -
bosques adentro - por parte de las fuerzas policiales.
En
Malleco, a fines de octubre, mientras arreaba los animales de su
familia, siete impactos de perdigones hirieron al joven Patricio
Queipul y, más al sur, la niña mapuche, Daniela Ñancupil fue
secuestrada, durante un par de horas, para ser liberada portando
amenazas para su familia. Un recurso de protección quedó interpuesto en
la Corte de Apelaciones de Temuco.
Estos son algunos de los
hechos que han puesto a Chile nuevamente en la mira de Naciones Unidas,
esta vez por no respetar los derechos de sus pueblos originarios. Si
bien, el último informe del Comité de Derechos Humanos de la ONU
(marzo/2007) valora las reformas institucionales y legislativas de
nuestro país, expresa su preocupación porque todavía hay tierras que no
están demarcadas claramente y que aún no son reconocidos los derechos
indígenas respecto a las más antiguas y ancestrales. Asimismo, critica
que la protesta indígena por su derecho a las tierras se juzgue bajo la
Ley Antiterrorista.
El delito terrorista está asociado a los
atentados indiscriminados y con desprecio a la vida humana. José
Huenchunao, Jaime Marileo, Héctor Llaitul, José Millalén y Patricia
Troncoso, están en la cárcel de Angol, condenados a diez años, por la
Ley Antiterrorista, tras incendiar, el año 2001, bienes y plantaciones
de un fundo de propiedad de la forestal Mininco S.A. en la comuna de
Ercilla. Otros dos mapuches, sometidos al mismo proceso y con idénticas
pruebas, fueron absueltos. Quizás por ello, esta causa, conocida como
“Caso de los Loncos” suscita movilizaciones y adhesiones solidarias.
Como
una manera de llamar la atención, el mismo día que asumió la Presidenta
Michelle Bachelet, el grupo de presos mapuches, inició una huelga de
hambre, casi como test de la voluntad política de la nueva
administración. Las gestiones no dieron ningún fruto. El 10 de octubre,
el grupo repuso su huelga de hambre, demandando su libertad inmediata y
cese de la militarización del conflicto. Tampoco hubo resultados.
Las
visitas a los presos continúan, mientras en la comuna de Lautaro,
liderados por un werken, hace poco, unas 30 familias ingresaron al
Fundo Brasil, de propiedad de un particular, pretendiendo recuperar sus
tierras. Dicen que ellos son los legítimos dueños, que necesitan un
espacio donde vivir y establecerse para construir sus casas, y tener y
cuidar sus animales.
El año 2002, un conflicto territorial
similar protagonizó la comunidad Montutui Mapu, de la comuna de
Ercilla. En el fundo Santa Alicia, también de Forestal Mininco S.A.,
víctima de los disparos policiales, falleció en el hospital de Temuco,
Alex Lemus, de 17 años El carabinero que efectuó los disparos dijo
obrar en legítima defensa y actualmente se encuentra en libertad.
Modos de vida amenazados
El
informe del Comité de Derechos Humanos dice que las tierras indígenas
continúan en peligro ya que están afectadas por la expansión forestal y
proyectos de infraestructura y energía. Por ello, recomienda consultar
a las comunidades antes de conceder las licencias de explotación de los
predios objeto de controversia.
Lo cierto es que el mundo rural
mapuche convive todos los días con los gigantescos complejos
energéticos, viales, industriales y forestales. Ha quedado casi cercado
por las extensas hectáreas de plantaciones de pinos y eucaliptos, que
se localizan incluso hasta el interior de sus propios predios,
erosionando suelos de aptitud agrícola, secando recursos acuíferos,
además de bloquear la luz del sol necesaria para sostener la rica
diversidad biológica de la zona.
Presionados por este realidad,
muchos han vendidos sus tierras o bien han cedido sus bosques para
sustituirlos por plantaciones.
El informe de Evolución del
Desempeño Ambiental en Chile, de la OCDE, afirma que desde 1974 a la
fecha, el sector forestal ha recibido subsidios por 255 millones de
dólares. Mientras, los pequeños propietarios de bosque nativo, en su
mayoría campesinos e indígenas, llevan 16 años esperando la
promulgación de una ley de fomento. Sus pequeñas economías los han
puesto al margen del modelo económico, constituyendo un segmento
altamente vulnerable. Porque no es lo mismo ser un mapuche de una zona
rural de La Araucanía, que ser un habitante urbano de la región del Bío
Bío y/o Región Metropolitana. Los primeros tienen solo la mitad de los
ingresos per capita que los que residen en Santiago. Mientras que el 70
por ciento de la población mapuche del Bío Bío vive en zonas urbanas,
en La Araucanía pasa exactamente lo opuesto.
Violación de espacios sagrados
En
Panguipulli, rodeados de bosques siempre verdes que forman parte del
tercio de bosques templados que aún quedan en el planeta, no hace
mucho, un grupo mapuche expulsó a los representantes de la empresa
noruega SN POWER, que a través de su filial Trayenko S.A. pretende
poner en marcha, el 2012, tres centrales hidroeléctricas en la Región
de Los Ríos. El Comité de Defensa del río Pilmaiquén denuncia que esta
inversión violará cementerios indígenas y sus espacios sagrados, con
los espíritus que los tutelan, entre ellos Kintuantü (el que busca el
sol).
En la misma región, en la costa de Mehuin, otros grupos
resisten la construcción de un ducto de evacuación de los residuos de
la celulosa CELCO y también rechazan el tendido eléctrico que recorrerá
más de dos mil kilómetros, trasladando la energía de Aysén al centro
del país, con el consiguiente impacto negativo en predios, parques
nacionales y centros turísticos. Tampoco ven con buenos ojos la
construcción de un nuevo aeropuerto y las plantas de tratamiento de
aguas servidas que ocuparán sus territorios.
No obstante, pese
que afectará territorios diaguitas, en el norte, ya fue aprobado el
proyecto minero “Pascua Lama”, de la compañía canadiense Barrica Gold.
El
Comité de Derechos Humanos de la ONU evaluará el cumplimiento de sus
recomendaciones el próximo 26 de marzo del 2008. En el Congreso hacen
antesala las modificaciones a la Ley Antiterrorista, la ratificación
del convenio internacional que reconoce el derecho de los pueblos
originarios a sus territorios, así como la propuesta de crear un Borde
Costero Lafkenche. Considerando lo ocurrido hasta ahora, nada indica
que algunos de estos temas sea de pronto despacho.
Sin embargo,
a nivel de ejecutivo existe preocupación por el tema. Algunas
iniciativas mas inmediatas plantean incorporar la visión de los
indígenas en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, SEIA, y
analizar lo que ocurre en materias sensibles, como agua y bosques
nativos.
Entretanto, cada vez son más las manifestaciones
callejeras, artísticas, seminarios, asambleas y debates pro-derechos
indígenas. Reclaman abrir las puertas hacia una democracia que
reconozca el carácter multicultural de la nación; la existencia de los
pueblos originarios, el ejercicio de sus derechos y la obligación de
proteger sus tierras y aguas, así como los recursos naturales propiedad
de todos. Asignatura pendiente para el gobierno y su promesa de nuevo
trato.
* Fuente: Revista “Análisis”. Edición especial 30 años
10 de diciembre 2007
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