|
{titleflag:nop}Publicado en Voltairenet.org
Entrevista con el conde Hans Christof von Sponeck
Crímenes de guerra: la implicación de la ONU
por Silvia Cattori*
Para el ex secretario general adjunto de la ONU, Hans Christof von Sponeck, en vez de velar por el respeto del derecho internacional y la consolidación de la paz, la ONU se ha convertido en instrumento de la injusticia. Tal es el caso de las sanciones contra el Irak de Sadam Husein, sanciones que provocaron un desastre humanitario. Hoy, por ejemplo, tratados internacionales como el de no proliferación nuclear sirven para garantizar la hegemonía de ciertos países y amenazar a otros. Es hora ya de cambiar radicalmente este sistema.
EL conde Hans Christof von
Sponeck, nacido en Bremen en 1939, trabajó durante 32 años en el Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Nombrado en 1998 Coordinador
Humanitario de las Naciones Unidas en Irak con rango de secretario general
adjunto por Kofi Annan, el conde von Sponeck presentó su renuncia en marzo del
año 2000 como protesta por las sanciones que hundieron al pueblo iraquí en la
miseria y el hambre. Silvia Cattori lo entrevista para la Red Voltaire.
Silvia Cattori: En su libro «Otro tipo de guerra: El régimen de
sanciones de las Naciones Unidas contra Irak», [1] usted acusaba al Consejo de Seguridad de
haber traicionado la Carta
de las Naciones Unidas. ¿Podría usted darnos ejemplos precisos en los que
el Secretariado de las Naciones Unidas se comportó de manera a su entender
condenable?
Hans von Sponeck: El Consejo de Seguridad está obligado a someterse a
la Carta de las Naciones Unidas; no debe olvidar la Convención sobre los Derechos del
Niño ni los aspectos generales de las diferentes Convenciones. Cuando el
Consejo de Seguridad sabe que las condiciones son inhumanas en Irak, que la
gente de todas las edades es profundamente desgraciada, no por culpa de un
dictador sino por causa de su propia política de acompañamiento en el marco del
programa «petróleo por alimentos», por causa de las excepciones
humanitarias, y decide no hacer nada -o no hacer lo suficiente- por proteger a
la población de las consecuencias de su política, no queda otro remedio que
afirmar que hay que condenar al Consejo de Seguridad. Hay que condenarlo en
particular por el gran incremento de las tasas de mortalidad en Irak.
Veamos las pruebas: durante los años 80, bajo el gobierno de Sadam Husein, la
UNICEF había comprobado que en Irak 25 niños de cada mil, de menos de 5 años,
morían por diferentes causas. Durante los años de aplicación de las sanciones,
de 1990 a 2003, se produjo un rápido incremento: de 56 por mil (a principios de
los años 90), la mortalidad de los niños de menos de 5 años alcanzó la cifra de
131 por mil (en los primeros años del nuevo siglo). No resulta difícil de
entender para nadie que este incremento de la mortalidad infantil fue
consecuencia de las sanciones; es por consiguiente indudable que el Consejo de
Seguridad prefirió ignorar las consecuencias de su propia política hacia Irak
por causa de las presiones de los principales participantes, en particular, las
de Estados Unidos y del Reino Unido.
Silvia Cattori: ¿Cómo pudo el Consejo de Seguridad no tener en
cuenta las consecuencias humanitarias de las sanciones contra Irak, sobre todo
sabiendo que adoptó otras resoluciones -como la 1559, por ejemplo- que abrían
el camino a los bombardeos contra la población civil? ¿Equivale eso a decir que
el Consejo de Seguridad y el Secretariado de la ONU se convirtieron durante
estos últimos años en los primeros responsables de catástrofes humanitarias?
Hans von Sponeck: Yo diría que solamente los ignorantes, o aquellos que
no pueden aceptar la derrota, siguen afirmando que el drama humanitario en Irak
no se debe, en gran medida, a una política errónea, a una política de castigo.
El pueblo iraquí fue castigado simplemente porque se encontraba bajo la
dirección del gobierno de Bagdad, o sea a pesar de ser totalmente inocente.
Silvia Cattori: Nuestros dirigentes políticos, presentes en todas
las instancias internacionales, sabían perfectamente que las sanciones tenían
consecuencias desastrosas. ¿Quiere decir eso que, mediante su silencio,
aceptaron que se impusiera el hambre a los civiles?
Hans von Sponeck: No podemos olvidar que hubo algo que podemos llamar
silencio, complicidad, apoyo o incluso esfuerzo deliberado por crear el tipo de
condiciones que prevalecieron en Irak durante los 13 años de las sanciones. Lo
cual implica diferentes grados de responsabilidad política. El primer ministro
de Gran Bretaña y el presidente de Estados Unidos y sus gobiernos no fueron los
únicos responsables. También hubo otros.
España e Italia desempeñaron un papel de apoyo que hace también responsables a
sus gobiernos de aquel entonces. Aznar en Madrid y Berlusconi en Italia son
altamente responsables por haber contribuido al desastre y al drama humano que
tuvo lugar en Irak. Ellos no aceptarán esa responsabilidad para las pruebas
están ahí.
Silvia Cattori: Si el problema principal es la manipulación del
Consejo de Seguridad por parte de Estados Unidos y este último país sigue
cometiendo crímenes con el pretexto de que tiene un mandato de Naciones Unidas,
¿qué puede hacerse para corregir esa situación?
Hans von Sponeck: Yo pienso que esa es una pregunta muy importante y
particularmente apropiada en el marco del debate sobre el tipo de Organización
de Naciones Unidas que necesitamos para proteger a la comunidad internacional,
para proteger a los 192 gobiernos de los Estados miembros de los peligros que
ciertos gobiernos les imponen cuando abusan de su autoridad, de sus
informaciones, de sus finanzas, de su poder, para favorecer sus propios
intereses yendo en contra de los intereses de la paz, de los intereses de la
justicia, de los intereses de la humanidad.
Silvia Cattori: ¿Cuál fue la reacción de usted ante la ejecución
de Sadam Husein y de los que junto a él fueron acusados y condenados a muerte
por un tribunal formado por Estados Unidos?
Hans von Sponeck: Yo diría primero que todo que no me sorprendió. Ese
era el objetivo final de los que están en el poder en Bagdad y de quienes
ocupan Irak. No hay defensa posible para Sadam Husein pero sí se puede condenar
el hecho de que no haya tenido un juicio justo, que se trató de una farsa. Era
un tribunal que, bajo una apariencia de respetabilidad, escondía la decisión
predeterminada de condenar a los acusados a la pena de muerte. Sadam Husein,
como cualquier otra persona, tenía derecho a un juicio justo, y no lo tuvo. Por
eso fue que me indignó esa demostración evidente de que, a pesar de que existe
un derecho internacional, a pesar de que las naciones europeas, Estados Unidos
y Canadá, así como otras naciones, no paran de proclamarse como defensoras de
la justicia, la realidad es que no defienden la justicia.
Silvia Cattori: Usted se dirigió a George W. Bush para solicitar
la liberación de Tarek Aziz. ¿Recibió respuesta?
Hans von Sponeck: No obtuve respuesta alguna. Escribí aquella carta
porque conocí a Tarek Aziz. Mi predecesor y yo mismo lo considerábamos una
persona con la que teníamos una relación cordial, una persona que -a pesar de
lo que de él se haya dicho en los grandes diarios- trataba de ocuparse del
pueblo iraquí, una persona que estaba por consiguiente dispuesta y disponible
cuando se trataba de tomar en consideración proposiciones tendientes a mejorar
el programa de asistencia humanitaria.
Desde nuestro punto de vista, desde mi punto de vista, se trataba de una
persona correcta. No puedo emitir juicios sobre lo que Tarek Aziz hizo en Irak
fuera del sector del que yo era responsable pero, todo lo que pido, es que una
persona enferma, aunque sea sólo por razones humanitarias, sea tratada
dignamente; esa persona debería ser autorizada a disponer de un seguimiento
médico y a gozar de un juicio justo. Tarek Aziz tenía derecho, y tiene derecho
-como debería haberlo tenido además el propio Sadam Husein- a ser tratado
conforme a lo establecido en las convenciones de La Haya y de Ginebra. Yo me
pronuncio contra el hecho que, tres años después de que él se entregara
voluntariamente a las fuerzas de ocupación, todavía no se hayan presentado
cargos en su contra y [en contra de] que se le siga manteniendo en prisión
cuando se sabe que necesita urgentemente un seguimiento médico.
Silvia Cattori: Aunque la situación creada por la ocupación de
Irak es aterradora, hay muchísimas razones que llevan a temer que Estados
Unidos utilice la resolución contra Irán para atacar a ese país. La marina [de
guerra] alemana -con un mandato formal de la ONU- se encuentra ya en posición
en el Mediterráneo oriental. ¿Conocía usted el grado de implicación de su país
en los planes de guerra de Estados Unidos y es por eso qie le pidió a Angela
Merkel, en una carta abierta, que rechace todo uso de la fuerza contra Irán?
Hans von Sponeck: Exactemente. Veo perfectamente que, progresivamente,
Alemania y otros países europeos están siendo empujados a actuar en el sentido
de una política de poderío definida en Washington por gente ávida de poder. Y
eso es más grave aún cuando, al darse cuenta de que ellos solos no podrán
llevar a vías de hecho su política de dominación, tratan de apoyarse en otros
gobiernos. Y esos otros gobiernos parecen ser gobiernos de Europa Central y de
Europa Oriental, desde Lituania hasta Gran Bretaña. También tratan de politizar
la OTAN para utilizarla como instrumento, [un instrumento] que ya se encuentra
en gran medida al servicio de Estados Unidos.
Es por eso que, como todo individuo normal de este mundo, no puedo aceptar los
intentos -apoyados por la canciller Merkel durante la reciente cumbre de la
OTAN- tendientes a atribuir a esa alianza militar una misión política. La OTAN
es un instrumento de la guerra fría. Desde hace muchos años estaba en busca de
una nueva misión, de un nuevo papel. Lo único que sabían los partidarios de la
alianza es que la OTAN tenía una responsabilidad militar pero, con el fin de la
guerra fría, ya no existía esa responsabilidad, ya no era necesaria. De ahí esa
desesperada búsqueda de un nuevo papel.
Personalmente, considero extremadamente peligroso que la OTAN se presente hoy
como un instrumento democrático al servicio de las democracias occidentales,
cuando en realidad se trata de un instrumento en manos de Estados Unidos para
la puesta en práctica del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano . Se
trata de la famosa proposición que hicieron los neoconservadores
estadounidenses durante los años 90 -[proposición] que la administración Bush
ha convertido en estrategia nacional de seguridad para el 2000 y los años
posteriores-, a cuya aplicación debe contribuir la OTAN. Los responsables
políticos que se reunieron recientemente en Munich deberían rechazar esa
tesis [2].
Vladimir Putin, que al menos esta vez no vaciló en hablar claro, declaró
abiertamente lo que sentimos muchos de nosotros. Claro está, sus palabras
fueron rechazadas por aquellos que tienen otra agenda. Pero las palabras de
Putin reflejan una realidad.
Yo estoy convencido de que, por
causa de esta politización militarista de la OTAN, se ha avanzado rápidamente
no sólo hacia un regreso a un clima de guerra fría entre las principales
potencias sino también, y esto es lo dramático, hacia un aumento de los gastos
en materia de defensa, lo cual incluye a China, Rusia y los países de Europa
Occidental. Gastos que son ya extremadamente elevados en muchos países; lo que
no puede más que favorecer una escalada de la polarización entre diferentes
grupos a escala mundial.
El mundo, fuera de Europa Central y Estados Unidos, ya no está dispuesto a
aceptar una vía occidental que vaya en una sola dirección. El público no acepta
ya las exigencias de las potencias políticas militares del pasado siglo.
Aquella época quedó atrás y si no tenemos eso en cuenta las cosas no pueden más
que empeorar.
Para mí las palabras claves de este momento son "diálogo" y "diplomacia". Hay
que dedicarse a ambos con una mentalidad claramente multilateral, no con la
mentalidad de una superpotencia que en realidad ya no es tal, ni en plano
económico, ni en el político, y mucho menos en el moral, por no mencionar el
plano ético.
Aunque Estados Unidos siga conservando aún algo de superpotencia gracias a la
fuerza militar, eso no bastará para salvar la Pax Americana. La Pax
Americana es algo que pertenece al pasado y cuanto más rápidamente lo
reconozcamos en Europa, más rápidamente nos prepararemos para una cooperación
multilateral -o sea, para algo diferente a una cooperación bilateral o como la
de la OTAN- y sería lo mejor.
Silvia Cattori: La OTAN participa en guerras de ocupación -lo
cual está en contradicción con su propia Carta- y en la realización con la CIA
de operaciones de carácter criminal: estoy pensando en el caso de los
secuestros y los traslados de sospechosos a prisiones secretas. Si Europa sigue
plegándose y aceptando la instalación de sistemas antimisiles estadounidenses
en países miembros de la OTAN, ¿no podría eso llevar a la confrontación, e
incluso a un regreso a los peores días de la guerra fría?
Hans von Sponeck: Es una locura. Eso no tiene nada que se pueda
defender y el argumento de Condoleezza Rice que afirma que Rusia no tiene por
qué preocuparse por la instalación de 10 sistemas antimisiles posicionados en
Polonia y en la República Checa es totalmente deshonesto, ya que si hoy se
pueden emplazar 10, mañana se pueden emplazar 20 más. El solo hecho de emplazar
esos sistemas antimisiles en la frontera de la antigua URSS, o de Rusia, es ya
suficiente para intensificar las razones de confrontación entre Rusia y
Occidente, por no mencionar a China.
Estamos creando, estamos modelando nuestro enemigo del mañana. Como muchas
otras personas a través de todo el mundo, yo no puedo aceptar esa evolución.
Pero no nos tienen en cuenta, somos débiles, nos consideran ingenuos, nos
consideran "gente de ojos azules", como dicen en Estados Unidos, se supone que
no entendemos la visión global.
Si vivimos en una democracia,
entonces yo tengo derecho a entender esa visión global. Sin embargo, no
me dicen nada; solamente me piden que me someta a la buena voluntad y a las
buenas intenciones de un gobierno como el de Washington. Pero no puedo hacerlo,
no podemos hacerlo porque nos han engañado mucho y muchas veces con su
desinformación, con su deshonestidad brutal, con un poder politiquero al
servicio de un solo partido. Estoy lejos de aceptar todo eso y es por ello que
considero que toda esa política, tendiente a convencer a los gobiernos checo y
polaco para que acepten esos sistemas antimisiles, resulta extremadamente
peligrosa y fuera de lugar. No es más que una grosera y vulgar política de
poderío que no necesitamos y contra la cual tenemos que luchar. No es lo que
necesitan la paz, el futuro internacionalismo y la consolidación de naciones y
el progreso conforme al sentido de la Carta de las Naciones Unidas y de otras
leyes internacionales.
Silvia Cattori: Usted estaba en Kuala Lumpur para participar en
una conferencia que denunciaba los crímenes que cometen las potencias
militares. En nuestros medios de difusión no hubo la menor cobertura sobre ese
importante encuentro. Si se silencia ese tipo de encuentros, que denuncian las
transgresiones que comete la OTAN y las violaciones de la Carta de las Naciones
Unidas, ¿cómo se puede lograr que se abra un debate para reformar esas
instancias? ¿No tiene usted la impresión de estar predicando en el desierto?
Hans von Sponeck: ¿Sabe usted?, no debemos desanimarnos porque los los
medios nos ignoren. La mayor parte de las veces, cuando hay ciudadanos que han tratado
de convencer a sus dirigentes de que es necesario cambiar de rumbo, estos
últimos los han ignorado. ¿Significa eso que tengamos que poner fin a esos
esfuerzos? No lo creo. El hecho mismo de que haya gente, no locos ni soñadores
que no saben dónde están parados, sino gente muy realista, con grandes
aspiraciones para el mundo, que comprende los procesos políticos, que se reúne
para discuter seriamente sobre las condiciones y el abuso de poder, ese hecho
es de por sí una importante prueba de que la conciencia internacional está
viva, de que la conciencia internacional existe. [El encuentro de] Kuala Lumpur
no estuvo en los titulares de la prensa; pero Hollywood sí. La emoción barata y
hechos mediáticos de baja calidad, como el programa Big Brother en Londres,
sí se ven reflejados en los titulares.
El hecho de que la presencia de 5
mil personas en Kuala Lumpur para hablar de la guerra como crimen, teniendo
como telón de fondo todos los sufrimientos que han causado esas guerras
ilegales, no haya aparecido en los titulares es, por supuesto, algo deplorable.
Pero eso no debe hacer que la gente tenga menos deseos de expresarse. [El
encuentro] merecía ser resaltado por todos aquellos que de alguna manera están
siendo afectados por esos crímenes.
Todos y cada uno de nosotros tenemos una responsabilidad que asumir como
individuo, tenemos el deber de dar a conocer nuestros puntos de vista. El
encuentro de Kuala Lumpur, de eso estoy seguro, permitió desarrollar más
conciencia en numerosos círculos del mundo, lo cual se transformará finalmente
en mayor resistencia ante las políticas engañosas, egoístas y unilaterales que
Occidente trata de imponer.
No tomo posición contra Occidente,
soy un «occidental» pero eso no quiere decir que no pueda ver con ojo crítico
la vía de una sola dirección que se ha desarrollado, la autopista de sentido
único que siguen el poder internacional, el comercio internacional, la cultura
internacional. Eso, como ya dije, no puede seguir así porque ya no es
aceptable, y en Kuala Lumpur se reunió gente del mundo entero que comparte esa
misma preocupación. Eso permitió, seguro estoy de ello, aumentar la conciencia
y la voluntad de los participantes de dedicar cada vez más fuerzas a cambiar
las cosas. Y si eso no nos lleva a los titulares y a un cambio inmediato, pues
entonces quizás suceda mañana. Y si no es mañana, será después de mañana.
Silvia Cattori: Voces como las del presidente Jimmy Carter y John
Dugard denuncian los crímenes de Israel en Palestina, voces que, como la de
Dennis Halliday [3] y la de usted mismo denuncian las violaciones
de la OTAN en Irak, todas esas voces despiertan un inmenso respeto. Pero son
escasas y los que ejercen el poder pueden marginalizarlas. ¿No está usted
decepcionado de que al nivel de ustedes no haya casi nadie, o de que sean tan
pocos los que siguen el ejemplo de ustedes y toman posición contra esos
crímenes y abusos cometidos por el Estado?
Hans von Sponeck: Claro que estoy decepcionado. ¿Sabe usted?, en los
últimos tiempos, día a día espero con ansia a que un general estadounidense de
primer plano, que un político estadounidense de primer plano diga: basta ya, yo
no voy a seguir apoyando esta locura, yo no voy a apoyar la ilegalidad, yo no
voy a apoyar políticas que nos han sumido en grandes dificultades y en graves
violaciones de todo lo que cualquier persona civilizada debería defender estar
defendiendo. Claro que estamos decepcionados pero, viendo día por día lo que ha
estado sucediendo durante las últimas décadas, sobre todo durante estos años en
que Bush ha estado en el poder, no podemos darnos el lujo de ser ineficaces. Es
esta un llamado que tenemos que lanzarle al movimiento internacional
antiguerra.
Es necesario que el movimiento por la paz se oriente hacia una mejor
coordinación, en forma de red; en el sentido de incrementar los esfuerzos
combinados, las declaraciones comunes en los que gente de todos los países del
mundo se den la mano y demuestren, [se demuestren] a sí mismos y a la mayor
cantidad de público, que tienen la firme intención de no aceptar lo que nos ha
traído a esto: a un mundo en el que existe un abismo entre los que nada tienen
-y se trata de una mayoría muy muy grande, más de mil millones de seres humanos
que viven con menos de un dólar diario entre los 6 mil millones y medio que
habitan nuestro planeta- y el 10% más favorecido que vive en el lujo y rodeado
de un bienestar inimaginables.
Eso no puede seguir así. Y si
alguien que oye nuestra conversación está pensando: Ahí tenemos realmente un
gran ingenuo, o está pensando: Ahí tienen un comunista, es terrible,
pidiendo la igualdad para todos, pues le digo que no, que no soy nada de
eso. En primera, no creo ser un ingenuo; en segunda, no creo ser un comunista
en el sentido tradicional. Soy un hombre que, al cabo de 32 años en las
Naciones Unidas, aprendió a aceptar que todos no somos iguales pero que sí
deberíamos tener todos las mismas posibilidades de desarrollo en el marco de la
contribución a la paz. No es cuestión de que no haya dinero, hay suficiente
dinero para todos, pero lo que escasea es el deseo de compartir los recursos y
de hacer más que apoyar, más que de palabra, ese magnífico conjunto de
instrumentos creado por tanta gente respetable después de la Segunda Guerra
Mundial y que durante 60 años ha estado tratando de crear las bases de una
mayor justicia y de un progreso socioeconómico para todos.
Silvia Cattori: Todos esas esperanzas que usted alimenta
seguramente le hacen sufrir más aún porque usted está conciente de que, para
que esos pueblos musulmanes que están siendo humillados por las granes
potencias, lo peor todavía está todavía por delante.
Hans von Sponeck: Por supuesto. No pasa un día, cuando usted lee,
cuando usted ve lo que sucede en el Medio Oriente, que usted no se sienta lleno
de vergüenza, que usted no sienta la exigencia de humildad que se puede sentir
viendo a esa gente que sufre horriblemente, desde Palestina hasta Irak y en
otras regiones del Medio Oriente. Las palabras de los hombres, por lo menos
para mi sensibilidad, no alcanzan para expresar los sentimientos que me
invaden.
Es espantoso. Yo vengo de un país que tuvo que pasar por la experiencia, y que
fue el causante, de una tremenda y horrible Segunda Guerra Mundial, que duró 5
años y de la que todavía se sigue hablando. ¿Y qué pasa con todo lo que ha
sucedido durante todos estos años en Irak, 30 años de dictadura, 13 años de
sanciones, 3 años y medio de ocupación? ¿Cuánto puede soportar un individuo?
¿Cuánto puede soportar una nación? ¡Cuando usted ve -y estoy pensando ahora en
las universidades de Bagdad que yo conozco, como Mustanseriya University,
Baghdad College, Baghdad University- que esas instituciones que
preparan para la vida a jóvenes inocentes, están destruidas por las bombas!
¡Cuando yo visitaba a los iraquíes, que vivían pacíficamente en barrios en los
que convivían diferentes poblaciones, nunca oí ese tipo de conversación de "Yo
soy chiíta, tú eres sunnita y tú eres turkmeno"!
Bagdad es la ciudad kurda más
grande del mundo, con más de un millón de kurdos y, por supuesto, había muchos
problemas, había un dictador, había asesinatos políticos, pero eso no era nada
comparado con lo que se ve ahora. El enfrentamiento sectario que hoy existe fue
creado por una guerra ilegal. Y las amenazas contra el gobierno de al-Maliki
son el colmo de la deshonestidad: "Si usted no restablece la seguridad en
Irak, nosotros, los americanos, vamos a revisar en qué medida seguimos
apoyándolo". ¿Qué es eso? ¿Quién creó ese tipo de condiciones? ¿Quién es el
responsable de ese caos y del actual enfrentamiento sectario?
Silvia Cattori: Los países occidentales condenan a Irán, firmante
del Tratado de No Proliferación Nuclear, por causa de una bomba atómica que no
tiene; pero no condenan a Israel, que no ha firmado ese tratado y que sí tiene
armas nucleares. Entre Israel, que no oculta que está preparándose para librar
una guerra nuclear preventiva, e Irán que quiere dotarse de una industria
nuclear civil, ¿no es Israel quien realmente amenaza la paz mundial mientras
que Irán es el objetivo? ¿Cuál es su reacción personal ante esa injusticia?
Hans von Sponeck: Sólo tengo una respuesta muy directa y es que este
caso es una ilustración clásica de la política de doble rasero. Hay un pedido
de creación de una zona desnuclearizada: la Resolución 687 del Consejo de
Seguridad, adoptada en abril de 1991, que llama, en su párrafo 14, a la
creación de una zona desnuclearizada que englobaría todo el Medio Oriente.
Israel ni siquiera ha firmado el Tratado de No Proliferación. Puede ser que
Irán albergue intenciones contrarias a intereses internacionales, pero Irán
todavía no ha cruzado la línea roja. ElBaradei, el director de la Agencia
Internacional de la Energía Atómica, no ha dicho que Irán haya cruzado esa
línea. Se limitó a decir que Irán no ha revelado completamente, con la
suficiente transparencia, cuáles son sus intenciones y que puso en marcha
nuevas centrífugas.
¡Pero qué extraordinaria
demostración de doble rasero constituye el hecho de no señalar a Israel y a
otros países! ¿Qué pasa con Pakistán? ¿Qué pasa con la India? ¿Y con los
propios Estados Unidos, que están trabajando abiertamente en una nueva
generación de armas nucleares, en lo que constituye una total violación del
Tratado de No Proliferación, aún cuando ese país es uno de sus iniciadores? Se
trata de un caso de doble rasero que resulta catastrófico. Si yo fuese iraní,
les diría: Lo siento. Decidan en qué consiste la norma de la que ustedes
hablan y, después, podremos hablar. Sentémonos a la mesa [de negociaciones] al
mismo nivel, sin condiciones previas.
En este caso yo apruebo la demanda
iraní de diálogo. Yo pienso que exactamente eso lo que hay que hacer. Irán
dice: Ustedes no están de acuerdo. Reunámonos, pero no vengan a decirme,
antes de que yo me haya reunido con ustedes, que tengo que aplicar ciertas
decisiones que ustedes quieren que yo aplique. [Primero] venimos, nos reunimos,
conversamos y ponemos las cartas sobre la mesa . Y lo que en realidad
estamos viendo es un horrible intento de proteger un doble rasero.
Silvia Cattori: ¿Qué mensaje quisiera usted hacer llegar a los
dirigentes políticos que ignoran completamente los derechos humanos y que hacen
la guerra violando el derecho internacional? ¿Qué mensaje quisiera usted enviar
a los pueblos actualmente expuestos a la ocupación y al terror desatado por los
Estados? ¿Qué mensaje quisiera usted enviar a todos los que se oponen a esas
guerras y que no saben cómo pararlas y que deploran la inacción de los
partidos?
Hans von Sponeck: A los que violan los derechos humanos les diría:
Ustedes tienen que vivir con su propia conciencia, por consiguiente, ¿cómo
pueden ustedes, cuando ven todos estos daños evidentes, vivir con su propia
conciencia? ¿No creen ustedes que haya mejores formas de proteger sus propios
intereses y permitir a la vez que otros se beneficien con las oportunidades que
existen?
A las víctimas y a quienes se
preocupan por ellas les diría: no se rindan nunca, hagan todo lo posible, todos
somos libres, como individuos en pleno uso de nuestras facultades, de aportar
nuestra contribución, por muy pequeña que sea, si nos juntamos en ese sentido,
si cooperamos, si unimos nuestras fuerzas, si damos a conocer nuestra opinión a
los que están en el poder. Si utilizamos nuestro derecho al voto -los que
vivimos en países que tienen elecciones libres-, no votemos de forma mecánica
porque depositar un voto en la urna es un acto de gran responsabilidad. Vayan
también al encuentro de sus representantes electos, presiónenlos, considérenlos
responsables, verifiquen sus actos y, cuando haya una reelección, si ustedes no
están satisfechos, animen a los que han demostrado merecer la confianza que
ustedes depositaron en ellos a postularse para un nuevo mandato. ¿Qué más
podemos hacer?
Silvia
Cattori
Periodista suiza.
[1] A different war: The UN sanctions regime in Irak.
Berghahn
Books 2006, ISBN 1845452224
[2] «La Russie appelle les Européens à
quitter l'OTAN», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 9 de marzo de 2007.
[3] Dennis Halliday, ex subsecretario general y
coordinador para las operaciones humanitarias en Irak, predecesor de Hans von
Sponeck, que presentó su renuncia en septiembre de 1998 como protesta por las
sanciones. "Estamos destruyendo toda una sociedad (...). Es ilegal e inmoral",
había declarado Dennis Halliday. A su renuncia siguió la del propio Hans von
Sponeck y, dos días después, la de la señora Jutta Burghardt, responsable del
Programa Alimentario Mundial, que se asoció a las declaraciones de los
anteriores.
|