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{titleflag:ar}A un año del treinta aniversario del Golpe del ’76, la Argentina parece balancearse entre la voluntad de justicia, memoria, verdad y corrección del agravio sufrido por toda la sociedad y la perpetuación de la impunidad para los terroristas de Estado, el continuismo del capitalismo asesino (que cambia de modos de eficacia burguesa pero no de esencia inhumana) y aún el retorno de prácticas represivas aberrantes como la desaparición forzada de personas, de cuya dolorosa presencia la ausencia del compañero López es testimonio ilevantable.
A la hora del
balance no es superfluo asignar a cada quien el mérito de los logros y la
responsabilidad de los peligros. En este
año destacan, en la lucha contra la impunidad histórica, la condena ejemplar a
Echecolatz (con la mención por vez primera en un fallo judicial nacional del
marco en que se perpetraron los crímenes, el de un GENOCIDIO preparado con
anticipación y destinado a modificar de raíz las condiciones de funcionamiento
del capitalismo en el país) y la reapertura de la Causa contra los responsables de los crímenes de la Triple A (al menos unas mil
quinientas ejecuciones sumarias, novecientas desapariciones forzadas, tres mil
detenciones prolongadas y miles de atentados terroristas con explosivos contra
locales del movimiento popular y hogares
de militantes), resultado de la perseverancia de los sobrevivientes al
genocidio, organismos de derechos humanos y fuerzas políticas de
izquierda. Nada nos ha sido regalado y
cada paso de avance contra la impunidad, así fuera milimétrico, condensa años
de esfuerzos jurídico/políticos, de movilizaciones callejeras y
pronunciamientos colectivos.
Contra estos
esfuerzos ha conspirado un Poder Judicial presto a facilitar la estrategia de
impunidad de los represores: "chicanear", postergar, diluir las cuestiones en
debate por el sendero de tratar todo como "delitos individuales", al margen de
un plan sistemático de destrucción de personas, despegado del proceso de
reestructuración neoliberal capitalista que condujo al país de dos pisos que
hoy sufrimos: en el de arriba los que gozan de la venta en dólares de la soja,
los hidrocarburos y algunos otros productos producidos a bajo costo (por los
bajos salarios y la paridad cambiaria subsidiaria de las exportaciones) y que
ha llegado, a un nivel de concentración y desnacionalización de la riqueza que
se expresa en la cifra, seguro que inédita en la historia nacional, de que el
97% de las utilidades producidas por las empresas queda en la bolsa de las
empresas extranjeras[1]
y en el de abajo la mayoría de la población privada de empleo digno y excluida
de casi todo empezando por ingresos mínimos para sostener una canasta familiar
digna (algo así como $2.500, tan lejana del promedio salarial menor a los $700
de los que tienen algún empleo).
Conviene
reafirmar que la impunidad sigue siendo la regla y la justicia la excepción; y
que las condenas conquistadas lo han sido por la lucha de años y no por dádiva
del gobierno de Kirchner. Puntualmente,
en la causa Echecolatz no fue el gobierno (que cuenta con el servicio de la Procuración General de la Nación, que dirige a los fiscales federales que
actúan como parte acusadora en los juicios) quien promovió la figura de
genocidio, sino la querella de los organismos de derechos humanos que
representaban, entre otros al compañero Julio López. Si el gobierno poco hizo y hace por el avance
de los juicios, (a tres años de la caída de las leyes de la impunidad, sólo dos
condenas se han
dictado y se calcula que el 97% de los represores identificados siguen en
libertad) su responsabilidad, se hace mayúscula en el caso del secuestro del
compañero López: no tomó ninguna medida para evitar la agresión de los
represores amenazados, tal como mandan los Pactos Internacionales de resguardo
a los luchadores por los derechos humanos, que tanto gustan publicitar su
adhesión; y sobre todo, por más de cinco meses ha evitado tomar las medidas que
conducirían al esclarecimiento de la desaparición forzada: depurar las fuerzas
represivas de figuras comprometidas con la represión, investigar los círculos
concéntricos que salen de la Cárcel de Marcos Paz
donde Echecolatz y otros cincuenta represores conspiran abiertamente.
En esta hora de balance, vale la pena
recordar que el Dr. Righi, Procurador General de la Nación -que reporta a Kirchner-, opinó por escrito
en diciembre, ante la Corte
Suprema de Justicia, que la investigación por López debería
continuar en el juzgado provincial que realiza una "averiguación de paradero"
ya que no habría datos que hagan presumir su desaparición forzada. Cómo se sabe, tal posición cambió
radicalmente ante el secuestro del militante kirchnerista Gerez, ocasión en que
el Presidente Kirchner dirigió un mensaje a la Nación donde admitió la permanencia de elementos
afines al terrorismo de Estado en el aparato represivo estatal, pero obvió
tomar medida alguna que repare el continuismo.
Para colmo, pasan los días y tampoco se esclarece el caso del secuestro
a Gerez, aún no hay dato alguno sobre sus secuestradores, a pesar de que el
Ministro Fernández aseguró el 30 de diciembre que "los secuestradores estaban
cercados y por eso lo habían liberado".
La pesada impunidad parece inmutable y la sociedad parece acostumbrarse
a la idea que la desaparición forzada de personas es un recurso más del Estado
a contramano de tanto discurso progre y promesas de Nunca Más.
Tampoco tiene
mucho que ver el gobierno en la reapertura de la Causa Triple A.
La misma fue el
resultado de la labor de denuncia realizada por una organización, "Argentinos
en el Exilio", que encontró a Almirón, lo denunció en España y provocó un
escándalo que no podía ser ignorado por nadie.
La reapertura de la Causa Triple A, más allá de
los clásicos aprovechamiento políticos de la hora, pondrá en incomodidad a los
dos relatos hegemónicos sobre el Golpe de Estado: el relato liberal que considera el Terrorismo de
Estado como una anomalía propia de militares desvariados, que ahora tienen que
explicar la perpetración del mismo bajo un gobierno constitucional así como la
impunidad que la "democracia neoliberal" iniciada en 1983 le garantizó todos
estos años; y el relato revisionista
que ha pretendido contar la historia de un modo simple y binario: unitarios y
federales, peronistas y antiperonistas, etc. y ahora tropieza con un peronismo víctima, el de Troxler y otros
cientos de militantes, pero también con un peronismo
victimario, el de Isabel, López Rega y Lorenzo Miguel, cuyos herederos
están en el partido oficialista y aún en sectores del gobierno nacional.
A pesar de todo
esto, del rumbo económico que garantiza la continuidad del modelo fundado por
Videla y Martínez de Hoz y de que su compromiso con la lucha contra la
impunidad ha quedado al desnudo dramáticamente con el secuestro impune de
López, el presidente Kirchner y la Senadora, se las han
arreglado para seducir a un sector del movimiento de derechos humanos y
provocar todo tipo de divisiones al interior del movimiento popular
pretendiendo establecer una división entre los "serios", que reconocen los
supuestos logros del gobierno en el terreno y los "delirantes", que persisten
en denunciar la violación cotidiana de los derechos humanos y la responsabilidad del gobierno en
el tema.
El gobierno
nacional, que gusta fungir de "defensor de los derechos humanos", no respeta
uno de los derechos básicos de la ciudadanía cual es el de la libre
organización popular, con autonomía del Poder y los gobiernos de turno y dedica
ingentes recursos a interferir en las acciones de éste, provocando una falsa
línea divisoria entre sus partidarios y sus "enemigos", división que dificulta
la constitución de un verdadero frente de lucha contra el continuismo
neoliberal y las estrategias de dominación latinoamericana, tal como se logró
constituir en ocasión del repudio a la "visita" de Bush a Mar del Plata y el
intento de constituir formalmente el ALCA, cómo ámbito de dominación colonial
norteamericana.
Tal como sucedió en diciembre de 2001, tanto
como ante las elecciones de 2003 y de 2005, y tal como ocurrió en ocasión de la
conmemoración del treinta aniversario del golpe y el propio secuestro de López,
la izquierda y los sectores populares, oscilan entre la tentación de la
cooptación por el Poder que genera la ilusión de un reconocimiento social y al
menos un instante de victoria y la tentación del sectarismo, que cultiva la
ilusión del principismo y la promesa de vanguardizar una revolución que, así,
nunca llega.
Queremos
insistir en que en este nuevo aniversario del Golpe, estamos desafiados a superar
ambas tentaciones y construir un verdadero frente contra la impunidad
histórica, el continuismo del capitalismo neoliberal y la estrategia yanqui
para nuestra región, convulsionada por la vitalidad revolucionaria de Cuba y
Venezuela y los nuevos procesos de ruptura con el neoliberalismo en Bolivia,
Nicaragua y Ecuador.
En estos días es
visible que la carencia de una alternativa popular de gobierno y de Poder no es
sólo ni principalmente un problema electoral, es una carencia política básica
que dificulta la lucha cotidiana y acompleja puntualmente la preparación del treinta aniversario más uno del golpe de
Estado. El desafío es superar las dos
trampas: la de la cooptación y la del sectarismo, políticas que aunque figuran
opuestas son funcionales al objetivo reaccionario de impedir constituir al
movimiento popular en un sujeto autónomo, capaz de convocar las grandes
mayorías a la lucha contra todas las impunidades, por todos los derechos para
todas y para todos. Este nuevo
aniversario del Golpe tiene otro ingrediente específico y es que se
conmemorará, en medio de la mayor transformación política, económica, cultural
y social de América Latina desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959,
revolución que tanto incidió en la construcción subjetiva de la Generación del Córdobazo, victimizada
por el Terrorismo de Estado. El paso
decidido del proceso venezolano hacia un Socialismo del Siglo XXI, el
relanzamiento de la Revolución
Cubana y la constitución del ALBA, ámbito de integración
estatal por fuera de la lógica del imperialismo y las leyes neoliberales del
mercado al que ahora se integran Bolivia, Venezuela y Ecuador -donde han
triunfado gobiernos que de un modo u otro emprenden transformaciones
antineoliberales con pronunciamientos antiimperialistas y medidas coherentes
con el discurso-, no pueden obviarse al momento de recordar el Golpe de Estado
del ´76.
Consecuentemente
guevaristas, reivindicamos que el triunfo de estos procesos revolucionarios son
también el triunfo de nuestra causa. La
recuperación de nuestros compañeros y la reinstalación de un horizonte
revolucionario instan a construir la fuerza necesaria, para que en la Argentina se concreten los pasos que
nos pongan en la hora latinoamericana, tal como reclamaban los jóvenes
universitarios de Córdoba al realizar su Reforma Universitaria de 1918 que
inspiró, en su momento, a toda una generación americana, que retorna firme de
la mano de Fidel y se suman fuertes con la experiencia de Chávez, Evo y con
cada vez más pueblos americanos.
No enfrentamos
este nuevo aniversario con la cabeza gacha, ni el ánimo vencido, todo lo
contrario. Valoramos muy positivamente
los pasos que el movimiento popular ha dado en el terreno de la lucha contra la
impunidad histórica, nos preparamos para grandes batallas en un nuevo marco
latinoamericano, que nos llena de entusiasmo y procuraremos transitar en
nuestra Patria el sendero que ha llevado a la victoria en Cuba, Venezuela,
Bolivia, Nicaragua y Ecuador, el de la unidad amplia con definiciones
programáticas adecuadas, descartando vanguardismos y actitudes de subordinación
a los gobiernos de turno, sean cuales fueran. Porque es hora ya de conmemorar
el aniversario del Golpe, cumpliendo las tareas inconclusas de aquella
generación, la construcción de una alternativa popular que corte todos los
continuismos, aplaste las impunidades y haga realidad los sueños libertarios de
tantos y tantas.
[1] Clarín, enero de 2007
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