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{titleflag:neolib}Estados Unidos estaría muy cerca de consumar sus verdaderos planes detrás de la guerra que libra contra Irak: apropiarse de dos terceras partes del petróleo iraquí, la segunda fuente de oro negro del mundo entero.
Según un artículo publicado el martes en el Internacional Herald Tribune, un diario norteamericano que se edita en Francia y está dirigido a públicos europeos, la mesa está servida para los cuatro grandes consorcios multinacionales del petróleo, ExxonMobil, Chevron, Shell y BP, que desde hace décadas comparten el negocio con Washington.
La columnista Antonia Juhasz afirma que el parlamento iraquí está a punto de aprobar una nueva ley de petróleo, recurso bajo control exclusivo de su gobierno tras las nacionalizaciones aplicadas por el ajusticiado Saddam Hussein, para entregarlo a las compañías extranjeras por entre 20 y 35 años.
Las reservas de petróleo de Irak son las segundas más grandes del mundo y según la articulista siempre estuvieron en la mira de las corporaciones petroleras socias de Estados Unidos.
En marzo de 2001, refiere Juhasz, el grupo nacional del desarrollo de la política energética de Estados Unidos, “más conocido como destacamento de fuerzas de la energía del vicepresidente Dick Cheney”, que incluye a ejecutivos de las grandes compañías energéticas de América, recomendó entre las iniciativas de ayuda al Oriente Medio, “ abrir áreas de sus sectores de energía a la inversión extranjera”.
Tras la invasión a Irak en el 2003, la ingeniería política puesta por la administración Bush, haría el resto. “Esto es exactamente lo que alcanzaría la ley propuesta del petróleo de Irak”, precisa la columnista.
La aprobación de la nueva ley del petróleo sería una prueba que exige Washington al primer ministro iraquí Al Maliki, y una tarea que vienen cumpliendo la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el general Guillermo Casey, el embajador Zalmay Khalilzad y otros funcionarios de la administración Bush, acentuando su carácter de urgente.
Según Juahsz, la ley sería muy conveniente para Estados Unidos, pero devastadora para la economía, la democracia y la soberanía de Irak.
La ley transformaría la industria de petróleo de Irak, de un cerrado modelo nacionalizado, a excepción de contratos limitados de comercialización, a una industria comercial privatizada, completamente abierta a todas las compañías petroleras internacionales.
El Irak National Oil Company, la empresa nacional del petróleo iraquí, sólo conservaría el control exclusivo de apenas 17 de los 80 yacimientos de petróleo de Irak, dejando dos tercios y todo lo que está por descubrirse, en manos del control extranjero.
Las compañías extranjeras no tendrían que invertir sus ganancias en la economía iraquí, ser socias de las compañías iraquíes, emplear a trabajadores iraquíes o compartir nuevas tecnologías, señala la periodista.
“Podrían incluso montar hacia fuera la “inestabilidad actual” de Irak, firmando contratos ahora, cuando el gobierno iraquí está en su momento de mayor vulnerabilidad”, señala Juhasz, y después esperar por lo menos dos años, antes incluso de poner el pie en el país, mientras durante ese tiempo Irak pierde los beneficios de explotar su petróleo para mejorar su economía.
Las compañías petroleras internacionales podrían también usar algunas modalidades de los contratos corporativos “más amistosos del mundo”, incluyendo los que se llaman “producción que comparte acuerdos”, el modelo preferido de la industria de petróleo, pero que es rechazado en redondo por todos los países productores de petróleo de Oriente Medio.
Ese hecho, indica la columnista, este tipo de acuerdo sólo se aplica para el 12 por ciento del petróleo del mundo, porque conceden contratos a largo plazo (20 a 35 años en el caso del proyecto de ley de Irak) y otorga mayores controles, propiedad y beneficios a las compañías, que otros modelos.
Irán, Kuwait y Arabia Saudita mantienen sistemas de petróleo nacionalizados y han proscrito el control extranjero sobre el desarrollo del petróleo. Todos emplean a las compañías petroleras internacionales como contratistas que les proporcionan servicios específicos en un plazo limitado, afirma.
“Los iraquíes pueden elegir utilizar la experiencia de las compañías petroleras internacionales de acuerdo a sus propias necesidades, y liberarse de la enorme presión externa que es ejercida por la administración Bush, las corporaciones del petróleo y la presencia de 140.000 militares norteamericanos”, concluye Juhasz. (PE/Prensa Sur)
Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
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