{titleflag:urgente}El Papa firmó y dio a conocer las resoluciones que se recomendaron en el sínodo de la Eucaristía realizado en octubre de 2005.
Benedicto XVI pide “que no se pierda el uso del latín en las misas”
La estrategia para su aplicación es referirse a que sea “particularmente cuando en éstas participan fieles de diferentes países e idiomas” –reuniones internacionales-, observando que esa decisión está “en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II” por lo que recomienda que “exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín”.
El avance para volver a lo pre-Vaticano II se refuerza con la sugerencia de “rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos”, coherente con el rechazo de B XVI a las expresiones musicales actuales, como el rock.
El círculo se aprieta con el pedido “de que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano” y que “se procurará que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia”.
Al explicar “el sacramento de la presencia real de Jesús” el Papa afirma que en él se manifiesta el amor “más grande”, aquél que impulsa a “dar la vida por los propios amigos”
Sin embargo se “recuerda que el acceso a la comunión en la misa celebrada en la Iglesia católica está reservada a las personas en plena comunión con la Iglesia católica”, aislados de la contaminación aún cuando se expresa el deseo de “poder concelebrar un día la Eucaristía con los hermanos ortodoxos y con los hijos de la Reforma un importante impulso para lograr la unidad plena”, que da entender que será cuando todos sean católicos romanos.
En el mismo documento, “Sacramentum caritatis”, se menciona la validez del celibato sacerdotal, “considerado justamente como una riqueza inestimable” y “la indisolubilidad del matrimonio” por lo que se repite la observación de “que no pueden acceder a la comunión quienes se han divorciado y contraído nuevas nupcias”, tal vez siguiendo el criterio que “lo santo” no debe mezclarse con “lo no santo”, aunque se asegura que la Iglesia, sigue a estas personas con especial atención.
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